Erik Del Búfalo: “La lucha no es por el agua ni la comida. Es por el modo de vida”

Erik Del Búfalo / foto Gumilla.org
Erik Del Búfalo / foto Gumilla.org

 

Erik Del Búfalo, filósofo y profesor en la Universidad Simón Bolívar habló de la ética y los principios en la política; insistió en desenmascarar a los colaboracionistas de la dictadura y planteó sus propuestas en entrevista con Orlando Avendaño para Panampost

Se aproxima un proceso electoral fraudulento, la dirigencia “opositora” atraviesa momentos desfavorables e impera la incertidumbre entre la sociedad. En medio de esta coyuntura, Erik Del Bufalo lanza tuits como dardos ponzoñosos. Se asume como una pequeña linterna en medio de una perversa oscuridad. Es una de muchas y no le encanta reconocerlo; pero es lo único que puede hacer desde su tribuna.

Del Bufalo es doctor en Filosofía por la Universidad de Paris X, una de las más prestigiosas de Francia. Es catedrático en la Universidad Simón Bolívar en Caracas y ha publicado obras como Deleuze et Laruelle. De la schizoanalyse à la non-philosophie, El rostro lugar de nadie: Erotismo, ética y umbral en la obra de Alí González y es coautor de La política encarnada.

Representa ese oficio marginado en un país que suele desdeñarlo. Es el filósofo que descuella en un entorno de políticos, periodistas y opinadores. Su agudeza le ha merecido un espacio que, también, lo ha puesto como objetivo de un tropel que lo detesta. Es la lucidez, la franqueza y, sobre todo, la honestidad iritante de sus palabras lo que lo convierte en una figura pública incómoda para algunos.

En una amplia y profunda conversación, Erik Del Bufalo habló de la ética y los principios morales. Insistió en que los colaboracionistas de la dictadura deben ser señalados —porque son parte esencial del sistema— y planteó sus proposiciones para lograr que se restituya la libertad en Venezuela.

La revista Zeta —entre paréntesis, Rafael Poleo—, publicó el domingo una supuesta investigación en la que se revela que el presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio tiene doble nacionalidad y, por lo tanto, insiste la nota, no puede asumir sus funciones, ¿qué opina?

Me pones en una situación muy difícil porque me pides una opinión y no un insulto.

No, bueno, es completamente desafortunado, por lo menos en dos aspectos: el primero es el momento, justo el momento de sacar esa investigación, cuando se está a punto de tomar una decisión que le haría más difícil a la tiranía su legitimidad de desempeño. Y en segundo lugar, por el sujeto: que implica un apoyo implícito a Maduro.

O sea, deslegitimar al TSJ, que viene de la única institución que tenía algo de legitimidad en Venezuela, todavía —aunque hayan puesto tantas veces la torta—, que es la Asamblea Nacional; es signo inequívoco de que está jugando para Maduro.

Los momentos son más importantes que los contenidos a veces.

Claro, de repente podríamos estar hablando de una información real y que en cualquier otra situación debería tener una relevancia e importancia para el interés público; pero, porque ayer el hijo de Poleo trató de defenderse, diciendo que se trataba de una investigación periodística y que obedece a las intenciones de revelar las verdades independientemente del bando…

Además de que esa no es una investigación de la Asamblea. Es una investigación periodística, o sea, ¿por qué la hace en este momento? ¿Por qué no remitieron eso antes a la Asamblea Nacional?

¿No abre eso, nuevamente, el debate sobre la ética en el periodismo?

Bueno, pero es que hablar de Rafael Poleo y la ética en el periodismo… Es difícil ponerlo todo en una sola oración. Yo pienso que los periodistas deberían ellos mismos ser solidarios. Deberían ser muy exigentes, ¡casi crueles!, con la gente que se presta a la palangre, a ser francotirador de intereses políticos, porque desprestigia a todo el gremio.

