Más de 40 niños han muerto de hambre este año en hospital de San Félix

Una niña se acuesta en una cama en el Hospital Infantil "J.M. de los Ríos" de Caracas, Venezuela. 22 de junio 2017. De la mano de su mamá, Samuel Becerra ingresó a fines de marzo al hospital pediátrico J.M. De Los Ríos, en Caracas, para hacerse una hemodiálisis de rutina. Estando internado, el niño de 12 años contrajo una infección que acabó con su vida, junto a la de otros tres pequeños. REUTERS/Marco Bello - RTS1900Z
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Un médico del Hospital Doctor Raúl Leoni, en San Félix, resume el tema con una frase: “A medida que se incrementa la inflación, se incrementan las muertes por desnutrición”.

Su comentario, más que una relación entre variables, es una realidad que demuele cualquier tipo de conjeturas: entre el 17 de junio y el 4 de septiembre murieron por desnutrición 17 niños en el hospital de Guaiparo.

La cifra se suma al conteo del primer semestre del año: 24. En total, hasta principios de septiembre habían muerto de hambre 41 niños en ese lugar. Sin contar los decesos en otros hospitales, en donde los médicos no se atreven a hablar. Sin contar los que no mueren en ningún hospital, sino en sus casas. Sin contar, además, que el silencio estatal grita cuando deliberadamente oculta estas cifras, o cuando las camufla con la falaz causa de muerte de “paro respiratorio”.

Ante el escándalo, silencio

El médico, que resguarda su identidad por temor a represalias, detalla que 2017 ha sido exponencial en cuanto al hambre: si bien no igualan en número a los casos de desnutrición crónica, los casos de desnutrición aguda son más y son los que matan niños.
“Eso va directamente relacionado con la falta del alimento. Cada vez, las personas tienen menos posibilidades de adquirir alimentos a base de proteínas, alimentos que realmente tienen un valor nutricional y eso va a repercutir en la desnutrición. Cada vez hay más casos y cada vez son más severos”, afirma.
Tanto los altos costos como la escasez de proteínas son dos de las condiciones determinantes para matar de hambre. Es lógico: un pollo no cuesta menos de 100 mil bolívares; en las carnicerías no hay carne y el reciente aumento del salario mínimo decretado por Nicolás Maduro no alcanza ni para comprar un kilo de jamón.

“Los niños no aguantan, no esperan. Son muy frágiles: están en desarrollo, en la etapa de adquirir madurez en su sistema inmunológico. Y al verse comprometido el estado nutricional, se ve afectada su salud”, expone.

Advierte, además: “por no tener proteínas ni nutrientes, los niños no se desarrollan y no adquieren motricidad: un niño desnutrido de un año no se puede sentar ni gatear y menos caminar. En el sistema nervioso central no adquieren desarrollo cognoscitivo. Tenemos secuelas a corto plazo, como la muerte”.

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