La jerga de la tiranía, por Juan Guerrero

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Por estos días he recibido varios mensajes donde se habla sobre la necesidad de adecentar el lenguaje. De no seguir respondiendo a la propaganda continua y perversa del régimen totalitario venezolano, con términos que maldigan la vida y desnaturalicen nuestra condición humana.

  Lo anterior es cierto. Nuestra lengua, como todas las lenguas del mundo, posee una infinita riqueza en sus expresiones. Porque ella tiene un saber ancestral pero también un sabor particular. Nuestra cultura se edifica a partir del lenguaje. Eso que llamamos Dios creador, hizo al mundo y la especie humana, a partir del lenguaje. Lo dicen todos los textos antiguos. Pero también los discursos académicos y las investigaciones sobre el lenguaje, afirman lo anterior y le otorgan a nuestro idioma, una naturaleza mítico-simbólica y también de razón argumentativa.

  Considero que entre las tantas agresiones que este régimen le ha infligido al alma nacional, una de ellas ha sido contra nuestro idioma. Nuestra lengua nacional, el español venezolano se encuentra gravemente lesionado. Y ésta herida viene por un uso de la absoluta informalidad, en todos los ámbitos de la república, que reducen las posibilidades de su enriquecimiento idiomático entre los hablantes.

  Que sepamos, la Educación Idiomática es una nulidad en función de su escolarización. Pero lo más dramático es su uso en los ámbitos de la política y entre los funcionarios del régimen totalitario apoderado del Estado. Porque el idioma se ha estado usando de manera instrumental para generar matrices de opinión, con imágenes que contradicen la tradición y valores de la cultura nacional.

  El idioma español hablado en Venezuela tristemente es un instrumento de lucha, de violencia absoluta, utilizado por el Estado contra los ciudadanos. Y esto no es algo que se generó por el frenesí de los acontecimientos políticos de estos últimos 16-20 años. Es todo un plan diseñado desde hace muchísimo tiempo y que todo régimen totalitario construye porque necesita identificarse con la maldad, con el odio y la venganza, y con ello, identificar a sus enemigos, para generalizar una neolengua con jergas que representen, como imágenes que se proyectan y luego se identifican y materializan, primero en la psique del individuo-masa y luego, en la continua repetición por medios audiovisuales, para perpetuar en el poder una manera de ser y hacer, otorgándole nuevos valores y principios a la sociedad.

  En este contexto resulta indispensable que quienes conocemos sobre los rudimentos del lenguaje y cómo este se comporta, alertar a los hablantes sobre la urgencia de no repetir, ni hablado ni escrito, ni en sus ademanes ni comportamiento ético-estéticos, el lenguaje de un régimen tenebroso, obsceno y totalmente pervertido.

  En su descarado afán por controlarlo todo está afincando sus garras sobre los hablantes para imponer una jerga de la violencia y la maldad. Ese de las tinieblas. Esta jerga viene desde las mismas letrinas de las cárceles y entre la narcolengua con sus diferentes modismos.

  La carga idiomática de estos años en la Venezuela del socialismo del siglo XXI, está marcada por formas de comunicación, verbal y no verbal, identificados con la delincuencia y los grupos de bandas y megabandas, así como también, nutrida por la dependencia a jergas de menor importancia, pero de igual valor a la hora de su uso. Una de ellas refiere al lenguaje militarista, aberrante y negador, por su naturaleza, de la civilidad y de todo lo que refiera a la búsqueda de la verdad y la libertad.

  Quien se sienta ciudadano, aun con las restricciones que ello comporta vista la situación de censura, persecución al pensamiento libre y crítico, debe resguardar la lucidez de nuestro idioma. Su claridad de valores y principios inherentes a su uso y práctica idiomáticas. Nuestro idioma es sinónimo de libertad y decencia. Es en sí mismo, principio y fin en la búsqueda y afianzamiento de la trascendencia como cultura e historia.

  A cada palabra generada por el régimen contra los valores y principios democráticos de la venezolanía, respondamos desde lo positivo y con razonamiento argumentativo para neutralizar tanta palabrería hueca y nociva contra la salud idiomática.

  Que nuestro lenguaje sirva para bendecir, desde la espiritualidad, desde la razón, desde la consciencia idiomática. Nuestro idioma posee una lógica que está soportada en el proceder ético de sus hablantes.

  Por esa razón, hoy se hace indispensable mostrar y demostrar, una y otra y otra vez, el principio de la honestidad, de la rectitud ética y moral, tan escasos, para alejar la pedantería violenta que significa esa aberrante jauría de hablantes que balbucean y gesticulan una jerga ajena a la intimidad de los valores fundamentales del ser venezolano.

(*)  [email protected]   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1