¿Hubo aquí alguna vez un día de parada?, por Domingo Alberto Rangel

¿Hubo aquí alguna vez un día de parada?, por Domingo Alberto Rangel

Domingo Alberto Rangel  @DomingoAlbertoR
Domingo Alberto Rangel @DomingoAlbertoR

Los nacidos en este milenio o en sus cercanas vísperas posiblemente ignoran que hace más o menos cuatro décadas el tráfico en la ciudad de Caracas y en otras capitales de estado venezolanas era insoportable por la cantidad de vehículos que circulaban por las vías y siendo la situación catalogada como un “problema nacional” se presionó al gobierno de entonces para implementar una solución a lo que más bien era signo de riqueza privada y falta de planificación pública.

Ayer como hoy teníamos un gobierno inepto, incapaz de reaccionar, anclado en sus dogmas… y por tanto, los copeyanos de entonces, que habían ganado la elección idearon una solución contentiva de lo peor de dos mundos.

¡Inventaron el Día de Parada!

La idea tuvo origen en el partido Causa R que entonces lucía muy radical y como ahora era de oposición: Por ende los seguidores de Andrés Velásquez quien hace 40 años también era el jefe de la militancia bicolor comenzaron a pedir ruidosamente que se implementara el Día de Parada.





Y encontraron cabida en los medios furiosos con el Presidente que había prohibido las propagandas de bebidas alcohólicas y cigarrillos.

En resumida síntesis la propuesta acogida por el gobierno del presidente Herrera Campins contemplaba que en cada uno de los 5 días laborales de la semana dejaran por ley de circular el 20 % de los automóviles.

Es decir que cada lunes los vehículos privados cuyas placas terminaran en digamos cero y uno… no podían circular. Los martes le tocaba el turno a dos y tres y así sucesivamente.

La discusión nacional como siempre se fue por las nubes y el fondo nunca se tocó. Opinaron los llenos de odios y faltos de razón. Total, era un país “rico” y la polarización maniquea solo dejaba espacio para blancos –los adecos que en ese momento estaban en oposición- y verdes –los copeyanos que gobernaban con el presidente Herrera Campins-. Nada nuevo.

Así el debate perdió tiempo buscando “soluciones” para los médicos y enfermeras que por razones “de emergencia” debían circular todos los días. Luego siguieron los maestros y así.

Nadie dijo lo obvio: Qué la tal solución no solucionaba nada. Qué daba pie a la envidia de quien carece de vehículo propio y `piensa que podría llegar al trabajo más rápido si se eliminan algunos vehículos privados de la vía. Qué era una solución típica del tercermundismo que prohibía a los venezolanos de entonces la creatividad que también es sinónimo de progreso.

El tráfico en las ciudades nuestras no mejoró un ápice en parte porque con los precios del petróleo en alza muchos ciudadanos se endeudaron para adquirir un segundo vehículo que les garantizara salir a la calle manejando… todos los días.

Nadie recuerdo que entonces criticara la tal “solución” desde el punto de vista de la ingeniería vial o la economía que habrían recomendado construir más y mejores vías, invertir en mejores sistemas de transporte colectivo, desconcentrar Caracas y otras capitales de estado… y, liberar la economía para obtener más recursos… no solo el estado… sino la sociedad.

Nada de eso se hizo y hasta épocas recientes cuando partiendo de la óptica bizarra se resolvió pero “a lo bestia” porque obviamente la miseria acaba los problemas creados por la riqueza: Ciudades y pueblos se desconcentraron mediante el expediente de vaciar la población provocando una emigración masiva que recuerda en la historia la huida de Caracas cuando Monteverde se acercaba y Bolívar salía rumbo a oriente.

Los segundos y terceros vehículos desaparecieron ya que desde la simple bicicleta todo lo que tenga ruedas pasó a ser un lujo fuera del alcance de la gente. Y ya no fue necesario mejorar las vías porque el parque automotor circulante cayó a niveles de casi medio siglo atrás y sin tráfico es más fácil esquivar huecos y troneras.

Esta imagen la traigo a colación en vísperas de una elección donde era de esperar que al menos uno de los candidatos que aún quedan señalara soluciones no solo para los problemas de la vialidad o del tráfico sino para otros más apremiantes… como los económicos por ejemplo.

Pero como ayer cuando gobierno y oposición aplaudieron la misma “solución” tercermundista, demagoga y fácil… ahora todos los candidatos ofrecen el mismo tónico curalotodo de un populismo que está visto es inútil.

El Presidente aspira reelegirse a pesar de que todos los indicadores han caído durante su mandato. Entre las ofertas sensatas de Nicolás Maduro están las de construir más cárceles y cambiar el esquema económico para que el país mejore… bien… pero a la par ofrece el candidato oficialista nuevos bonos y transferencias para pobres, aspirantes a empresarios y otros pedigüeños… y así sin amarrarse el cinturón no hay salida.

¿Y los otros?

El ex gobernador Falcón ofrece dolarizar la economía… pero como para que solo le crean los venezolanos más gafos… en seguida promete bonos en dólares!!!

Y el pastor Bertucci anuncia que las naciones del mundo nos han de regalar medicinas y alimentos “solo por un año”… y luego milagrosamente todo se ha de arreglar… lástima que el candidato no es católico porque de serlo al morir podría ingresar al santoral… con su imagen rodeada de velas pidiendo nuevos milagros…

El candidato Quijada no cuenta y así salvo que uno sea enchufado o siga la responsable línea trazada por maese Semtei… don Kiko Bautista… y otros bohemios quienes, junto a buitres de la economía, rodean a Falcón… no hay razones para votar… ni por el que doña Tibisay proclamará ganador… y tampoco por el segundo o por quien llegará tercero…

Toca anular el voto en señal de disidencia o aplicarle al circo electoral un día de parada que bien lo merece.