Corina, por Juan Pablo Guanipa

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En momentos de crisis tan profundas como la que vivimos, que no sólo es económica y política, sino que ha trastocado lo social, moral y espiritual, tener valores y pilares sólidos como referentes culturales, pero sobre todo familiares es trascendental. Corina, mi madre, es uno de esos valores a los que nuestra numerosa familia le sigue como ejemplo. Recientemente cumplió 80 años y no podemos más que agradecer a Dios por su presencia en muy buenas condiciones físicas y mentales.

La vida de Corina ha estado llena de retos, de realizaciones personales, familiares, profesionales. Viene de una familia modesta en lo económico, pero de allí y del colegio El Pilar, donde estudió becada, logró adquirir los valores y principios que han sido el soporte fundamental de su edificio de vida y sin duda, en parte, también de la nuestra.

A Manolo, mi padre, lo conoció en la Facultad de Derecho de nuestra Universidad del Zulia. Eran los tiempos de los albores de la democracia. Aquellos tiempos en los que estudiar y graduarse traían la inevitable consecuencia de un ascenso social que te permitía vivir con calidad de vida y hasta comodidades.

Muy jóvenes, con veintiuno y veintidós años de edad, se casaron e inmediatamente comenzaron a producir muchachos. En los primeros cinco años de matrimonio, Corina tuvo 6 embarazos. Le decía Nectario Andrade Labarca que en cierta fecha del año, “si no estaba presa la estaban buscando”. En total, tuvo 9 embarazos y 7 hijos. La prematura muerte de Manolo la puso en la difícil situación de llevar adelante, sola, una responsabilidad que había sido compartida. Superó con creces la prueba que Dios le puso.

Mis padres siempre
estuvieron pendientes de la formación de sus hijos, no solo en el aspecto
formal de ir al colegio y cumplir con los deberes, sino también en esa
formación de la casa que te orienta, te corrige, moldea tu personalidad. Tanto
Manolo como Corina nos formaron con el ejemplo. Y si me piden recordar una sola
de las muchas virtudes de Corina, yo evocaría su entrega y desprendimiento.
Siempre ha estado allí para acompañar a sus padres, hermanos, hijos, nietos o a
cualquier familiar, amigo, conocido o desconocido que haya necesitado de su
apoyo.

Su vida profesional estuvo signada por la rectitud y el reconocimiento público a su labor. Fue trabajadora tribunalicia, notario público, registrador mercantil, juez y en cada una de sus responsabilidades pudo demostrar el sentido de la justicia y del servicio público.
Ya hoy disfruta de
un merecido descanso. Sin duda siempre está presente la angustia por la
situación país y por los riesgos que corremos algunos de sus hijos. Yo le digo
que lo importante es que lo que ella tuvo que hacer lo hizo. Ahora nos
corresponde a nosotros dar la pelea por el rescate y la reconstrucción de
nuestra patria.

Disfruto tu vida Corina. Celebro tus 80 años y le pido a Dios que te siga dando vida y salud. Siéntete orgullosa de tus logros. Tus 7 hijos, tus 28 nietos, tus 4 bisnietos, siempre tendremos en ti un gran ejemplo a seguir. Pero, también le pido a Dios que en Venezuela sigan existiendo las muchas Corina, que con principios y valores son el pilar indestructible, que lejos o cerca, por el camino correcto mantienen unidas a sus familias.