Alexei Guerra Sotillo: Disimulo y devastación

Alexei Guerra Sotillo  @alexeiguerra
Alexei Guerra Sotillo @alexeiguerra

Hay que tener un entrenamiento muy completo, una preparación ardua e intensa para practicar el disimulo mientras se destruye un país. La élite que hoy controla el poder en Venezuela, sostenida por un estamento militar cuya bota e imposición definen el ritmo de la tiranía en desarrollo, ha perfeccionado una habilidad única y notable para ignorar todo el peso de las señales de colapso, que su nefasta permanencia regulatoria, saqueadora, corrupta, represiva y expropiatoria, genera y producen a lo largo y ancho de la República.

La quiebra de PDVSA, es sólo la dolorosa guinda de una torta que sigue creciendo, mientras Nicolás Maduro y los grupos que le sostienen, continúan su eficiente labor destructiva. La pérdida de la mitad del PIB, es decir, de toda la riqueza que una sociedad puede crear y producir en el espacio económico de su talento, trabajo y creatividad durante un año, es el resultado de un sistemático proceso de destrucción del tejido empresarial nacional, de un delirante cuadro de distorsiones cambiarias, monetarias, de una hiperinflación que se encamina a escalar penosos records globales e históricos que sólo países africanos muy atrasados, o algún recuerdo de la era soviética pueden igualar.

Ante este cuadro, de desnutrición en aumento, de saqueos y anaqueles vacíos, de robo disfrazado de reses y ganado por parte de algunos mandatarios locales o regionales que prohíben de paso su salida de la entidad o ciudad, por la genial tesis macroeconómica y socialista según la cual el empresario debe vender a pérdida porque la ganancia, cualquiera que ella sea, es criminal y saboteadora; de muertes e imágenes dantescas en hospitales y centros de salud por escasez de medicinas y de condiciones mínimas de atención, de estampida de venezolanos buscando un resquicio de normalidad económica y futuro, el gobierno no sólo no se da por aludido, sino que intenta montar otra realidad, de mentira y propaganda, donde todo es alegría, abundancia y cuerpos robustos de tanto comer.

El disimulo de quienes hoy nos gobiernan, como todo disimulo que se precie, parte de darse cuenta de la realidad; se inicia desde la inmediata conciencia de lo que ocurre, de la certeza de que alguien te observa en la acción de marras pero no te importa, para un segundo después actuar como si nada, impávidos, impertérritos, cínicos y tranquilazos. Normalitos pues. Y quien los observa es todo un país.

Ninguna matemática soporta ni da cuenta del desgaste de los venezolanos que ven como su realidad cotidiana se reduce a la evaporación de un salario hecho miseria, insuficiente para comprar algo que dure más de uno o dos días. Luego de dos décadas de robolución y siembra “socialista”, las mentiras del poder rebotan en el plástico de una cosecha con forma de “carnet”, y en la dulce promesa de una ración hecha migaja. La libertad si existe, pero viene envuelta en una caja.

Las semanas que siguen serán el bosquejo de una “elección” que simulará ser una elección, en la que algunos “candidatos” simularán que pueden ganar, y la gente simulará que puede elegir. La exigencia de cambios y garantías electorales para que no sea así, lucen lejanas. Mientras tanto, el gobierno sigue trabajando. Dos palabras definen su cruzada. Disimulo y devastación.

@alexeiguerra