Griselda Reyes: Den su brazo a torcer

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En estos días escuchaba al presidente de la Federación de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) Aquiles Hopkins, señalar que el sector lleva 10 años consecutivos arrastrando la caída de la producción nacional y me preocupó mucho oír que no poseen semillas ni fertilizantes para sembrar y mucho menos repuestos para reparar la maquinaria agrícola en uso, razón por la cual el panorama para 2018 se perfila tan gris como la década pasada.

Cuando recorres el país y ves que en las principales ciudades hay camiones expendiendo hortalizas, verduras y frutas, sabes que son “los gochos”, quienes han logrado articular un esquema de cooperativas exitoso que les ha permitido sobrevivir en medio de este caos económico en el cual estamos metidos.

No obstante, si te dispones a comprar en esas ferias, también te das cuenta que disminuyó la variedad y cantidad de productos que ofrecían y que de un tiempo para acá han variado los parámetros de fijación de precios. Antes, donde “los gochos”, pagabas un precio único por cualquier kilo de producto, ahora hay precios para todos los gustos y bolsillos.

A nuestros amigos de los Andes venezolanos, les debemos el hecho de que aún en el país no se haya desatado una hambruna generalizada, pero muchas veces no caemos en cuenta que ellos están tan golpeados como el resto de los sectores productivos.

Táchira genera gran parte de las hortalizas, verduras, frutas y ganado que se consumen en Venezuela. Pero en los dos últimos años, la producción de todos esos rubros ha caído 90%, según estimaciones hechas tanto por la Asociación de Ganaderos del estado Táchira (Asogata) como por Fedeagro – Táchira, debido a las restricciones impuestas por el Estado, a la escasez de semillas, insumos y repuestos, a la migración de la mano de obra calificada, a la expropiación y confiscación de tierras productivas y al creciente problema de inseguridad traducido en secuestro de ganaderos, cobro de vacunas, abigeato y cuatrerismo, saqueo y vandalismo, invasión de tierras y a los piratas de carretera.

Y cuando escucho a Aquiles Hopkins reconocer que en toda la geografía nacional la producción se desplomó 75% y que apenas ese 25% de producción del campo venezolano está intentando abastecer a todo un país, un escalofrío recorre toda mi médula espinal porque, por ahora, no se ve un giro en las políticas públicas destinadas a incentivar el aparato productivo.

El artículo 305 de la Constitución Nacional establece que el Estado venezolano está obligado a garantizar la soberanía y seguridad alimentaria. Pero esto es imposible de conseguir si solamente se mantiene la política de importación – de hace un tiempo para acá solo de México –, de productos de dudosa calidad que se distribuyen a través de un mecanismo de control social y político como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), y cuya frecuencia de comercialización además es irregular.

Si quienes están en el poder tuviesen voluntad política para afrontar la crisis humanitaria por la cual atraviesa Venezuela, no dudarían en poner en práctica estrategias destinadas a incentivar la producción nacional. De hecho, los gremios involucrados han presentado propuestas para reactivar un aparato paralizado en 75%.

Si los tomadores de decisiones entendiesen que solo con producción nacional pueden combatir muchos de los problemas que hoy enfrentan y que, lamentablemente siguen achacando a una imaginaria guerra económica, tendrían más de la mitad del camino recorrido y no estuvieran tan preocupados por adelantar elecciones presidenciales y legislativas en sus tres niveles.

Con producción nacional combates la hiperinflación, la escasez, el desabastecimiento y el desempleo; con producción nacional generas bienes y servicios que aportarán al Producto Interno Bruto (PIB) del país; con producción nacional generas bienes y servicios de exportación que te proporcionarán divisas no asociadas a la actividad petrolera y, la más importante, con producción nacional garantizarás la soberanía y la seguridad alimentaria de tu población.

¿Está el gobierno nacional realmente interesado en promover el sector primario de la economía? Los controles hasta ahora impuestos sólo han generado una trama de corrupción que parece no tener fin y cuyas consecuencias la siguen pagando los menos favorecidos.

Si el Estado asume con responsabilidad su rol de tutelaje, debería permitir el normal funcionamiento de los ciclos económicos productivos. Una cosa es proteger y amparar a los más necesitados y otra cosa muy distinta es intervenir y administrar todos los procesos.

Hoy en Venezuela, el Estado importa (es el único que recibe dólares preferenciales y decide además quién los recibe), distribuye y comercializa por lo menos 80% de los alimentos que se consumen en el país; impone restricciones en la fijación de márgenes de ganancias; establece guías de movilización de los productos; y fija – a los pocos productores que quedan – cuotas de producción que deben ser destinadas a los Clap, so pena de intervención.

Esta aberración se ha traducido en la más dramática caída de la producción nacional de bienes e insumos jamás registrada (ni siquiera cuando hubo el paro petrolero en 2002), en escasez, desabastecimiento, desempleo, inseguridad, hambre, miseria, pobreza y en una fuga de talento y mano de obra calificada, que ha sorprendido a la comunidad internacional, en particular a los países vecinos que no estaban preparados para este éxodo de venezolanos.

Dar incentivos a la producción nacional, pasa por capacitar mano de obra, pues en las dos últimas décadas el Estado venezolano se enfocó en “dar el pescado” pero no en “enseñar a pescar” y hoy tenemos en el país, una legión de hombres y mujeres inútiles para el ejercicio de oficios productivos.

Apelamos una vez más a la sensatez y al sentido común de quienes están en cargos de poder, para que reorienten las políticas públicas. Si realmente aman al pueblo que dicen representar; si les duele ver morir a tantos niños, adolescentes y ancianos de inanición o por enfermedad; si les conmueves los testimonios de pacientes renales o trasplantados pidiendo una oportunidad más para seguir viviendo; si les perturban las imágenes de venezolanos de cualquier edad comiendo de la basura o de cientos de miles de compatriotas cruzando las fronteras en busca de una mejor calidad de vida, en el nombre de Dios, es tiempo de que den su brazo a su torcer.

Lic. Griselda Reyes

En Twitter, Instagram y Facebook: @greyesq