Entre cárcel, secuestro y ejecución, así tratan los servicios secretos a sus “traidores”

Entre cárcel, secuestro y ejecución, así tratan los servicios secretos a sus “traidores”

Serguéi Skripal, exagente doble ruso hallado envenenado el domingo en Reino Unido. publico.es
Serguéi Skripal, exagente doble ruso hallado envenenado el domingo en Reino Unido. publico.es

 

Entre largas penas de cárcel, secuestros o ejecuciones, el destino reservado a los agentes dobles y otros “traidores” varía en función del tipo de régimen ultrajado y su necesidad de dar “ejemplo”, reseñó AFP.

“En los países autoritarios o totalitarios, es la mano dura: se intenta llamar a los agentes considerados traidores y son ejecutados. Le ocurrió a cientos de agentes soviéticos”, explica el historiador francés Rémi Kauffer, especialista del mundo de los servicios de inteligencia y autor del libro “Les maîtres de l’espionnage” (“Los maestros del espionaje”).

Entre ellos figura Oleg Penkovsky. Este coronel de los servicios de inteligencia militares soviéticos, quien suministró informaciones a los Occidentales sobre el arsenal soviético durante la crisis de los misiles de Cuba, fue detenido en 1962, juzgado y ejecutado.

“Según los rumores que circulan dentro del KGB, fue quemado vivo en un horno y (es un tema que) no se deja de recordar a los nuevos agentes”, comenta Kauffer, para quien “la dureza de los métodos está en función de la necesidad de mantener una cohesión en el país y en los servicios”.

Otro ejemplo más reciente: Vladimir Vetrov, alias “Farewell”. Este famoso topo del KGB entregó a Francia a principios de los años 80 miles de documentos sobre el espionaje soviético y los nombres de casi 500 espías o agentes del KGB en Occidente. Tras ser desenmascarado, fue fusilado en 1985.

“En los regímenes democráticos, es mucho menos virulento, hay una forma de autolimitación. Se tiene que cuidar la opinión pública”, puntualiza Kauffer. En los casos que han salido a la luz, los “topos” suelen ser juzgados y condenados a duras penas.

Es el caso del estadounidense Aldrich Ames. Agente de la CIA durante más de 30 años, comenzó a transmitir informaciones a la Unión Soviética en los años 80. Su traición habría costado la vida a una docena de agentes dobles que trabajaban para Estados Unidos. Fue condenado en 1994 a cadena perpetua.

Secreto de Estado

Otros “topos” tuvieron más suerte.

Miembro del grupo de agentes dobles “Los cinco de Cambridge”, el británico Anthony Blunt, desenmascarado en los años 60, lo confesó todo al MI5, el servicio de inteligencia británico. Pero este gran historiador de arte es consejero de la reina… Su carrera de agente doble sigue siendo un secreto de Estado.

“En un país del Este, habría tenido un accidente de coche. Pero aquí, se corre un tupido velo hasta 1979, cuando estalla el escándalo. Entonces Blunt es identificado como traidor. Pero morirá en su cama”, dice el historiador francés.

“Hoy, por regla general, cuando un tránsfuga es identificado, una orden de detención pesa sobre él. Si es capturado, será juzgado y tendrá que purgar una pena”, afirma Alain Rodier, del Centro francés de investigación sobre los servicios secretos.

Según este antiguo oficial superior de los servicios de información exteriores franceses, “la liquidación de una tránsfuga, excepto en el caso de algunas dictaduras como Corea del Norte, no se practica en la actualidad”.

El reciente caso de Serguéi Skripal, hallado envenenado el domingo en Reino Unido, parece sembrar dudas. Este exagente doble ruso fue condenado en 2006 a 13 años de cárcel por haber facilitado informaciones a los británicos, antes de formar parte de un intercambio de espías en 2010 entre Moscú, Londres y Washington. Las sospechas apuntan ahora hacia Rusia, que niega cualquier implicación.

Algunos países no disimulan su determinación respecto a los que consideran como traidores, como el famoso caso Mordehai Vanunu.

El extécnico nuclear israelí, que reveló secretos del programa nuclear de su país, fue secuestrado en Roma en 1986 por los servicios de inteligencia israelíes. Fue transferido a Israel donde permaneció más de 10 años en aislamiento total.

Desde su liberación en 2004, sigue sometido a una serie de restricciones, incluida una prohibición de hablar con periodistas extranjeros y de abandonar el territorio israelí.

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