Richard Casanova: Lo que la revolución jamás podrá quitarnos

Richard Casanova: Lo que la revolución jamás podrá quitarnos

Richard Casanova

Especialmente en tiempos difíciles, la música y la poesía son el refugio del espíritu. A veces solo una tonada o un verso pueden calmar la angustia. Incluso, las desgracias de los pueblos suelen ser también inspiradoras y por eso la civilización se hace inmortal a pesar de la tiranía. La historia está llena de ejemplos…

El poeta Czeslaw Milosz lideró el movimiento vanguardista y participó activamente durante la II guerra Mundial en la resistencia a la ocupación nazi. Sin duda, el talentoso Milosz -premio Nobel de Literatura- se inspiró en sus duras vivencias y no es un caso aislado: la producción poética de Europa del Este fue especialmente prolífica durante la primera mitad del siglo XX. Lo mismo pudiéramos decir de la literatura y la música clásica durante el siglo IXX. Algo similar sucedió en otras latitudes y en otros tiempos.

En el Caribe, en la terriblemente deprimida Cuba, la música popular ha sido una expresión indetenible desde los tiempos de la esclavitud y del son montuno. Hasta en aquella América Latina plagada de cruentas dictaduras militares, el arte fue una contundente expresión de humanismo que los fusiles jamás pudieron silenciar. En fin, el tema es inagotable. El punto es que a pesar de la difícil realidad de nuestro país, el talento artístico nacional en cada rincón se rebela contra el totalitarismo y brinda su aporte al civismo. Además, el pueblo venezolano es único: asume con paciencia y hasta con humor la calamidad que padece. De eso se aprovecha este régimen indolente, creyendo que la paciencia es infinita y que puede burlarse eternamente del pueblo.

La nauseabunda e insaciable “revolución” chavista no sólo le ha robado el futuro a los venezolanos sino también el presente. En efecto, esta es la navidad más triste, más oscura de nuestra historia. Antes de esta plaga roja, la navidad empezaba en octubre y todo diciembre era una fiesta popular. Hasta en los hogares más pobres la familia se reunía para celebrar el nacimiento del niño Dios y nunca faltaba la tradicional hallaca, el pan de jamón y alguna bebida espirituosa para alborotar la fiesta. A los trabajadores le alcanzan los aguinaldos para algún “estreno”, para el “Niño Jesús” de los muchachos y sobraba para los fuegos artificiales, algo muy común en el barrio para aquel entonces.

Hoy no escribo para hacer una remembranza de “lo que un día fue”, sino para invitar a todos a revivir con ilusión a ese país y rescatar al espíritu navideño. No es la primera vez que una revolución le roba la felicidad a un pueblo, más bien la historia confirma que siempre ha sido así. Pero es la mima historia que nos dice que el poder es efímero y los pueblos siempre florecen. No importa cuán poderosa aparente ser, la tiranía siempre muere y la civilización es inmortal. Hoy escribo para reafirmar el optimismo, recordar que la navidad está en nuestros corazones y nadie no las podrá quitar. Siempre habrá una gaita y algún poeta, un humorista o un escritor, un amigo, un vecino y alguien a quien amar. Así que –pese a las circunstancias que embargan a la nación- hoy escribo para desear a mis admirados lectores una feliz navidad y regalarles la certeza que el próximo año será muchísimo mejor…. La revolución tampoco podrá quitarnos nuestro amor y compromiso de lucha por esta patria de Bolívar. ¡Dios bendiga a Venezuela!

@richcasanova

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