Y en Venezuela lamentablemente ocurre al revés. Hay una especie de cierta complicidad. De solidaridad automática con personas como Rafael Poleo que, es increíble que sea respetado aún. ¡Y entre los mismos periodistas! O sea, el nivel de descaro, de palangre, de manipulación política… el nivel es tan bajo. A mí me asombra que no se le haya aislado.

Claro, independientemente de si se está de acuerdo o no, todavía parece haber reticencia para señalarlo, por el hecho de lo que representa Poleo. Pero bueno, en lo que quería insistir era en cuanto al trabajo periodístico. Porque creo que es importante resaltar que esto es un atentado en contra del periodismo noble, del loable, del que se debería apegar a ciertos principios. No sé qué opine usted.

Por eso. Es que el periodismo loable; el periodismo de principios y de verdad, debería ser muy, muy duro con aquellos que tratan de usurpar y manipular.

Es muy triste. Más allá de eso no sé qué decir. Obviamente se trata de un momento político de la revista Zeta, ¿y cuál es el fin de eso? Deslegitimar al TSJ y legitimar a Maduro.

Si haces eso es porque tienes el interés de apoyar a Maduro. No hay otra explicación.

¿Es lo inoportuno de la noticia lo que lo vuelve un acto innoble?

Bueno, pero el TSJ tiene tiempo ya. Los magistrados del TSJ en el exilio tienen ya tiempo. No fue ayer que los nombraron.

Siguiendo esta línea, ¿no debería cada individuo, el periodista, el militar, responder a ciertos valores y principios éticos antes de todo?

Sí. El problema de la ética es que tiene dos dimensiones. Tiene una dimensión individual, que es la fundamental, que son las decisiones que toma un sujeto en particular en su propia actitud ante la vida. Y también tiene la dimensión pública, que muchas veces se cae en la falacia de creer que la política es una ciencia y la ética es otra cosa.

Ciertamente, son dos esferas distintas. El problema es que la política es una esfera que tiene que estar más o menos sometida a la ética. Sino, se cae en sociedades anómicas que se autodestruyen, como en nuestro caso. Aunque lo político sea otra dimensión de lo ético —así como lo jurídico es otra dimensión de lo ético y lo político—, tiene que estar más o menos sometido, en un grado, a la esfera ética de la vida. Porque sino, las sociedades entran en conflicto y se vuelven sociedades delincuenciales. Un poco lo que explica la llegada y el mantenimiento del chavismo es eso. Y lo que explica actitudes como la de la revista Zeta.

No es nada más un problema de ética profesional; sino un sentido de ética estricto. Si mi acción libre, afecta a los demás y contribuye a destruir a la sociedad, afecta también mi propia individualidad y mi propia eticidad. Por lo tanto es una dialéctica entre lo público y lo privado. Y si no se entiende eso, no se entiende el origen de las instituciones y el de la República.

Y en eso último creo que tocamos un punto. Nosotros a veces pensamos en la política más allá de la idea de la República, que es una sociedad de instituciones que dependen de una ética fundacional, que es el respeto a la libertad, a que todos estamos en las mismas condiciones de legalidad.

No sé hasta qué punto, y esta es mi preocupación esencial, en Venezuela entendamos la importancia de una República en el sentido de Estado de derecho; aún incluso después de vivir dos décadas de oscuridad anti-republicana.

Son estos principios a los que debería estar subordinado cada individuo…

Por él mismo, además. Porque es lo que lo salva. O sea, justamente, la ética no es una cosa que se agrega a la vida. Sino, digamos, es la esencia de la vida en cuanto es una vida humana, una vida libre. Y un ser libre, que no está determinado por la naturaleza ni por nada, está obligado a decidir sobre su vida entre varias opciones. Entonces un ser libre es un ser que decide desde pequeño.

