Luis Alberto Buttó: Lo esencial frente a lo circunstancial

Luis Alberto Buttó: Lo esencial frente a lo circunstancial

Luis Alberto Buttó @luisbutto3

 

Lo que está en juego en este momento histórico es el destino a corto, mediano y largo plazo, de quienes vivimos atrapados en el inmenso océano de desolación en que la maldad, prepotencia e incapacidad del gobierno ha convertido al país. La seriedad del debate que tal realidad demanda recomienda superar la intrascendencia de enanos y efímeros debates puestos de moda según a cómo vayan posicionándose los hashtags en las redes sociales. Vivir a la caza de tendencias, para en función de ellas decidir la sentencia a emitir, no constituye metodología alguna en la tarea por sentar las bases que hagan factible un verdadero cambio de estructuras que conduzca al desarrollo de un nuevo proyecto nacional. Para salirle al paso a tanta inconsistencia engendrada por gladiadores del teclado, perentorio es insistir en lo esencial y hacerlo tantas veces como sea necesario. Ello es obligación insoslayable de todo el que tenga la mira puesta más allá de la figuración circunstancial.

La superación del autoritarismo, y el consecuente tránsito hacia la democracia, jamás pasará por salidas mágicas, fáciles o expeditas. Es mentira eso de despertar un día diciendo «desde hoy el poder ya no es poder» para que éste deje de serlo. Sin responder a la interrogante de cómo hacer operativo el desmontaje concreto de la fortaleza de dicho poder, cualquiera show mediático que se monte al respecto no será más que eso: candilejas con brillo momentáneo, que al apagarse dejarán tras de sí el incremento de la frustración y del desaliento. Es irresponsable engañar a la gente alimentándole ilusiones imposibles de traducirse en avances concretos.

El punto no es ser mayoría sino cómo hacer valer en la práctica esa condición. Que haya descontento es una cosa. Que el descontento se exprese en participación masiva es otra radicalmente distinta. Organizar a la gente para sumarla al trabajo político efectivo no se agota con colocar veinte sillas en una plaza para que dos o tres sacados de la chistera pronuncien discursos destemplados que a la vuelta de minutos estarán sumidos en el olvido. El compromiso ciudadano no se mide con aplausos de fin de semana. La movilización requerida no es la del tipo café instantáneo.

Es necesario construir la narrativa certera que convenza a quienes no terminan de entenderlo, que la edificación de cualquier opción de poder es sistemática y se materializa en lo cotidiano en la medida en que se suman fuerzas decisivas. Si el cambio no descansa en la progresividad de fuerzas alcanzada por la participación de la gente, no hay ninguna garantía de que lo por venir se acople con lo que el país requiere en términos de rescate de la democracia y progreso material de sus habitantes. Sin la existencia de un sólido movimiento de masas democrático que haga irreversible el proceso de transición hacia la libertad, quedan abiertas las puertas para el surgimiento de cualquieras propuestas oportunistas que terminarán entorpeciendo el progreso. En este momento, muchos farsantes, y otros tantos desorientados, están apostando por la aventura. Comprarles el discurso es suicidarse en primavera.

En la configuración de esa narrativa movilizadora, no basta con argumentar el porqué de la decantación por una u otra opción. Ese no es el eje transversal del esfuerzo que permanece pendiente en este sentido. El punto es determinar de antemano, con base en supuestos reales, cuál será la efectividad a conquistarse por el hecho de llevar a la práctica tal o cual alternativa. La explicación detallada del impacto real que se espera obtener al seleccionar determinado camino nutrirá la hoja de ruta que la gente demanda conocer para encauzar su desempeño. Sin faro no hay navegación segura.

Dejemos el acomodo constante a las modas pasajeras. Sin constancia no hay paraíso.

Historiador

Universidad Simón Bolívar

@luisbutto3

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