Thays Peñalver: La unidad de “criterios”

Thays Peñalver @thayspenalver
Thays Peñalver @thayspenalver

 

Cuando se habla de unidad, se piensa de inmediato en que todos debemos pertenecer a un clan que funcione como partido único, pero hay una unidad más importante y por eso le pregunto: ¿Qué explicación le da a usted su líder, su representante, sobre la situación política y social de Venezuela, lo que vivimos hoy?. Le ruego que lo piense, porque paradójicamente de su respuesta depende y mucho, la verdadera unidad y posiblemente su futuro.

Vamos a los ejemplos personales, ¿Es usted, de aquellos que cuando le explican que el proyecto chavista y de Maduro es convertir a Venezuela en una nueva Cuba, responde convencido: “no chica, estos lo único que son es una banda de delincuentes, corruptos y narcotraficantes”? O es usted en contraparte alguien que de inmediato salta con entusiasmo a contestar: “Este es un gobierno que se esconde en la ideología pero no sabe lo que hace, manejado por un “autobusero” sin educación y populista que está destruyendo la economía”. Si es usted alguien que piensa así, o una combinación de estos dos pensamientos, es decir que estamos frente a un gobierno de malandros, que al no poder irse porque los agarraran para meterlos presos en cualquier parte del mundo, recurren a una dictadura populista extrema, comprando votos para esconderse, que el autobusero loco no sabe lo que hace y por eso está destruyendo la economía. Pues de ser así, usted es de la aplastante mayoría opositora.

Si a quienes piensan como usted, se une ese sector de la oposición, ideológicamente afín con el chavismo -que no es pequeño- pero que siempre ha creído y sostenido con firmeza que esta gente comenzó con un proyecto bien intencionado, pero lamentablemente se ha ido desvirtuando con el pasar del tiempo por la corrupción, el despilfarro, la ineptitud, la caída de los precios del petróleo y que pese a que ya no tienen tan buenas intenciones, tampoco saben como ejecutar programas de políticas públicas por no contar con gente capacitada o han sido sobrepasados por los corruptos. Entonces, con este nuevo argumento, la mayoría opositora se amplía significativamente con usted y los que piensan como usted.

Si usted se identifica con esa mayoría que reacciona de inmediato, cuando Maduro dice: “una vez que gane las elecciones, me aplicaré al 100% en la economía” y le responden en tono de sorna: “¡ah cuando ganes,si!, ¿por qué no te aplicas hoy?” Mientras explican en 140 carácteres los errores económicos que “deben corregirse” tales como “la emisión inorgánica de dinero”, “el financiamiento del déficit por el BCV”, atacar la corrupción y el despilfarro o como los que están empeñados en tuitear que todo se resolvería simplemente si Maduro entiende que debe “cambiar el modelo económico”. No hay duda, usted es un opositor practicante.

Ahora bien, si usted pertenece a ese casi tercio que ha venido evolucionando con su liderazgo. Es decir, usted ha progresado con sus políticos durante más de una década y ha pasado por todas las etapas y comenzó años atrás cuando Chávez prometía una gratuidad indebida y aplaudía la astucia de su político cuando decía para competir, que esa gratuidad era poca, que debería ser más grande. O cuando Chávez entregaba una vivienda pero sin otorgarle al beneficiario la propiedad, usted apoyaba a su político quien de inmediato replicaba que eso era fraude porque debían entregar la vivienda gratis y con los correspondientes documentos. Si cuando Chávez prometía misiones y su político sostenía que éstas debían estar contempladas en la Constitución, pero cuando se acabó el dinero su político -hay muchos matices- comenzó a transformarse hasta proponer que “tras el fracaso económico” producto del despilfarro y la corrupción, vivimos “con un candidato a dictador”, “en un gobierno que cada vez se parece más a una dictadura” o “esto ya una dictadura” (aunque lo fuera desde hacía mucho años antes) añadiendo que “es necesario que Maduro cambie su modelo económico”. Entonces usted vive en una dualidad permanente, atormentado por las preguntas y las contradicciones.

Ahora bien, si usted es de esa minoría demócrata, bien alejada de los que ofrecen soluciones inalcanzables e inviables y simplifican la situación, es decir, que usted es de los que han aprendido con los años que hay un grupo de venezolanos incapaces de salir a votar o de aguantar el más mínimo rumor de humo lacrimógeno en una marcha y que mucho menos saldrán enfurecidos a asaltar las bastillas (como ha pasado cada vez que ocurren episodios de manifestaciones, donde demasiados no se interesan en participar) y cree que el liderazgo mayoritario tiene que entender que el problema es más complejo y que deben urgentemente acometer más acciones; que no es un asunto de “cambiar el modelo económico” porque el problema radica en el “modelo político” que están implantando “a paso de vencedores”, es decir que usted sabe y entiende que todavía hay una minoría que sí le cree a Maduro cuando dice: “la crisis económica se debe a que no ha terminado de quebrarse el sistema capitalista” y que le creen más aún cuando anuncia en su campaña presidencial impuesta por él mismo: “en lo que gane trabajaré al 100% en la economía”, lo que para usted se traduce de inmediato en “terminar de imponer la economía socialista”. Pues permítame que le informe, usted pertenece a la minoría absoluta.

