Simón García: Se mueve la esperanza

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Falcón ha logrado una proeza. Su coraje para optar por una participación electoral, en deslinde con sectores muy simbólicos y de alto peso en la oposición, está rindiendo sus frutos. No sólo por su tenacidad personal y su interés en conservar la unidad recreándola, sino porque su decisión lo conectó con el sentimiento dominante en el 80% de la población: parársele al régimen y decirle basta.

El mito del chavismo invencible y la idea paralizante de que no se le puede ganar a la actualización del fraude que armó después de su derrota del 2015, están a punto de pasar a la historia como uno de los recursos más eficaces del poder para ponernos a pensar con su cerebro.

El desastre de Maduro, convertido en el primer obstáculo para la sobrevivencia del país, ha puesto a la gente ante el imperativo de derrotar la ilegalidad del régimen. Las salidas testimoniales y los derrocamientos ficticios lo atornillan. Su implosión y su desplazamiento es más factible por vía electoral y con la defensa activa de la Constitución.

Falcón ha tenido la virtud de poner en evidencia que las elecciones del 20 de mayo tienen una doble naturaleza. Parapeto del régimen para intentar darse un barniz de legitimidad que le duraría menos que un suspiro si además de sus condiciones ventajistas, se decide a materializar un fraude. Pero por otra parte, lo que ninguna dictadura puede evitar, brinda la posibilidad de voltear el fraude contra el régimen y asestarle una derrota incontenible que haga más efectiva la acción internacional y la movilización interna para reconquistar la democracia..

Todas las encuestas verifican que Falcón, al día de hoy, es un ganador. Milagro posible porque ningún venezolano quiere que el poder de Maduro se prolongue después de mayo. Si no, resultaría inexplicable que con el 70% de los ciudadanos con carnet de la patria, Maduro no pueda remontar el 20% de preferencia electoral. Maduro es un perdedor porque todo el país quiere cobrarle el daño que nos ha hecho a todos.

Las diferencias en la oposición son un tema que interesa a una minoría del país. La sociedad clama por quitarse de encima la galopante hiperinflación, la destrucción de los salarios, la quiebra del Estado productivo y la asfixia del sector privado, el desmantelamiento de los hospitales y de la educación o la destrucción de futuro que obliga a los jóvenes a huir del infierno que Maduro nos quiere imponer si repetimos el esquema que nos llevó a la ANC como poder real, paralelo al legítimo, pero sostenido por la fuerza de un Estado autoritario, el aval de las armas y errores de la oposición.

Esa mayoría, no va a dejar que Maduro la induzca a abandonar el tablero electoral. Será el motor para abrir una transición a la venezolana a partir del triunfo, posible y necesario, de Falcón. No es cuestión de gustos personales sino de no abandonar la batalla que es verdaderamente decisiva para elegir por otro país.

La victoria del cambio no está fácil. Pero aún es posible rescatar algunas formas de acción unitaria que aseguren salir de Maduro. Será una tarea muy dura. Sin embargo, la esperanza se mueve.

@garciasim