El hombre que construyó 6.000 escalones para vivir con el amor de su vida

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Quizá no nos fijamos en ellas tan a menudo como deberíamos, pero en el mundo nacen y crecen cada día historias de amor que merecen ser contadas. En esta sección te hablamos del señor Kuroki, el hombre que plantó miles de flores para que las oliera su esposa ciega; o de Jack Potter, que leía diarios a su esposa Phyillis para combatir su demencia. Sus relaciones nos recuerdan que en el amor, como en tantos otros aspectos de la vida, la realidad supera a la ficción. Liu Guojiang y Xu Chaoqing también fueron esa clase de amantes. Así lo reseña abc.es

El blog Snopes recupera el relato de una pasión que ha maravillado a miles de personas desde que salió a la luz. Algunas fuentes indican que todo comenzó un día de junio de 1942, la tarde en la que ella, Xu Chaoqing, contrajo matrimonio. Tenía 17 años y entre los asistentes a la ceremonia estaba un niño de apenas 6, Liu Guojiang. Al crío se le acababa de caer un diente; y según las creencias tradicionales del pueblo chino en que vivía, la pieza crecería de nuevo si la novia le tocaba los labios.

El pequeño Liu quedó maravillado por la belleza, la elegancia y la amabilidad de Xu, a la que nunca perdió de vista desde entonces. Catorce años después de casarse, la mujer enviudó con cuatro hijos a su cargo. Liu, ya convertido en un apuesto joven, no dudó en ayudar a la familia huérfana a salir adelante. Los rumores y las habladurías no tardaron en circular por la aldea, al mismo tiempo que el amor florecía entre ellos. Nadie aprobaba que una viuda rehiciese su vida y mucho menos junto a un hombre bastante más joven que ella.

Xu y Liu se sentían cada vez más acosados por sus vecinos y terminaron tomando una decisión tan complicada como radical. Se alejaron tanto como pudieron de su pueblo para apartarse a vivir en las montañas, encontrando refugio en una cueva. No tenían otra luz que la de las lámparas de queroseno que fabricaban y llegaron a alimentarse de las hierbas y raíces que les brindaba el bosque. «¿Te arrepientes?», preguntaba él cada cierto tiempo. «Si trabajamos duro, la vida irá mejorando», contestaba ella.

La mujer no solía alejarse demasiado de su nuevo hogar, pero a pesar de todo Liu quiso ofrecerle una manera sencilla de bajar al pueblo desde lo alto de la montaña. Por eso, según han contado sus hijos, construyó con sus propias manos 6.000 escalones que facilitaban el trayecto. Él murió en 2008 y ella en 2012, después de pasar medio siglo juntos, tal como habían soñado. Hoy esas escaleras recuerdan a todos la fuerza del amor que les unió; y son una gran atracción turística en Jiangjin, al suroeste de China.