Donald Trump: ¡El Mejor Amigo de Venezuela!, por Juan Carlos Rubio Vizcarrondo

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Donald Trump es el hombre de las mil controversias, el dirigente al cual se le odia para presumir “inteligencia” y la manifestación viva del hastío hacia los políticos convencionales. Por tal razón, no es para nada sorprendente que no sea “caché” el atreverse a reconocer sus logros y aciertos, o inclusive, aceptar los beneficios de su gestión como Presidente de los Estados Unidos de América. Sin embargo, en lo que a la causa libertaria venezolana respecta, es menester separar a la paja del trigo y a lo ideológico de lo fáctico, lo que es decir, no titubear en reconocer a nuestros aliados a pesar de los dogmas o sentimientos personales.

Cuando catalogo al Presidente Trump como el mejor amigo de Venezuela, no lo hago para desacreditar a la importancia del apoyo de otros factores internacionales, como el del honorable Secretario de la OEA Luis Almagro, por decir un ejemplo, sino para indicar que Trump, por ser el líder del país más poderoso del planeta, es nuestro aliado con mayor capacidad de coerción contra la tiranía que nos oprime. En tal sentido, no hay indignación posible que pueda servir para invalidar, ignorar o desacreditar tal realidad. Lo amemos o lo odiemos, la existencia de la Administración Trump ha probado ser beneficiosa para los venezolanos que aspiran al cambio.

“¿Por qué ha sido beneficiosa?”, estará preguntándose en este momento el lector. La respuesta es que el cambio de mando en Estados Unidos ha llevado a un giro de trescientos sesenta grados en el manejo de la política exterior. Al ser la Administración Trump el polo opuesto de su predecesor en el manejo de sus relaciones con el mundo, vemos que se acabaron las políticas de “liderar desde atrás” y se ha regresado a la tesis de marcar la pauta en el ámbito internacional. Como reflejo de esto, para nuestra suerte, se denota el abandono de las tácticas de apaciguamiento, en relación a las tiranías, para sustituirlas por acciones encaminadas a la paz a través de la fortaleza.

“¿Con qué se come tal paz?”, puede preguntar seguidamente el lector. Bueno, mi respuesta es con todo lo que se ha visto hasta ahora en relación a Venezuela. Con apenas un año en el gobierno, duélale a quien le duela, la Administración Trump ha sancionado a un total de cincuenta y siete funcionarios del régimen, incluyendo al déspota Nicolás Maduro Moros. No bastando con eso, el Departamento del Tesoro ha establecido sanciones económicas contra la tiranía a través de la prohibición de nuevos endeudamientos con Petróleos de Venezuela y el uso de la supuesta criptomoneda denominada “el petro”. Todas estas medidas son acciones que los venezolanos, pensemos como pensemos, debemos apreciar porque las mismas tienen como objeto desquebrajar a las estructuras internas del régimen.

Más allá de las sanciones en sí, también debe puntualizarse toda la labor de promoción y coordinación que esta administración ha hecho por la liberación de Venezuela. ¿Recuerdan la reunión del Consejo de Seguridad bajo la fórmula Arria auspiciada por los Estados Unidos para tratar nuestra crisis? ¿La gira del, entonces Secretario de Estado, Rex Tillerson por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica en el cual el tema central fuimos nosotros? ¿La visita del vicepresidente Mike Pence a Latinoamérica en el que se ventilaron posibles soluciones para el conflicto? ¿Ese cumulo de sanciones posteriores emitidas por Canadá y la Unión Europea como reacción a aquellas emitidas por los americanos? Como podemos ver, la ayuda ha sido grande y considero que lo seguirá siendo.
¿Puede Donald Trump, por sí solo, sacarnos del despotismo que nos aflige? Probablemente no, pero el país que él representa tiene un rol ineludible en la salvación nacional dada la naturaleza criminal de quienes nos oprimen. ¿Hasta dónde puede llegar ese rol? Aun tomando en cuenta a los escépticos, pienso que de continuar el régimen en su avanzada, bien podría llegar la mayor sanción económica de todas: el del embargo petrolero. Si trágicamente la tiranía continúa a pesar de todas las vicisitudes de una población sufrida de treinta millones de personas que repletarán campos de refugiados en todas las Américas, no podrá postergarse más el último remedio posible: la intervención humanitaria. Sé que la mayoría de las personas mofan la posibilidad de una solución militar en Venezuela, y a éstas les digo: no subestimen la profundidad del foso en el que estamos cayendo.

Hacia el futuro próximo no me cabe duda que hay muchas más sanciones en el horizonte. Las designaciones de Mike Pompeo como Secretario de Estado, John Bolton como Asesor de Seguridad Nacional y Gina Haspel como Directora de la CIA muestran claramente la línea dura que sostiene el Presidente Trump en lo internacional. Todos ellos han sido enfáticos en afirmar que el régimen venezolano es una amenaza tanto para la región como para los intereses americanos. Ahora bien, en esta conjetura tan difícil para la nación y considerando todos los hechos, debo mostrarme agradecido que Donald Trump sea el presidente cuadragésimo quinto de los Estados Unidos. No conozco, ni pienso juzgar la calidad de su labor en los asuntos internos estadounidenses, pero si afirmo como venezolano, sin temor a equivocarme, que es el único Presidente de EE.UU. que se ha plegado contundentemente a nuestra causa. Uno que se deja de tantas declaraciones de preocupación, como es lo usual en la diplomacia, y pasa a la acción.

@jrvizca