Si usted, a veces es considerado un lunático que se empeña en amargar el momento, la ilusión y la esperanza a todos -frente a sus amigos que ya no lo quieren escuchar o si lo escucharon y le creyeron, hicieron las maletas y se fueron- considera que a esta hora el chavismo tiene todo el poder nacional, regional y municipal, que ha consolidado en la práctica un “partido único” y además han desbastado los partidos políticos en sus bases y cuadros (dejándonos en la oposición sin opción de cargos de elección popular) es decir, que eliminada la oposición electoral por seis años o para siempre y con la ayuda de la nueva Constitución que aprobará la Constituyente cubana, el próximo paso que terminarán por dar será la implementación del proyecto socialista y aniquilar lo poco

que queda del sistema capitalista para transformar a Venezuela en uno de los tantos estados fallidos y fracasados, pues mi estimado, le comento que usted no llega ni al diez por ciento de los votantes.

Si usted es de esos que cuando ve que los aliados y asesores de Maduro explican que “alcanzada la presidencia” el próximo paso es “nacionalizar la banca (..) y terminar de aplastar los oligopolios” y no solo les cree, sino que entiende que van por las cuatro grandes compañías que quedan y si además, cuando trata de alertar a las futuras víctimas estos le responden “eso sería un suicidio”. Entonces, usted pertenece al pequeño mundo de los que tienen una claridad absoluta.

Y si mientras la inmensa mayoría de analistas liberales intentan abordar la hiperinflación y usted trata de explicar que eso es coherente con la política chavista y por consiguiente, intencional para acabar con el sistema de moneda y de ahorro e inversión del capitalismo o por ejemplo, cuando la mayoría sostiene que el éxodo de millones que se traduce en un inmenso “capital humano”, usted trata de argumentarles que el gobierno celebra la “expulsión de la clase media y profesional contrarrevolucionaria” o cuando los analistas hablan de la “crisis o catástrofe humanitaria” y usted, siempre mal pensado, sospecha que el régimen y sus asesores lo estiman como “un costo necesario” o un incidente “pasajero e inevitable” para implementar el sistema de distribución socialista, y así tener el control social de todos los venezolanos, entonces usted es sin duda de la exigua minoría.

Pero esto que está pasando en Venezuela es en extremo natural. Por eso siempre hago referencia al libro “La Peste”, de Albert Camus. Porque la gente, es decir la mayoría, no están hechos “a la medida de las plagas”. Cuando ven la primera rata muerta en la escalera les da asco, a la segunda y tercera ven una casualidad, cuando las ven apiladas celebran que estén muriendo las alimañas por cientos, pero nadie se ha dado cuenta que el primer humano muerto fue quien recogió a la rata de la escalera, los pocos que se dan cuenta cierran sus puertas o emigran y cuando al final llega la peste los que se han quedado piensan: “esto no puede estar pasando, es demasiado estúpido”. Por eso Camus sentencia que el problema es que aunque lo sea: “la estupidez insiste siempre”. E insiste amigos, sino pregúntenle cuan estúpido es el asunto, a un cubano.

El suicidio amigos es un acto de locura. Pero por serlo, no significa que no existen los suicidas o peor aún, los suicidas homicidas.

Allí es donde radica principalmente el verdadero problema de la “división” opositora. ¿Tienen razón la mayoría de los líderes?, ¿tienen razón los de la minoría del medio? o algo más dramático ¿qué pasaría si la minoría radical, es la que tiene razón? (Llamada radical por ir siempre a contra corriente) Repito, esto no es una estupidez, porque de ese criterio depende exactamente el programa opositor o en palabras sencillas, el tipo de oposición que hay que hacer.

Por eso lo importante es que más que una unión pública, exista una unidad de criterios, pero principalmente para entender la plaga que nos acosa, en palabras simples, conocer al enemigo. ¿Es esta una democracia imperfecta?, ¿Es esto un gobierno que perdió el foco y terminó siendo una dictadura?, ¿Es una dictadura liberal, militar de corte socialista o simplemente militarista?, ¿Es este un proyecto de dictadura comunista? El problema de nuestro liderazgo es precisamente esa indefinición y allí radica lo que vemos como una enorme división. Porque es la diferencia real entre atacar el problema en su justa dimensión o esperar el turno de cada quien para ir al hospital con fiebre, parafraseando a Camus. Sin esa unidad de criterios es imposible progresar, trazar y definir las metas opositoras. Es muy importante la diferencia entre saber los tiempos para dialogar o no, presionar o no, la diferencia en el tipo de tablero político en el que se está jugando, cómo usar el mapamundi o ir o no a una campaña electoral; establecer juntos la increíble diferencia entre arriesgarse a saltar a las calles y protestar o no arriesgar vidas, todo esto aunque parezca simple es vital a la hora de explicar a los líderes internacionales, nuestros aliados, el problema. También es importante explicar la inmensa diferencia entre aceptar a la Constituyente cubana o no en una negociación y también, entre educar a las masas en el problema o mantenerlas apáticas respecto a todo lo anterior.

Siempre hay que celebrar que la unidad opositora avanza, se amplía y comienza a educar a cada uno de los suyos. Nunca ha sido más necesario tener un criterio más amplio. Lo magnifico, es la creación de ese Frente amplio, lo bueno es que una parte del liderazgo opositor ha entendido, aunque tarde, que todo esto es algo más que una sarta de pillos ineptos, lo malo es que la enfermedad se ha diseminado masivamente, lo terrible es que la oposición puede perder nada menos que el apoyo de México, Brasil y posiblemente Colombia. Pero repito, la unidad puede percibirse en un acto público o en la firma de un acuerdo, pero solo puede ser eficaz, solo puede salir victoriosa, si primero llegan a la unidad de criterios, porque como pregunté al principio, para salir de “esto” y aunque suene estúpido a estas alturas, primero hay que definir: qué es “esto”?

Publicado originalmente en Venepress