Gervis Medina: ¿Por qué hay desesperanza?

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“Jesús” salió del Templo, y mientras caminaba, sus discípulos le hacían notar las imponentes construcciones. Dijo: ¿Ven todo eso? En verdad les digo: no quedará ahí piedra sobre piedra. Todo será destruido. Predijo que los primeros días no serían ni pacíficos ni tranquilos, sino todo lo contrario. Señaló que “la conclusión del sistema de cosas” estaría marcada por la guerra, hambre, epidemia y grandes desastres naturales. También dijo: “Aparecerán falsos profetas, que engañaran a mucha gente, y tanta será la maldad, que el amor se enfriará en la mayor parte”

Esta pequeña introducción sirve de reflexión para quizás, explicar de alguna forma lo que actualmente se vive en Venezuela. Muchas personas en el país se sienten angustiadas por todo lo que ocurre en el ámbito político, económico, antropológico, espiritual  y social, que a cualquiera puede hacerle perder el ánimo y caer en un estado de “desesperanza”

Antes debo señalar que: “La esperanza” es un estado de ánimo, en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible. Ya sea a partir de un sustento lógico o basado en la fe. Quien tiene esperanza, considera que puede conseguir algo o alcanzar un determinado logro.

Es una de las tres virtudes teologales junto a la “fe” y la “caridad” La esperanza es la virtud que capacita al hombre para tener confianza de alcanzar la vida eterna con ayuda de “Dios” Estas virtudes dan vida y forma a todas las virtudes morales. Las virtudes teologales son infundidas por “Dios” en el alma de todos, para que sean capaces de obrar como hijos suyos, y, definitivamente, ganar la vida eterna. Son garantía de la acción del Espíritu Santo en el alma humana y en sus facultades y también de su presencia en ellas.

Siguiendo a Santo Tomás de Aquino, la esperanza se define como la virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para alcanzarla, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios».

Por lo que, puedo teorizar que “La esperanza” es la virtud teologal por la que aspiramos al “Reino de los cielos y a la vida eterna” como felicidad, poniendo nuestra confianza en las promesas de “Cristo” apoyándonos en los auxilios de la gracia del “Espíritu Santo”

Los venezolanos, estamos sometidos a diversos factores que generan un ambiente de patología prolongada, en la que además de la situación severa en la que vivimos, existen situaciones como el estrés permanente, la amenaza constante a la integridad física de las personas, el doble mensaje producto de lo que dicen las autoridades y lo que se dice en la calle y la incertidumbre de lo que pasará.

La desesperanza va en aumento, porque hay una situación de que todo se sigue repitiendo, que nada se soluciona y se agrava. No hay periodos de recuperación, se ha ido perdiendo esa capacidad. Vivimos bombardeados con mensajes que generan más violencia y más estrés.

Respondiendo a la pregunta ¿Por qué hay desesperanza? Les digo que el 85% de la población no tiene clara un plan de vida, desconocen ¿El porqué de las cosas? ¿Por qué están aquí? ¿Por qué no tienen sus recursos? Aunado a la falta de educación emocional o filosofía emocional, que genera la desesperanza. La sociedad es criminógena, sumergida en la industria de la inmediatez, estupidez y la torpeza. Pidiendo  que el tiempo pase rápido y la crisis pase rápido, conectándose con la ansiedad y no viviendo el presente. Sin medir al menos, que una década llevará el proceso de transformación para que podamos aceptar positivamente la situación.

Existen tres formas para poder superar la desesperanza como son un cambio espiritual; emocional y psicológico. Hay que tomar una decisión frente a lo que ocurre. No quedarse esperando que la mano de “Dios” haga algo o venga un “Mesías” a resolver todo. Las personas pueden y deben asumir los cambios de forma positiva y adherirlos a su vida diaria.

La personas dan un cambio efectivo a través de su comportamiento, con herramientas que pueden ser espirituales, que podría darse un elemento conglomerado de religiosidad y creencias que le permitan salir de la depresión, pero tiene que haber un evento extraordinario que les ayude.  Además, cuando una persona llega a alcanzar la madurez emocional, ayuda a comprender la situación por la que atraviesa y así, aplicar la inteligencia emocional.

Cuando activamos esto, podemos transformar las emociones perturbadoras como el odio, rabia, miedo e ira, que nos estancan en esos estados, y podemos alcanzar estados de ecuanimidad y serenidad, que nos permiten transformar la crisis en oportunidad.

Para superar la desesperanza, es necesario reaprender a confiar en uno mismo y en las habilidades, aprovechar el tiempo y diseñar planes de acción, ante el panorama que se extiende y no subestimar los mismos; la reinterpretación de la situación puede ayudar a sobrellevar la crisis, es decir, el aceptar que hay cosas que no puedes cambiar, otras que se modifican por sí mismas y enfocarse en aquellas en las que la persona puede tener control.

El tener un plan de vida, permite a la persona agobiada por la depresión o la ansiedad, poder salir de esos estados y afrontar el día a día actual con mayor madurez. De esa forma, crear propósitos y tener un sentido en la vida; ayuda a definir la misión, la visión y la filosofía de la persona, lo que facilita la creación de recursos para poner en marcha el plan de vida.

Otra de las formas para combatir la desesperanza, es practicar ejercicios en horas de la mañana, ya que los niveles de cortisol conocida como la hormona del estrés son altos a esa etapa del día, y hace que las personas se levanten sin ganas de realizar sus actividades diarias. Tratar de vivir en el presente, tiene como concepto la concentración de la atención y la conciencia, lo que permite a la persona poder vivir en el presente y dejar de enfocarse en el pasado o el futuro. La meditación y la relajación también ayudan mucho a este proceso

Vivo convencido que, para transformar la desesperanza en esperanza y optimismo, hay que soñarla y después hay que salir a lidiar por los caminos de la vida. El pesimismo y la desesperanza solo engendran debilidad, y la debilidad, en medio de los avatares de la existencia, conduce al fracaso.

Cuando abrigamos esperanzas, cuando somos optimistas, todo lo evaluamos con mentalidad de vencedores; convertimos un fracaso  en una lección eterna, tenemos los pies firmes en el presente, pero la mirada atenta al futuro; desechamos la impotencia y no le damos cabida a las decepciones.

Sin embargo, en este camino de la vida, he aprendido que es sano permanecer con la mente y el corazón abiertos para escuchar y recibir nuevas versiones de la vida, de otros puntos de vista, de posturas distintas a las que yo he tenido o que la humanidad ha sostenido por miles de años. Eso me ha permitido crecer y descubrir mucho más en mí y en la vida misma, lo que resulta en un impulso más para crecer, ser mejor y ser más feliz y descubrir ¿Por qué hay desesperanza?

Gervis Medina

Escritor