Un salario mínimo, por Rubén Limas

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El incremento salarial recientemente decretado por Maduro, sin acuerdo ni con los trabajadores ni con los empresarios, tiene como mayor defecto, el que expresa una profunda desconexión entre el salario percibido y el poder de compra de los trabajadores. No vale la pena ganar “millones” si tendríamos que gastar “decenas de millones” tan solo para comer. Este es el aumento número 44 de la revolución, y hoy estamos más “limpios” que nunca.

Los trabajadores no tuvieron nada que festejar el 1 de mayo, de hecho, al mismo tiempo en que recibían la noticia del incremento salarial integral (2.500.000 Bs.), ya estaban pagando ese monto por un kilo de carne, o 2 cartones de huevo. ¿Los trabajadores merecen eso? ¿El “presidente obrero” y sus allegados comerían con ese sueldo?

El asunto nunca será aumentar el sueldo nominalmente, artificialmente, el núcleo del grave problema social que vive nuestro país es la destrucción del poder de compra del salario mínimo. No hay salario, ni sueldo que alcance la hiperinflación. Ha perdido sentido salir de la casa, tomar un transporte y asistir al trabajo porque tal esfuerzo implica perdidas antes que ganancias para la clase trabajadora.

Hoy, un trabajador no puede ahorrar, al contrario, debe gastar todo su sueldo el mismo día que lo recibe para no descapitalizarse en medio de la inflación más alta del planeta. Quedó en el camino la posibilidad de comprar una vivienda, un vehículo, dar la educación y salud a la familia. Claramente, muchos ciudadanos pasaron de comer carne a comer yuca sancochada con sal en los mejores casos.

La terrible diáspora que vivimos está siendo aupada por este drama salarial. Más que por la situación política, hoy salen del país miles de venezolanos huyendo de la terrible crisis social, y económica, muchas veces aderezada por la inseguridad personal y jurídica. Estamos en presencia de una práctica sistemática y deliberada para arrodillar al ciudadano por medio del carnet de la patria y el hambre. Esto no lo aguanta nadie, es insostenible. Es momento de alzar la voz todos frente a esta hambruna que hoy vivimos. Venezuela, ni sus hijos, merecemos esta situación por la que estamos pasando.