La China que nadie quiere vende desesperadamente en España

HNA China

 

La caída de HNA, de producirse, puede provocar un efecto en cadena sobre muchas de las firmas chinas que han comprado activos alrededor del mundo como si no hubiera un mañana.

Por Alberto Artero en la columna Valor Añadido en el diario El Confidencial (España)

“En tan solo 12 meses, el conglomerado chino HNA, cuyos intereses se extienden desde las aerolíneas al sector financiero, ha metamorfoseado de ser un símbolo de la ambición y poderío de China Inc. a convertirse en un peligroso ejemplo de endeudamiento corporativo”.

Así arranca el Big Read del ‘Financial Times’ de su edición de ayer, análisis en profundidad de inexcusable lectura cada día para los que quieran estar al cabo de la calle en el ámbito económico, empresarial o financiero. ‘China´s HNA tries to navigate turbulent times’ no es sino continuación de la información que el rotativo sirvió el pasado viernes bajo el poco interpretable titular ‘Adquisition-hungry HNA shows new signs of financial distress’, pieza en la que ponía negro sobre blanco los serios problemas de liquidez de la firma con cuentas congeladas, filiales con sus acciones suspendidas de cotización, tipos de mercado por encima del 20% para varias de sus subsidiarias y dificultad con las nuevas restricciones internas en el gigante amarillo para movilizar fondos.

Casi nada.

El artículo completaba una Lex Column de seis días antes en la que, bajo el más críptico encabezamiento de ‘HNA: Flying lessons’, sus autores denunciaban tanto la opacidad de la propiedad y de la estructura societaria, como los riesgos asociados a un modo de financiación que abusa de las acciones propias o de participadas como colateral de préstamos o créditos (como sucedió con las constructoras españolas al inicio de la crisis).

No se le puede negar la perseverancia al ‘FT’ en el seguimiento de los temas, lo que digo con muchas dosis de admiración y no pocas de envidia.

HNA no es un actor cualquiera en el mundo corporativo internacional. Con una cartera estimada en 118.000 millones de euros, es titular de casi un 10% de Deutsche Bank, del 25% de Hilton y de aerolíneas, navieras, operadores logísticos y aeroportuarios o empresas tecnológicas a lo largo y ancho del planeta. Y, en España, del 29,5% de NH Hoteles, que el pasado 19 de enero puso en el escaparate de la mano de JP Morgan para conseguir unos ingresos cercanos a los 630 millones de euros. Como excusa formal, la pérdida de poder en el consejo de la sociedad. La realidad, como vemos, es bien otra. A la fuerza ahorcan

Sea como fuere, lo importante es que las ramas no nos impidan ver el bosque de un problema extraordinariamente grave que va más allá de lo que pueda ocurrir con este conglomerado chino. Y es que el fenómeno recuerda, tal vez demasiado, a lo que pasó con los gigantes japoneses a finales de los años ochenta. Seducidos por la abundancia del dinero barato, se lanzaron a la conquista de Oriente y Occidente, en una estrategia del burro grande, ande o no ande, que al poco tiempo dio con los huesos de algunos de sus principales actores en la tumba de la quiebra. Un paralelismo del que, por cierto, advirtió ya hace tiempo Ignacio de la Torre, una de las mentes más brillantes que ha dado el análisis español.

A HNA le vencen más de 16.000 millones de euros entre 2018 y 2019 y su caída, de producirse, puede provocar un efecto en cadena sobre muchas de las firmas chinas que han comprado activos alrededor del mundo como si no hubiera un mañana en los últimos años y que comparten con el grupo de empresas el oscurantismo sobre sus dueños, el modo de captar fondos (donde juega un papel relevante la llamada ‘banca en la sombra’), el apalancamiento doble o triple y las relaciones entre participadas cuyos flujos cruzados requieren del mejor detective financiero para desentrañarlos.

Como empiecen a caer las fichas de este dominó, prepárense.

Si este jugador deja la partida, el escenario será sustancialmente distinto. Unan a ello la retirada de los bancos centrales y la tormenta perfecta está servida.

¿Llegará?