La vida en bonos, por Rubén Limas

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La crisis económica y el deterioro del salario ha sido tan cruel con el venezolano que a la fecha buena parte de los venezolanos no puede pagar el pasaje de autobús para ir al trabajo. Ese problema lo tenemos todos, el médico, la enfermera, el profesor universitario, el docente de escuela y los estudiantes, el bombero, el policía, la secretaria, el operario, el gerente y el obrero, el comerciante y el buhonero. Incluso, hasta en cualquier ministerio, el ausentismo laboral se disparó de 8% al 40% sólo en el primer trimestre del año. Ahora bien, ¿cuál es la promesa presidencial de Nicolás Maduro?, ¿Cuál es el remedio que en 5 años no se ha aplicado, pero que en los próximos 6 si se hará?.

El gobierno dice que logró “carnetizar” a 16 millones de Venezolanos, si eso es verdad, aun faltaría para llegar a los 30 millones de habitantes, no obstante, lo que comenzó con el fulano “bono de navidad”, ahora es un bono que va haciéndose efectivo tras cada fiesta (bono de Reyes, bono de Carnaval, bono de la Mujer, bono Semana Santa…). Pronto, tal como va evolucionando la inflación, deberá darse el bono de fin de semana y, antes de las elecciones, un bono diario. Esa sería la única forma en la que pueda sobrevivir un país que no puede trabajar. 30 millones de bonos para 30 millones de habitantes. Esa es la solución presidencial: “limosnas para todos, trabajo para nadie”, pero, no obstante, si el fenómeno de la inflación, como explican los economistas, crece en la medida en que aumenta la circulación de dinero sin respaldo, eventualmente tendremos que llegar a entregar un bono dos veces al día. ¿Para dónde vamos con esto?

¿No será mejor aplicar aquella frase bíblica de “enseñar a pescar antes que dar el pescado”? ¿No será mejor controlar el gasto público para que la inflación no se coma al salario? ¿No será mejor estimular la inversión privada, asegurar la rentabilidad de las empresas sin los “precios justos” o el mercado negro? No importa si el Bolívar es “fuerte” o “soberano”, o si tenemos Petros o si “dolarizamos” la economía, cualquiera queda pulverizado. El problema es que tenemos un gobierno enemigo del trabajo y la productividad.