Lidis Méndez: La tragedia democrática del voto

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El implantado sistema socialista y la incapacidad democrática del liderazgo político nacional, son dos factores que impiden alcanzar la unidad como estrategia victoriosa para desmontar legítimamente el actual régimen político en Venezuela, cuyo logro más distintivo es desarrollar individuos impotentes, solitarios, inseguros y angustiados. Nuestro país es un suelo fértil donde se experimenta el más crudo socialismo autoritario de cara a la Comunidad Internacional.

En el campo de lo político, se perdió el valor de las ideas libres y el respeto por el debate, tal como se demostró en el medio “pan y circo” completo que ofrecieron los actores del reciente fracasado “diálogo” político, más no nacional. Mientras transcurre el primer trimestre, los venezolanos continuamos arrastrando con las fuerzas que nos quedan el peso de la indignante precariedad.

El clima electorero (ya no electoral) de 2018, se enrarece cual gas letal en medio de grandes disputas entre las pequeñas burguesías socialistas y las opositoras oportunistas. El incumplimiento de la ley, el marcado deterioro social y el flagelo de la hiperinflación, revelan una serie de circunstancias extremas donde el sentimiento de ser ciudadano está inmerso en una catarsis ante la vista de las miserias humanas que a diario suceden en los espacios públicos. Al mejor estilo de los griegos clásicos, el militarismo de Estado asume que el voto es un culto público, en lugar de una expresión reflexiva y democrática.

Los venezolanos del Siglo XXI padecemos de ciudadanía, nuestra psique colectiva asume el arquetipo de “hombres cabrones” o “sátiros” a medida que las circunstancias que vivimos solo nos generan piedad o terror. En medio del teatro institucional, se monta la obra de la tragedia democrática del voto, a través de la cual pretenden que en un solo día se eleve nuestra moral y se purifiquen las pasiones.

Nuestra tragedia democrática por el voto -al igual que la de los griegos clásicos-, es la eterna lucha contra el destino inexorable, ese conflicto interno entre nuestro deber, el poder, la pasión y el espíritu. Sin embargo, al observar que la situación del país sacude más duramente a los Estados Táchira, Mérida, Nueva Esparta y Anzoátegui, quien escribe este artículo entiende que el voto nunca es, ni será condición suficiente para garantizar el desarrollo, la seguridad, la salud, la alimentación y la paz social, mientras los gobiernos asuman el poder de manera discriminatoria y marginal. Votamos en elecciones regionales y municipales y las ganamos, pero nuestra suerte es tan lamentable como la del resto del país; en Venezuela mientras no se restituya el Estado de derecho, la Justicia, y se separen los poderes, votar no será más que una tragedia democrática.

Lidis Méndez
Secretaria de Organización

Unidad Visión Venezuela Mérida

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