Fernando Camino Peñalver: Claridad para la calle, oscuridad en la casa

 

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Analizando las cifras de crecimiento y los niveles de inflación de Nicaragua, Ecuador y Bolivia, países más importantes de los beneficiados del ALBA, en comparación con el desastre económico en que ha sumido este régimen a nuestro país, no podemos entender porque se insiste en la aplicación del Plan de la Patria.

Estos tres países que si aprovecharon nuestra bonanza petrolera, presentan niveles aceptables de crecimiento de su producto interno bruto (PIB) y cifras de inflación anual, equivalentes al diez por ciento de nuestra inflación mensual. En contraste, nuestro país cerrará este año con la inflación más alta del mundo y la caída de su capacidad productiva interna más grave de America.

Comparando el comportamiento de la economía de Nicaragua, antes y después de nuestra bonanza petrolera, podemos señalar que los nica fueron muy eficientes en el manejo de los recursos en divisas, las facilidades financieras y de las dádivas que el régimen les facilitó. El generoso acuerdo suscrito entre el gobierno sandinista y el régimen chavista, dio a Nicaragua un plazo de 25 años para pagar la mitad de todo el petróleo importado desde Venezuela, a una tasa de interés de 2%. Esta operación les permitió liberar de su economía, más de 3.654 millones de dólares entre 2007 y 2016, mucho dinero para un país en que sus importaciones estaban por debajo de 500 millones de dólares anuales.

El dadivoso acuerdo petrolero, luego le permitió a Nicaragua, que el cincuenta por ciento que tenía que pagar en efectivo, lo hiciera con productos agrícolas. Esta modificación del acuerdo original generó un crecimiento extraordinario de la actividad agrícola privada, en un país donde la baja calidad de sus productos, hacía difícil su colocación en el mercado internacional.

Gracias al mercado cautivo que representaba nuestro país, para la colocación de sus productos agrícolas, Nicaragua modernizo su agricultura y logró diversificar sus mercados internacionales. La ayuda venezolana a este país generó una tasa de crecimiento muy superior al del resto de los países de América Latina, 4,8% en los últimos cinco años.

En contraste, a pesar de que el régimen tuvo ingresos por más de mil millones de millones de dólares y haber adquirido una deuda de ciento cincuenta mil millones de dólares, el año pasado, Venezuela tuvo un decrecimiento del producto interno bruto de un 18% y mientras Nicaragua crece a un promedio de 4.5% anual desde hace cinco años, nuestra economía cae con un acumulado superior al 35% entre 2012 y 2016.

Hoy nuestra población padece una crisis humanitaria terrible debido al hambre, la desnutrición, la falta de medicinas y de asistencia médica. La causa de esta crisis ha sido el despilfarro y la apropiación de nuestros recursos y la destrucción deliberada de la capacidad productiva privada. Entre 2010 y 2016 el régimen sandinista, gracias a nuestros petrodólares, pudo destinar cerca de 300 millones de dólares para desarrollo agroalimentario, nutrición, vivienda y educación. Mientras en nuestro país tenemos el ochenta por ciento del transporte público parado por falta de dólares para importar repuestos, Nicaragua invirtió 200 millones de dólares en su sector de transporte público.

A causa del régimen, nuestro país presenta un cuadro económico caótico. Como dicen los economistas “la tormenta perfecta”. Se acerca el desastre económico y el gobierno no lo resolverá con el fraude continuado cometido en las elecciones regionales. El gobierno está acorralado y tiene que decidir entre pagar los bonos de su deuda externa o utilizar las divisas para importar lo básico: alimentos y medicinas. Con la deuda comercial pública y privada, ya hace tiempo entró en mora porque incumplió el convenio cambiario. Sin el reconocimiento de la Asamblea Nacional no pude contraer legalmente nuevos préstamos internacionales.

El régimen se está cayendo solo. Entretanto, radicales de ambos lados “satanizan” la búsqueda de la solución al problema y nuestra población continua hambreada, desnutrida y muriendo de mengua por falta de medicinas y atención médica.

¿Será nuestra famélica población quien tenga que resolver este problema? Ojalá que esta no sea la salida.

@fernandocaminop