En la medida en que es un ser que decide, es uno que está sometido a la ética. Porque yo puedo decidir entre lo correcto y lo incorrecto. Entonces en la medida en que un ser humano es un ser libre, es un ser ético por excelencia. Si yo quito ese nivel de eticidad, si suprimo ese nivel de decisión, vuelvo al hombre una especie de animal, de biomasa. Al final lo degrado casi a ganado, como vimos en el siglo XX estos trenes infames de Auschwitz o estos trenes que llevaban al gulag. O sea, la ética no es una añadidura. Es medular.

¿Y estos principios forjan la ciudadanía?

La idea de ciudadanía se monta sobre el individuo que decide, de un individuo moral. Un individuo que está obligado a ser ético; y entonces la ciudadanía no es más que la expresión pública de ese individuo, de esa persona privada que está obligada a decidir… En un sistema que costó mucho, que fue llegar a la República. Cuando se llegó estuvo oscurecida por varios siglos, hasta que volvió a surgir.

Entonces, digamos, la idea de ciudadanía no es trivial. Ser ciudadano no es tener pasaporte. Ser ciudadano es ser un individuo que es respetado por el Estado y que se hace respetar.

¿Que participa?

Sí y que es respetado. Hay una esfera de su vida en la cual el Estado no se puede meter. En ese sentido es un ciudadano.

Pero, cuando están ausentes ciertos principios éticos…

¡Son políticos también! O sea, la expresión republicana es la expresión política de esa visión ética del ser humano. Y esto no se puede olvidar. Porque si yo quito eso… Fíjate, y eso te lleva a cierta visión economicista de la cosa: porque el hecho de que haya economía de mercado no me garantiza eso. Yo en China tengo economía de mercado. Pero yo en China no tengo República ni Estado de derecho. Entonces es una dialéctica muy limitada que no se sostiene solo de la economía.

Precisamente eso es la República, ¿no? Cuando todo está integrado…

Cuando hay ciudadanía en el sentido estricto. Y lo contrario a un ciudadano es un súbdito. Un esclavo. Un sumiso. Cuando alguien está sometido a las gracias del poder. Y eso puede ser por la aristocracia o por los regímenes totalitarios de cualquier corte.

Eso es lo que genera el colectivismo.

Sí, eso es lo que genera. Es una supresión del ciudadano. Una supresión pública, que es vital.

Ok, volviendo a la pregunta, en cuanto a los principios, ¿cuando están ausentes uno puede rebajar el carácter cívico de una persona? Por ejemplo, el caso de Gustavo Dudamel que es un hombre talentosísimo, ¿se puede rebajar su carácter cívico porque ciertos principios éticos estén ausentes?

El caso de Dudamel es curioso, ¿no? Porque uno tiende a ser muy rápido en juzgarlo de un lado y de otro. A mí no me gusta personalizar si alguien es ético o no, porque yo tampoco soy el tribunal de la razón. No me gusta poner a la gente en esa posición. Pero, digamos, él se prestó a ser parte de la propaganda, pero a la vez se rebeló en contra de esa propaganda. Ahí vemos el caso de que una persona siempre es un individuo. Siempre está subordinado a la ética.

En algún momento Dudamel pudo haber decidido seguir en el juego y no rebelarse. Lo importante es que haya decidido.

Pero si no lo hubiera hecho, u obviando la figura de Dudamel, ¿uno puede rebajar el carácter cívico de un individuo por la falta de ciertos principios?

Ser ciudadano no tiene nada que ver con ser famoso o lo que sea. Es una relación muy sencilla entre la persona humana y el poder. Que aplica a todo y debe ser universal. El hecho de que yo sea un gran médico, un gran científico o un gran artista, no me hace más o menos ciudadano. Lo que me hace ciudadano es mantener mi dignidad ante las aspiraciones del poder.

Y cuando hay Estado de derecho, el ciudadano debería estar apegado al Estado de derecho. Y cuando no lo hay, tiene la obligación de luchar para que se restituya. Eso es lo que debería ser un ciudadano.

«Ética y principios». La coyuntura actual es dramática en todo sentido, ¿hasta qué punto puede mantenerse impoluto un ciudadano, tomando en cuenta el contexto tan corrupto y corroído?

