No me apagues la vela, María, por Alfredo Maldonado

thumbnailAlfredoMaldonadoAlgún lector de mas edad, que los hay, quizás recuerde esa estúpida, pero pegajosa canción, que se puso avasallantemente de moda décadas atrás, que pedía a una tal María que le apagara una vela que el cantante pretendía que dicha señora o señorita le apagara -no confundir con el que tenía una luz que lo alumbraba, pero venía la brisa y se la apagaba, o algo así.

Recuerdo esa canción porque me he convertido, gracias a Corpoelec, en usuario habitual de velas, las cuales, por cierto, por los numerosos apagones y la inflación generada por la guerra económica, la misma que a pesar de su empeño y sus constantes alardes el Presidente Maduro y su Gobierno no logran derrotar, se ponen más caras -y escasas- cada día.

Las velas han terminado por convertirse en productos no sólo de primera sino de inevitable necesidad, igual que el azúcar, el arroz, la leche pasteurizada y en polvo -ésta más difícil de conseguir-, diversos alimentos y medicamentos y otras escaseces revolucionarias, aparte de las baterías para linternas, que también están carísimas e igualmente escasean. Tal vez sea estrategia deliberada del oficialismo, quizás pensando que el amor con hambre no dura, pero a oscuras se siente si no menos, al menos diferente.

Como escasea la capacidad del Gobierno y sus incontables funcionarios no sólo para arreglar los numerosos problemas que ellos mismos causan y que han llevado a este país a la miseria como hábito, aunque parece que sí tienen bastante para persistir en las fallas, mientras escasea por lo visto hasta ahora la fuerza y la inspiración de la oposición que a estas alturas -aparte de tomar vacaciones en República Dominicana- no se sabe bien si sigue existiendo.

Con descaro y tranquilidad absoluta el oficialismo se inventa millones de votos que acudieron posiblemente por vía telepática a los centros y mesas electorales de las recientes municipales, puesto que esos centros en su inmensa mayoría estaban vacíos, pero los millones de votos sí aparecieron. Hay que agradecerle de todas maneras el espíritu democrático al Gobierno, el PSUV y el Consejo Nacional Electoral, porque en la Cuba castrista e inspiradora de todo este desastre nacional las elecciones las gana el castrismo con 95 % de los votos, que es francamente demasiado votar. Hay que prenderle algunas de las velas de las reservas para los apagones a la Virgen de la Caridad del Cobre para que el anciano Raúl Castro cumpla su promesa de irse del gobierno de La Habana el próximo año, porque les aseguro que, aunque deje todo atado y bien atado, le terminará pasando como al otro anciano atador, el generalísimo Francisco Franco Vahamonde (nunca estoy seguro si es con “V” o con “B”, me perdonan ésa) cuyas ataduras fueron contundentemente desatadas tras su muerte y ahora hasta quieren sacar sus huesos del monumental Valle de los Caídos, que no sabe uno para qué quedará.

El Presidente Nicolás Maduro, el presidente obrero y conductor de autobuses que tiene a los obreros pasando hambre y a los autobuses chinos acumulándose en basureros vehiculares por falta de repuestos, dice que también se iría el próximo año si es lo que los venezolanos (y venezolanas) quieren. Pero también parece que se atreverá a buscar la reelección, lo cual, a juzgar por las cuentas que saca el CNE, parecería ser perfectamente posible.

Además, ¿quién va a querer sucederlo y echarse ese vainón encima, excepcón hecha de Henrique Capriles? Aunque, claro, Miraflores es siempre una tentación aunque no haya con qué pagar la colosal deuda externa, y hasta los chinos andan medio bravos, por lo que se rumora y ya han dicho que si no hay lial no hay lopa, es decir, no más préstamos salvadores. Y a los chinos, tal como están las cosas, hay que cuidarlos, y pagarles aunque sea las pérdidas que parecen haber tenido en su petrolera local Sinopec. Pero ése es otro cantar, aunque ya la prensa oficialista ha comenzado a dar la cotización del crudo en yuanes y no en dólares.

En lo que a mí respecta, mientras esto siga como hasta ahora, voy a buscarme mi carnet de la patria, nunca se sabe.