Vargas Llosa: Hay una derecha civilizada en Chile que gana espacios y una cavernaria que retrocede

GRAF3381. MADRID (ESPAÑA), 16/03/2018.- El escritor hispanoperuano Mario Vargas Llosa, acompañado del secretario general de la OEA, Luis Almagro, durante el coloquio en el que se analiza la situación en Venezuela, esta mañana en la Casa de América en Madrid. EFE/Mariscal
El escritor peruano Mario Vargas Llosa. EFE/Mariscal

 

A sus 82, Mario Vargas Llosa pretende demostrar que el Premio Nobel de Literatura que obtuvo en 2010 no lo transformó en una estatua. “Estoy escribiendo una novela. No pregunte sobre qué, eso no se lo voy a decir, porque soy supersticioso y tengo la impresión de que si cuento la historia, ya no podré escribirla”, dice al terminar 31 minutos de conversación en el señorial hotel Alvear, en la capital argentina. El peruano exponía ayer en la Feria del Libro de Buenos Aires su último trabajo, La llamada de la tribu, un ensayo en que presenta a siete pensadores -Smith, Ortega y Gasset, Von Hayek, Popper, Aron, Berlin y Revel- que influyeron en su propio tránsito ideológico hacia el liberalismo, tras su desencanto con el comunismo y la revolución cubana. Sobre ese libro y sobre esas ideas expondrá la próxima semana en su regreso a Chile, invitado por la Fundación para el Progreso y La Otra Mirada, quienes le propusieron responder la pregunta ¿Qué es ser liberal?

Por Víctor Cofré / La Tercera

¿Nos podría anticipar su respuesta? ¿Qué es ser liberal?

Es creer en la libertad. Liberalismo y libertad son como el anverso y el reverso de una moneda; creer en la democracia, creer que las libertades son una sola, que son indivisibles y que una sociedad que quiere ser libre tiene que serlo en el campo político, en el campo social, en el campo económico, en el campo cultural. El liberalismo es no una ideología, porque las ideologías son como religiones laicas y el liberalismo no cree que tiene respuestas para todo. Hay un puñado de valores que defiende el liberalismo: el individuo, la propiedad privada, la libertad política, pero no tiene respuestas para todo, y reconoce, por lo tanto, la posibilidad del error.

¿El liberalismo es un monopolio de la derecha?

No. Mire, el liberalismo ha sido atacado por la derecha primero y luego por la izquierda. Piense usted en lo que ocurría en el siglo XIX, cuando el liberalismo luchaba por separar a la Iglesia y el Estado, no porque estuviera contra la religión, sino porque si la religión y el Estado se identifican, desaparece la libertad. La religión cree verdades absolutas y no admite entonces la posibilidad del error. En el siglo XX, es la izquierda, sobre todo la extrema izquierda, la que ataca al liberalismo. ¿Por qué lo ataca? Porque el liberalismo ha estado siempre en contra de las dictaduras y la izquierda representaba a la dictadura casi emblemática, que era la sociedad comunista, una sociedad totalmente reñida con los principios de la libertad democrática, que son los que ha defendido siempre el liberalismo. Es una de las razones por las que yo he escrito este libro. El liberalismo ha sido tergiversado, caricaturizado, ridiculizado a través del llamado neoliberalismo, que nadie sabe exactamente qué quería ser. Y se ha presentado al liberalismo como una fachada de la explotación, del imperialismo, del colonialismo, algo que estaba totalmente en entredicho con la verdad. Entonces, ¿cuál es la verdad del liberalismo? Que dentro de la democracia es la corriente que ha impulsado quizás las transformaciones más importantes, por ejemplo, los derechos humanos. Esa es una conquista liberal. El liberalismo siempre estuvo a favor de la igualdad de género. Creo que al liberalismo se deben quizás los avances mayores de la civilización dentro de una estructura democrática.

En el tránsito suyo desde el marxismo al liberalismo, ¿se arrepiente de pensar como pensó en su juventud?

En mi juventud era muy difícil para un joven latinoamericano que tenía inquietudes, que descubría la problemática social, las injusticias sociales, no ser de izquierda y no sentirse muy cerca del marxismo. Todo lo que teníamos al frente eran dictaduras, con poquísimas excepciones, que eran Costa Rica, Chile, Uruguay y pare de contar. (…) Si uno quería salir de eso, si veía que esa situación era una situación de horror, se sentía dentro de la izquierda, y eso me ocurrió a mí. Pensaba que el socialismo, que el comunismo, era la única manera de salir de ese pozo en el que estábamos. Esa fue una equivocación y descubrí militando en el Partido Comunista, un año, en que el comunismo estaba marcado por el estalinismo, por la intransigencia, por la intolerancia, y entonces me aparté, pero seguí siendo socialista en gran parte por la revolución cubana, que a mí me entusiasmó muchísimo, como a muchísimos jóvenes latinoamericanos de mi generación. Luego, ya a mediados de los años 60 comencé a ver que la realidad no era tan bella como lo había querido, empecé a ver aspectos de la revolución cubana que me desencantaron muchísimo, hasta que vino la ruptura a partir del llamado caso Padilla. Yo conocí la URSS más o menos en esa época, fue otro desencanto mayúsculo, y luego viví un período de mucha confusión, de mucha incertidumbre política, en el que, primero, hubo una revalorización de la democracia, descubrir que la democracia no era lo que decía el marxismo, la máscara de la explotación, que en realidad tener libertad de prensa, tener elecciones libres, vivir en la diversidad es algo que hace la vida mucho más respirable, más tolerable. Y luego llegué al liberalismo, como lo explico en este libro, básicamente a través de un proceso intelectual, a través de determinados pensadores. El liberalismo es una doctrina política que admite la diversidad en su seno. Yo diría que quizás el mérito mayor del liberalismo es esa transigencia, esa tolerancia con la diversidad humana, salvo el puñado de verdades que constituyen la esencia de la posición liberal.