Hay que tener mucho cuidado. La ética no tiene nada que ver con ser impoluto o ser un santo o estar libre de pecado. El ser humano es un hombre imperfecto. La ética no viene de ser puro o inmaculado. Existe justamente porque estamos en un mundo imperfecto. La ética no tiene nada que ver con la santidad.

Tiene que ver con tomar decisiones difíciles, que no siempre son las mejores, pero son las correctas.

Ok, para ejemplificar lo que quería decir —porque hay una discusión, dilemas, incluso que yo mantengo todo el tiempo—, ¿qué se puede condenar y qué no? ¿Recibir una caja CLAP, anotarse en una lista para recibir un carro subsidiado por el Estado, todo aquello que uno pudiese, quizá desde una tribuna privilegiada, condenar, son faltas éticas? 

Podrían serlo, pero no en sí mismo. A mí me gusta mucho la fórmula kantiana. La ética no tiene que ver tanto con lo que es sino con lo que debe ser en el sentido en que yo debo proponer universalmente, para todos, lo que yo creo que es correcto.

Si yo pienso que es correcto para todos, que todos coman de bolsas CLAP, entonces yo sería ético si yo la acepto…

Si tú supones que eso es lo correcto, entonces…

Si eso se puede ofrecer a todos. Por eso es que la ética debe ser autónoma de la ideología; y eso no pasa —incluso en los liberales—. Es un problema grave. Porque lo ético no está en el contenido sino en el juicio completo de por qué se forma algo o no.

Eso es con la bolsa CLAP. Ahora, con la lista no. Porque si yo estoy en una lista por un carro y sé que eso excluye a los demás, entonces no puedo ser ético. Porque universalmente no se puede estar en una lista. Si fuese así no habría lista. La lista en sí misma no es ética.

Entonces, ¿qué es lo ético? Que todo el mundo tenga la misma posibilidad que yo. O lo que se decía antiguamente: lo que yo deseo para mí lo puedo desear para todos los seres humanos.

Pero no que todos tengan acceso al carro, sino que todos tengan la oportunidad de entrar en la lista, ¿no? Pero, es decir, tampoco la idea sería caer en una igualdad forzosa en la que todos…

La ética no es una igualdad de contenido. La ética supone que todos somos iguales en el sentido en que todos somos libremente iguales. No hay hombres menos libres que otros. Y como la esencia humana es la libertad, lo que importa es que todos seamos iguales. No que seamos accidentalmente iguales. Lo esencial en el ser humano es que no es una máquina, es un ser libre.

Lo que es moralmente igualitario es que prediquemos la universalidad de la libertad del ser humano. Por ejemplo, yo no puedo desear, si yo soy libre, que otros sean esclavos. O que mi libertad dependa de que otros sean esclavos. Y esa es la idea de igualdad. Esto no tiene nada que ver con los ingresos ni con la educación, sino con este principio básico.

Yo no sé qué quieres tú ni qué quieren los demás. Lo que yo sé es que tú eres igualmente libre que yo y lo que tengo que respetar es esa igualdad. La de tu libertad. Eso es lo que significa igualdad, al menos en el sentido de las revoluciones americanas y francesas.

¿Hasta qué punto este debate debe cubrir el campo político?

Pongámoslo en una antinomia ¿Qué pasa si lo político es absolutamente autónomo de lo ético? ¿Y qué pasa en el caso contrario, que lo político está sometido a lo ético? Si lo político es absolutamente autónomo de lo ético, también lo es de lo jurídico. Porque las leyes vienen de un origen ético. Cuando digo que está prohibido robar o matar, eso no viene de la ley en sí misma. Existe una comunidad de valores anteriores que juzga que matar o robar es malo. El sistema jurídico se somete siempre.

Incluso los teóricos como Kelsen, que son los más puristas, al final llegan a esto: existen un sustrato ético originario. Las leyes no son en sí mismas cualquier cosas. Yo no puedo cambiarlas según me dé la gana. Hay un sustrato ético que se cumple.

