Dos FA, por Vladimiro Mujica

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Quizás no sea coincidencia, o, si lo es, de trata de una sincronía al menos intrigante que las siglas del Frente Amplio sean las mismas que las de la Fuerza Armada. Podría ocurrir que esta concurrencia de siglas, anuncie que vienen los esperados tiempos en que el componente desarmado del pueblo venezolano, inerme ante las balas y la violencia estimuladas desde el poder, se pueda hablar cara a cara, corazón a corazón, con el componente que lleva las armas de la República, que hasta ahora ha servido como uno de los pilares fundamentales de apoyo del oprobioso régimen que desgobierna a Venezuela desde hace 20 años.

Los militares son el noveno miembro, el no nombrado, el elefante en la cristalería, en la composición del Frente Amplio. La estructura anunciada del frente en el esperanzador acto realizado a comienzos de esta semana en el Aula Magna de la UCV, incluye ocho sectores: partidos, movimiento estudiantil, trabajadores, empresarios, iglesias, ONGs, víctimas de la represión y chavismo disidente. Por supuesto que la inclusión explícita de representantes de la FA en el FA no es posible, por las represalias inmediatas que ello acarrearía, pero es innegable que un destinatario crucial de las acciones del FA es despertar conciencia, y, más que conciencia, determinación de ejercer su deber constitucional en la FA.

El país ha terminado por entenderlo, la comunidad internacional ha demostrado claramente que lo comprende, que la oposición venezolana no está propiciando intentonas ni golpes militares, y que ha demostrado una vocación democrática y civilista que nos enorgullece. Al mismo tiempo, es innegable que, a pesar de ser minoría, el régimen de Nicolás Maduro se puede quedar de modo casi indefinido en el poder, y terminar de destruir a Venezuela, si no se produce una fractura del apoyo a su gobierno, tanto en lo que queda de chavismo como en la FA. El otro actor de la eventual salida constitucional del gobierno es, sin duda, la comunidad internacional. Los venezolanos tenemos que repetir como un mantra que requerimos la acción combinada y convergente de la trilogía salvadora de la República: una oposición unida y con liderazgo estratégico, como la que propone el FA; una respuesta constitucional de la FA, y el apoyo de la comunidad internacional.

Hasta ahora tenemos solamente uno de los actores de la trilogía salvadora: la comunidad internacional. Pero no hay esquema imaginable, ni siquiera una intervención directa en Venezuela que sería por lo demás insostenible política e históricamente, que permita que la acción de otros países, no importa cuán solidarios sean con la tragedia venezolana, sustituya lo que nos corresponde hacer a los venezolanos. El FA ha nacido con la sabia decisión de considerar que literalmente cualquier grupo que se oponga a la destructiva acción del gobierno de Maduro es un aliado, no importa si ha cometido errores importantes en el pasado. Este es, sin duda, el espíritu correcto, pero nadie debe llamarse a engaños acerca de la complejidad de la acción política en Venezuela frente a un régimen dispuesto a todo para mantenerse en el poder.

No es la primera vez que se intenta acerca a la sociedad civil a los partidos políticos. Esta fue precisamente la experiencia de la Coordinadora Democrática. Puedo dar fe de primera mano, porque yo era uno de los representantes de la sociedad civil, que buscar acuerdo era una tarea extenuante y que los quejas que tienen los venezolanos sobre la proverbial inhabilidad de los partidos políticos para llegar a acuerdos estratégicos permanentes, son las mismas que podrían levantarse contra la sociedad civil. No por casualidad en ambas organizaciones estamos venezolanos con los mismos defectos y virtudes. Pero es indispensable tener en estos momentos confianza y optimismo en que la dimensión de la tragedia, el hambre, la frustración y la miseria que atosiga a Venezuela será finalmente el acicate para que aprendamos y hagamos lo que tenemos que hacer para salir de esta pesadilla e intentar reconstruir a la nación.

Nos enfrentamos a una situación extremadamente compleja que tiene sus raíces en los propios errores de la oposición y en la conducta maligna y astuta del gobierno, lo cual a estas alturas no debería ser ninguna sorpresa. Es indispensable mantener vigente la herramienta del voto y eso lo entiende perfectamente el FA que ha expresado claramente que no renuncia a este derecho fundamental de la democracia. Sin embargo, ir mansamente a las elecciones amañadas convocadas por el gobierno en estos momentos significa ir a una emboscada segura y, en buena medida, comprometer el vital apoyo de la comunidad internacional, que ha expresado sin cortapisas que en Venezuela no hay garantías para un proceso electoral limpio. Frente a esto arguyen importantes sectores de la oposición, con buenas razones, que el gobierno jamás dará suficientes garantías. Pero para participar en cualquier elección es indispensable participar unidos y esta condición sine qua non no se ha alcanzado. Las condiciones pueden cambiar, sobre todo si la presión del FA encuentra resonancia en el sector patriótico de la FA. Así que es imposible descartar ninguna opción. Nunca como antes fue tan cierto el pasaje del poema de Antonio Machaco “ ….caminante no hay camino, se hace camino al andar …”

La paradoja de 20 años de retroceso inenarrable, con una corrupción pornográfica, que ha cabalgado en una alianza cívico-militar que ha corrompido profundamente a la FA, es que las cosas han llegado a un punto en que probablemente será una convergencia cívico-militar, esta vez al amparo de la Constitución de la República, la que aparentemente será el agente que permitirá la salida del gobierno más desastroso de nuestra historia republicana. Pero para que ese paso final se produzca, el pueblo que sufre el desgobierno de Maduro, representado en el FA debe promover acciones unitarias de desobediencia ciudadana, creíbles, y que le dificulten al infinito al régimen consolidar su emboscada electoral. Esas acciones están claramente amparadas por nuestra Constitución. Quizás entonces el otro sector del pueblo, agrupado en la FA, que tiene las armas de la República, cumpla también con su mandato constitucional de proteger la soberanía popular, nunca más vulnerada que estos tiempos aciagos.

Vladimiro Mujica