Luis Barragán: Se necesita jurista venezolano con pc propia

Luis Barragán  @LuisBarraganJ
Luis Barragán @LuisBarraganJ

 

Atravesamos una difícil coyuntura respecto al asunto del Esequibo, comenzando por la aldea monotemática que lo relega. Y es que, muy distinto a lo ocurrido en tiempos de democracia (y de Estado de Derecho), la estrategia dictatorial (y de una absoluta Razón de Estado), tiende a confinarnos a la consideración de un solo problema, como el hambre, en pugna con el de los apagones, en lugar de la amplia deliberación de las más variadas e, igualmente, existenciales cuestiones.

Consabida la trágica situación en la que se encuentra la reclamación esequibana, convengamos en la vigencia de una irrefutable acreditación histórica de nuestros muy legítimos derechos, como la de la extraordinaria fundamentación jurídica que le asiste. No obstante, al respecto, se abre el desafío de una considerable importancia y dimensión con la remisión del caso a la Corte Internacional de Justicia, según las conclusiones – a nuestro juicio – insustentables a las que arribó el Secretario General de la ONU, susceptible en cualquier momento de materializarse con la interposición efectiva del libelo guyanés.

En consecuencia, la materia ya no exige la exhibición de los conocimientos adquiridos o el recuento anecdótico de una ya vieja experiencia acumulada, presta a la vanidad ocasional de sus portadores, sino en una iniciativa práctica para abordar un reto concreto, específico y actual. Por supuesto, tenemos el inmenso obstáculo de padecer a un régimen que, indolente, cree de su más exclusiva, caprichosa y privativa incumbencia: a pesar de sus reiterados fracasos, una declamación que no, reclamación y, lo peor, jamás escuchada, en nombre del interés nacional que traiciona, pretende chantajear a la oposición con un consenso que no es tal.

Casualmente, en el receso de una reciente jornada académica celebrada en la UCAB, nos encontramos con Manuel Donís e, inevitable el tema, coincidimos en la necesidad de un equipo de juristas que ayudasen en la peculiar coyuntura, así nos neguemos a concurrir a la Corte, cuyo protocolo de creación no ha suscrito jamás Venezuela. Y es que esta es la hora también del procesalista, como la del experto en exploraciones petroleras, como las que abusivamente autorizó Georgetown, o en la política interna de Guyana, entre otras de las facetas de la gestión pública cada vez más compleja de una difícil asignatura que ha comprometido más a la academia y al resto de las sociedades intermedias frente a la inamovilidad de la dictadura.

Y es que, indispensables, las actuales diligencias diplomáticas están subordinadas a un régimen de las características ya consabidas, imponiendo sus peculiares urgencias e intereses ante los que tienen una incuestionable y vital naturaleza nacional que los trasciende. Sostenemos el vigor de una vocación y un pensamiento, incluso, estratégico sobre el Esequibo, que necesita manifestarse, contrastando con las flaquezas y otras precariedades oficiales.