Si yo digo que la política está absolutamente liberada de lo ético, también de lo jurídico. Si planteas que existe una política puramente revolucionaria, en el sentido en que desde lo político tú puedes cambiar todo, es un desastre.

Cuando lo político está sometido a lo ético, también está sometido en cierto grado a lo jurídico. Entonces estoy hablando justamente de que el poder está regulado y está sometido por el control de la sociedad y el control de las instituciones. Cuando no es así y yo pienso que lo político va más allá de eso, cuando las instituciones deben estar sometidas a lo político, es una idea particularmente jacobina revolucionaria y catastrófica. Cuando hay esas ideas, los países quedan devastados.

Esa es una idea más que todo de ultraizquierda. Decir que lo político es autónomo y, por lo tanto, la revolución tiene su propia moralidad y su propia legalidad.

¿Debería estar siempre subordinado independientemente de qué es lo que conviene a la sociedad? Por ejemplo, ahorita con el caso de PPK en Perú, yo llegué hasta el punto de defenderlo por lo que estaba ocurriendo. Creía que los peruanos cometían un error; pero después me dije: “Ya va…”

Si yo defiendo a PPK debo defender a Lula también.

Claro, son corruptos. 

Ahí es cuando se degrada todo. Si yo pongo la ideología sobre la ética, digamos, porque yo soy liberal o soy socialista, ahí destruyo la estructura de la sociedad. Y esa no es una idea correcta de pensamiento.

Volviendo al debate político actual, ¿esta es una lucha de principios? 

Es una lucha fundamentalmente de principios. Es de modo de vidas. ¿Yo quiero vivir como un ciudadano libre o como un ser subyugado por el Estado? Esa es la única lucha que hay.

La lucha no es por el agua, no es por la comida. Es por el modo de vida. La existencia. ¿En qué condición quieres vivir tú? ¿Un ser miserable que vive de las dádivas de un poder caprichoso? ¿O un ser humano que puede ser dueño de su destino?

¿Pero es un discurso atractivo? 

¡Yo no sé! Pero es el discurso que es.

Pero si es el que es y no es atractivo… El caso de María Corina Machado. Ella habla bastante de esto, lo utiliza mucho en sus discursos, ¿pero esta retórica abstracta no es lo que, en todo caso, le restaría popularidad? 

Es que, digámoslo así. Voy a poner un caso muy radical: si tú no luchaste primero por tu libertad, y te sometiste a la esclavitud, ya no hay ninguna otra lucha que valga. Ya perdiste lo que podía haber sido digno de disputar. Si ahora lo vas a hacer por comida, agua o luz, como igual ya estás sometido por un Estado, no tienes nada que hacer.

¿Hay que insistir en eso? 

Sí. Y si hay mucha manipulación y oscuridad de lado y lado… Si hay muchas cortinas de humo; nuevamente: se debe insistir en eso. Las verdades no son verdades porque la mayoría lo quieran o no. Ojo. Las verdades son verdades en sí mismas. Se mantienen de por sí. La idea de la libertad no es verdadera porque haya gente que crea o no en ella. Se fundamenta en sí misma.

Ahora, yo no soy político. Quizá si lo fuera yo tuviera la astucia de propagar mejor mi mensaje. Pero yo no estoy propagando un mensaje.

Claro, usted no tiene interés en sumar gente…

No, claro que tengo un interés como ciudadano en que fundemos una República. Por supuesto. Pero esa tiene que ser una idea en sí misma. No tiene por qué ser la idea de un candidato. Tiene que ser del ciudadano. Más allá del candidato.

Yo hablo horizontalmente y eso tiene una incidencia limitada. Ahora, mientras la gente continúe pensando todo en un corto plazo: que Maduro es malo, que estos son malos y que no es todo un sistema; pues seguiremos estando un poco perdidos. ¿Qué hace uno cuando está perdido? Bueno, si uno tiene linternita y no hay luz, uno ayuda con su linternita. Es lo único que uno puede hacer.