Derecha e izquierda incivilizadas

Usted es amigo y adherente del Presidente Piñera. ¿Qué debería hacer distinto en su segundo gobierno respecto del primero?

Bueno, el primer gobierno fue un muy buen gobierno, fue excelente. Hechas las sumas y las restas, fue un gobierno muy positivo, creó cientos de miles, por lo menos un millón, de empleos; las inversiones acudieron a Chile de una manera impresionante. Los niveles de vida subieron en Chile durante esa época y hay que desearle que por lo menos en esta segunda oportunidad Chile siga creciendo. Nos conviene a todos los latinoamericanos que Chile crezca, es un modelo que está allí, que es exitoso, que le costó a Chile muchos sacrificios, pero ahí está, es una locomotora que avanza y América Latina tiene el ejemplo de que aquello es posible, se puede hacer, se ha hecho en Chile.

Hace unos meses, usted habló en Chile de la derecha civilizada y la derecha cavernaria, que se oponía al aborto. ¿Cuál tiene la hegemonía?

Mi impresión es que hay una derecha civilizada en Chile que gana cada vez más espacios y una incivilizada y cavernaria que va retrocediendo y encogiéndose. Y ojalá que eso continúe y se extienda a partir de ahora.

¿El Presidente Piñera le reprochó esas palabras en ese momento?

No me las reprochó. Yo tengo muchas coincidencias con el Presidente Piñera y yo hubiera votado por él si yo hubiera sido chileno. Ahora, tenemos también discrepancias: él no cree en el aborto, él no cree en el matrimonio gay, pues yo sí creo. Estoy seguro de que no cree tampoco en la legalización de las drogas; yo sí creo en la legalización de las drogas. Esas discrepancias entre liberales son normales. Hay liberales creyentes y hay liberales que no somos creyentes, como yo: podemos coincidir perfectamente porque sí estamos de acuerdo en los valores esenciales para el liberalismo, que son la democracia, el individuo, la propiedad privada, la economía de mercado, la libre competencia, la igualdad de oportunidades, esos son los valores centrales, esenciales del liberalismo, y dentro de eso, caben todas las discrepancias habidas y por haber.

En Chile, después del aborto, hoy se discute el matrimonio homosexual; una película repuso el debate sobre la identidad de género de los transexuales; la izquierda propone legalizar la eutanasia. ¿Donde se sitúa un liberal en esas discusiones?

Yo le digo el liberal que soy yo, porque hay liberales que piensan distinto. Me repugna el aborto, como creo que les repugna el aborto sobre todo a las pobres mujeres que tienen que recurrir a él, pero estoy a favor del aborto hasta los tres meses de gestación, porque creo que es una mentira, se suprime solamente para las mujeres pobres, y para las mujeres ricas el aborto es una realidad que está al alcance de las manos. Esa es una terrible injusticia. Estoy a favor de la legalización de las drogas, porque creo que la política represiva no ha servido para que disminuyan ni el consumo ni el comercio, sino todo lo contrario. Estoy a favor de la eutanasia también. Una persona que decide que la vida no vale la pena ser vivida en las condiciones execrables en las que se encuentra, hay que reconocer el derecho a poner fin a su existencia que considera intolerable. Desde luego que estoy de acuerdo con el matrimonio homosexual, creo que es un derecho el poder elegir con toda libertad la vida sexual que se quiere tener. Esa es una gran conquista y creo que es una gran conquista liberal.

¿Por qué estos temas tienen hoy la relevancia que no tenían hace 10 o 20 años?

Porque somos más civilizados, menos bárbaros de lo que éramos antes. No se olvide: a los homosexuales en la Edad Media los quemaba la Inquisición. Hoy no se quema a las personas ya. Y ha avanzado la libertad lo suficientemente como para que aceptemos que la vida sexual debe ser libre, debe ser una libre elección del individuo y debe ser respetado, dentro, por su puesto, de la legalidad. En eso hemos avanzado muchísimo y creo que esas son pequeñas batallas que todavía cuestan trabajo, pero que poco a poco los países más civilizados del mundo, esas batallas ya están ganadas. Y eso es muy importante, eso hace la vida menos cruel para un sector muy importante de la sociedad.

Usted en 2010 habló de una derecha democrática y liberal que reemplazaba a una izquierda democrática y liberal…

Yo creo que es verdad eso: hay una izquierda democrática y liberal y hay una derecha democrática y liberal que se tocan. Un país que llega a tener una mayoría que está en esa posición es un país que avanza muchísimo más rápido en el desarrollo y la civilización.

¿Y esa izquierda ha cambiado? Ahora hay más de una izquierda en Chile, con el Frente Amplio como un símil del Podemos español…

Yo tenía la impresión precisamente, en la época del Presidente Lagos, que la izquierda en Chile se había vuelto una izquierda civilizada y democrática, en buena hora para Chile. Desafortunadamente, esa corriente no se ha seguido expandiendo, ha habido una especie de regresión y me alegro muchísimo de lo ocurrido en estas elecciones, porque precisamente estas elecciones han corregido esa desviación de una línea democrática de una izquierda que es indispensable que exista y esté ahí, y que su identificación con la libertad y la democracia sea indiscutible. Creo que es absolutamente esencial para que el progreso y el desarrollo avancen rápidamente.