Editorial El Tiempo (Colombia): El mensaje de Maduro

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La Iglesia católica venezolana calificó el hecho de “horrible masacre”. Defensores de derechos humanos, de “ejecución extrajudicial”. Nadie ha sido indiferente a la muerte de Óscar Pérez, el policía rebelde que fue abatido junto con otras seis personas en una operación prácticamente trasmitida en vivo por las víctimas a través de las redes sociales.

Se habla de ejecución extrajudicial porque en los videos difundidos por Pérez él clama que les permitan entregarse. Además, material que ha circulado muestra una operación desproporcionada en la que lanzagranadas hicieron volar por los aires la edificación en la que se resguardaba el grupo que, según las autoridades, mató a dos policías. El argumento del Gobierno es que “los terroristas” se resistieron a la entrega.

El piloto Pérez se había convertido en una pesadilla para Maduro por protagonizar varios hechos espectaculares en los que había dejado en ridículo la competencia de las fuerzas de seguridad. Alzado en armas desde junio, cuando sobrevoló Caracas en un helicóptero y atacó varios edificios públicos sin dejar víctimas, Pérez había grabado varios videos en los que pedía a sus pares que lo ayudaran a derrocar lo que llamaba “tiranía” chavista; o se aparecía en las multitudinarias manifestaciones para burlar a sus perseguidores. En diciembre pasado, su asalto a un cuartel para robar armas lo hizo ver como una especie de Robin Hood.

Su manera de morir –según la autopsia, de un disparo en la cabeza– fue un mensaje claro de lo que le podría pasar a quien desafíe la dictadura y, por otra parte, la excusa para dinamitar el diálogo con la oposición, porque el ministro Reverol dijo que de esa mesa había salido el delator.

No se sabe aún si Pérez se convertirá en el símbolo de la resistencia al totalitarismo de Maduro. Los más de 130 muertos de la represión del año pasado y los presos políticos que consumen sus días bajo la tortura y la oscuridad probablemente ya llevan ese título. Lo ocurrido con este episodio es una muestra más de hasta dónde será capaz de llegar Maduro ante cualquier disidencia. Ya se cayó la máscara.