¿Si esta es una lucha de principios, podemos dividir a los actores en bandos? 

El problema es que los bandos lamentablemente, y te lo digo con mucha seriedad, a veces no es claros cuáles son.

Pero son dos bandos, ¿no? Si es una lucha de principios debería ser entre quienes se someten a estos y quienes no tienen ninguno.

Hay un solo bando. En el sentido en que, no es que es entre chavistas y antichavistas, no. Hay que verlo entre ciudadanos y un sistema opresor. Esa es mi única visión. Ahora, si Dudamel me guste o no, no importa porque él no es parte del sistema opresor, aunque se haya prestado o haya simpatizado.

Mi problema es contra los que ocupan y mantienen un sistema tiránico y la idea de República posible. Esa es mi idea de unidad.

¿A quién pudiésemos incluir en el bando del sistema?

Hablar de oposición ahorita es incorrecto, porque esto se basa en un sistema de alternabilidad, que no lo hay. En todo caso podríamos hablar de resistencia.

El Frente Amplio, antes Mesa de la Unidad Democrática, ya exánime…

No, no ha muerto.

La idea de la MUD, Frente Amplio, lo pongo en una sola cosa como tú bien dices, se basaba en que esto era una cosa muy ridícula que inventaron unos politólogos venezolanos: que esto era una dictadura competitiva. Esto sería una dictadura que compite democráticamente.

“Dictadura competitiva”. Eso es un oxímoron. 

Si. Entonces esa idea absurda la supone la MUD. Pero ese disparate, ¿por qué estaba ahí en última instancia? ¿Porque eran unos loquitos que no sabían pensar? No. Yo pienso, lamentablemente que es porque eran cómplices.

La gente no cree en un oxímoron así. Claro, a lo mejor muchos chamos, sobre todo jóvenes políticos, se metieron en esto y seguramente creían que esto era así. Lo grandes dueños del bono de la deuda, los grandes dueños de medios… Los titiriteros de los títeres políticos terminan siendo cómplices por negocios con la dictadura. Y siguen siéndolo.

Por eso es que yo no hablo de bandos porque, yo soy muy escéptico a estas alturas. Te lo digo así con toda sinceridad. Mantengo teóricamente un escepticismo por si acaso. Tampoco uno puede confiar en un político 100 por ciento. Y eso no es bueno, además. Hay un velo de sospecha sobre casi toda la política venezolana.

¿No se atrevería a meter la mano por ningún dirigente?

Por última instancia, si me obligan, metería la mano solo por María Corina Machado. Porque la conozco y sé de su ética; pero incluso sabiendo eso, políticamente debo decir, por higiene, que no. Ella al final es un político y yo soy un simple ciudadano y debo de tener un límite.

Uno tiene que ser vigilante…

Uno debe serlo siempre. No puedes dar cheques en blanco. En Venezuela tenemos esta idea del caudillo y que le damos un cheque en blanco al caudillo y que haga lo que le dé la gana, y eso no puede ser.

Yo imagino que, como usted es bien crítico con la Mesa de la Unidad en sus redes sociales, le habrán dicho —porque a mí me lo han dicho—: “Bien, está bien, la Mesa de la Unidad es un desastre…”

¡No me vayas a preguntar “¿y tú qué propones?”!

No, no todavía. Pero a usted le dirán: “…Son un desastre, pero ellos no son el objetivo. No son el enemigo”

El enemigo es el sistema. Y si ellos son parte del sistema, son parte del enemigo. Es así de sencillo. Si ellos dicen que son oposición, están diciendo que son parte de un sistema. De la alternabilidad que no existe. Son parte de un sistema implantado en Venezuela, que no es Maduro. Es «la República Bolivariana», dicho elegantemente. En el fondo se refiere a un proceso totalitario. Hacia el totalitarismo.

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