Un parapeto de soporte, por Luis Barragán

Luis Barragán  @LuisBarraganJ
Luis Barragán @LuisBarraganJ

Sobre los escombros de la institucionalidad partidista en la Venezuela del XXI, añadida la de oposición, se empina el parapeto gubernamental que no es ni puede ser completamente partido, ni es ni puede ser completamente gubernamental. Condición ésta que asombrará, porque – siendo nominalmente el partido oficialista por excelencia – no son todos los que están, ni están todos los que son en este dispositivo que tiene por única ventaja, la de abrir algún camino hacia el presupuesto público municipal, estadal o nacional.

Un parapeto más grande y ambicioso, ha nacido: “Somos Venezuela”. Se dirá propio de la campaña presidencial que se avecina, pero lo cierto es que, por sus características y financiamiento, muy directamente vinculado al demasiado obvio candidato, como por los cuadros de dirección, va mucho más allá en el proceso de decantación que experimenta el poder tras casi veinte años de fatigado ejercicio. Quien no figure en la novedad partidista, no va al baile. Así de simple.

No ha tenido Nicolás Maduro necesidad de ningunear más, negociar o expulsar a nadie del PSUV, ya de por sí domesticada toda su dirigencia, como lo probó Lacava con el antes todopoderoso Ameliach. Si fuese partido, algún movimiento sísmico se hubiese sentido, pero como no lo es en su acepción más común, muy bien la maniobra consagra a la novísima entidad de campaña que, en el proceso inevitable de una completa hegemonía, será permanente: así, quien no esté en la directiva, quedará relegado convirtiendo al PSUV en una referencia subsidiaria, secundaria y hasta depositaria de todo aquél que no haga del madurismo una convencida profesión de fe.

Peor suerte le tocará al llamado tan gótica y grandilocuentemente Gran Polo Patriótico, cuyos miembros fueron subsidiarios del PSUV. Accionistas de una empresa que los tiene como el tradicional relleno de ocasión, el menor gesto de disidencia tampoco significará una sanción o algo que se le parezca, pues únicamente están en “Somos …” los que son (y viceversa).

Vicisitudes propias del Estado Cuartel al que arribamos, de no postergar la fecha a la espera de un contendor de suficiente peso que lo legitime, el portentoso candidato presidencial e insigne bonificador de lo poco que nos queda, lo confrontará desprendiéndose de un PSUV en el que quedan atrapados sus futuros rivales internos.