Elecciones Cuba 2018: Obligados a votar, condenados a no elegir, por Jesús Delgado

thumbnailjesusdelgadoEntre el año 2017 y 2018 se desarrolló el proceso electoral cubano. Es un entramado altamente complejo que tiene como finalidad cubrir con un fino barniz seudodemocrático, una cruenta y despiadada dictadura obsesionada con el Estado total.

Aunque es más que conocido que la isla se ha manejado según los designios hegemónicos de dos hermanos por más de 50 años, se ha trabajado muy poco su complejo sistema electoral.

Para simplificarlo, podemos decir que el ciclo electoral comienza con las llamadas “Asambleas de Nominación”, en las que, en teoría, los ciudadanos comunes (que no ocupan ningún cargo) puede ser postulados para ser candidatos a las Asambleas Municipales; el nivel más bajo de gobierno, al que le siguen las Asambleas Provinciales y la Asamblea Nacional. Esta última designa al Consejo de Estado que a su vez elige al Jefe de Gobierno.

Visto de esta manera, no se evidencian rasgos dictatoriales. Y esa es justamente la idea del régimen, emular una democracia asamblearia que realmente esconde un férreo régimen que controla hasta el más mínimo detalle del proceso.

En una democracia genuina, son los ciudadanos, organizados en partidos políticos, los que son postulados para los cargos de elección popular. Si las elecciones son transparentes e integras, estos ciudadanos, convertidos en candidatos ganadores, asumen sus cargos y son libres de ejercer las competencias propias del mismo, con las limitaciones que impone la ley.
Pero para que esto se dé, los ciudadanos deben tener consagrados sus derechos políticos, y entre ellos, el derecho fundamental de elegir y ser electo. Todo régimen que no cumpla con esta premisa no puede ser considerado democrático. E incluso cumpliéndose, la garantía del derecho de elegir y ser elegido es necesario, aunque no suficiente, para que un régimen sea calificado de democrático.

Pero en Cuba ni siquiera este primer paso es respetado; y, de hecho, es uno de los rasgos fundamentales por los que se califica como una dictadura. En la isla, el único partido con entidad legal es el Partido Comunista, que atraviesa a todo el Estado. Las organizaciones a través de las cuales la cúpula gobernante regula todos los procesos electorales están conformadas por seis grupos que, bajo una fachada de movimientos sociales, se encargan de identificar, amedrentar y vejar a toda posible disidencia.

Ya en el nivel más bajo de elección, es decir, en las preliminares Asambleas de Nominación, se encargan, junto con las Comisiones de Candidaturas y otros entes, de que ningún candidato crítico e independiente pueda si quiera postular su nombre para ocupar un cargo en las Asambleas Municipales.

Para lograr este cometido son capaces de cualquier cosa. En un episodio que solo se me ocurre tildar de tragicómico, a un candidato independiente llamado Confesor Verdecia se le impidió postularse como candidato en la Asamblea de Nominación de su circunscripción. La estrategia fue nada más y nada menos que impedirle la salida de su casa por una supuesta conjuntivitis. Aunque efectivamente Verdecia había sufrido esta infección, se había recuperado de la misma días antes de la celebración de la asamblea. Sin embargo, una comisión de salud pública se presentó en su casa y le hicieron un “ingreso domiciliario”. El afectado relató:
“A las 7:45 de la tarde, cuando pretendía asistir a la Asamblea de Nominación de Candidatos, dos hombres con bata blanca, pero que evidentemente eran segurosos (de la Seguridad Nacional), estaban frente a mi casa para impedir que saliera de mi falso ‘ingreso domiciliario’. ¡Es algo increíble! No me resistí, solo quise burlarlos y salir con cautela por el patio trasero, pero allí estaban nuevamente”.

Distintas plataformas opositoras buscaron, infructuosa
mente, postular candidatos para este nivel de gobierno. Pero el inescrupuloso control del castrismo impidió que tan siquiera un candidato independiente pudiera ser postulado y resultar posteriormente electo en las Asambleas de Nominación.
Lo que viene a niveles más altos es harto conocido. La imposibilidad de elegir libremente para los cubanos es tal, que en las elecciones a la Asamblea Nacional del pasado 11 de marzo, había tantos candidatos como escaños a elegir, a decir, 605. Por lo tanto, los “electores” solo podían aprobar la lista de candidatos que preseleccionaron las Comisiones de Candidaturas, evidentemente controladas por la cúpula del Partido Comunista.

Las elecciones en Cuba son un decálogo de irregularidades y perfectamente pudieran ser el manual de cómo no deben ser unos comicios; donde los electores se ven obligados a votar, pero condenados a no elegir.