Rafael Quiroz Serrano: Petróleo, Falcón y abstención

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En una campaña electoral presidencial, no hay nada más importante para alguien que haya incursionado, con pasión e ímpetu sin tregua, al estudio y análisis del tema de los hidrocarburos, que la ubicación y tratamiento del petróleo en el programa de gobierno y en el mensaje de quienes aspiren la máxima magistratura del país. Y es por ello, que para quienes nos ocupamos académica y profesionalmente del tema petrolero, el mensaje de los candidatos presidenciales, independientemente de sus inclinaciones ideológicas, resulta fundamental, enjundioso y preponderante, a la hora de analizar la conveniencia, o no, de dichas aspiraciones presidenciales; puesto que es el petróleo, y ninguna otra cosa, el tema realmente importante, vigente, actual, y si se quiere dramático, de la economía venezolana. Todos los demás temas, por muy importantes que estos sean, son temas dependientes, directa o indirectamente, del tema de los hidrocarburos; pues hoy por hoy, nos guste o no aceptarlo, en Venezuela todo empieza y termina en un barril (de crudo); y lamentablemente todo sigue originado, creado, condicionado, determinado y dirigido por el petróleo.

Retornan los privatizadores de PDVSA

Si a todo lo anterior, le sumamos el deseo y la actitud de quienes aun abrigan otoñales esperanzas por privatizar Petróleos de Venezuela S. A.  (PDVSA), después de verse frustrados porque no lograron entregar la empresa matriz al capital internacional, durante la década de los ’90, entonces la importancia del contenido conceptual del mensaje de quien sea candidato, es más que determinante. Pues ya se oyen las clarinadas de quienes pretenden lanzar la vieja propuesta de que hay que privatizar, primero que todo y a como dé lugar, la industria petrolera, bajo el baladí “argumento”, por lo demás falaz y necio, de que como todo en PDVSA es un desorden, desastre, caos, enredo, embrollo y anarquía, el Estado no puede con la empresa y por lo tanto hay que venderla al sector privado.

Estos señores, parten de la falsa premisa que el empresario privado per se es excelente gerente y el Estado per se es mal gerente; la verdad es que ejemplos en ambos casos y para ambos lados hay de sobra en la historia de nuestro país, donde el sector privado -por cierto- no sale muy bien parado. Satanizar al sector público, para iniciar la discusión, resulta tan subjetivo como ensalzar al sector privado, simplemente por hacerlo. Ambos sectores son buenos o malos empresarios, dependiendo de quién coloque al frente de sus empresas. Absolutamente nadie decía que el Estado venezolano, refiriéndose a PDVSA, era mal empresario durante la exitosa gestión de nueve años, de Rafael Alfonso Ravard al frente de la Presidencia de la industria petrolera (1974-1983); así como nadie dijo nada en favor del sector privado, cuando diecisiete banqueros llevaron a la ruina y desfalcaron sus propios bancos en la recordada crisis bancaria de 1994. El profesional preparado, capaz y eficiente, será buen gerente si se le coloca al frente de la empresa que es de su competencia profesional, indistintamente que esta sea pública o privada.

Henri Falcón y el petróleo

Resulta curioso que de los candidatos presidenciales -incluyendo al del gobierno- solo Henri Falcón (HF) se haya referido al tema petrolero, cuando en forma espontánea expresó al periodista Vladimir Villegas: “Por cierto, en nuestro gobierno jamás será privatizada PDVSA” (Unión Radio, 24 Abril 2018). En forma puntual, precisa y exacta nos aclara -a todos los venezolanos- que la pertenencia de la Casa Matriz de nuestra industria petrolera, columna vertebral de la economía venezolana, seguirá estando en manos del Estado venezolano, y no como algunos antinacionalmente pretenden. Un hombre que sin titubeos y en forma natural y franca, públicamente exprese ese sentir de la inmensa mayoría de los venezolanos, es digno de que tenga el respaldo del pueblo de Venezuela, máxime si además de ello ofrece y garantiza, a través de su Programa de Gobierno “La Gran Transformación. -Hacía la Venezuela del Futuro-”, dar un viraje a todo este desastre que ha significado la peor crisis socio-económica, migratoria y política que jamás haya vivido nuestro país en todo su devenir.

En el ya referido Programa de Gobierno de HF, en el tema acerca del petróleo, se esboza a grandes líneas lo que será la política petrolera y el manejo de PDVSA. Se plantea la Re-institucionalización y Re-profesionalización de la casa matriz, para así hacerla una empresa “de gestión honesta, eficiente, eficaz, transparente y competitiva; en procura de hacer del negocio petrolero un generador del máximo bienestar para la nación y sus ciudadanos.” También plantea el trabajar armónica y coherentemente con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y separa los cargos de Ministro de Petróleo y  presidente de PDVSA. Igualmente dar oportunidad al sector privado, preferiblemente nacional, en todas las actividades conexas y complementarias a la industria petrolera; garantizarles a los socios de empresas mixtas seguridad jurídica, confianza y transparencia en sus inversiones, a fin de levantar la producción petrolera y estimular nuevas inversiones. De la misma forma se propone despolitizar (partidista) PDVSA y desmembrarle todas las tareas y responsabilidades que no son propias de la industria petrolera, y que estas sean transferidas a los demás organismos competentes de la administración pública. En fin, se trata de un Programa de Gobierno, para el tema petrolero, apropiado para la PDVSA que tenemos y la que queremos.

No hay ningún otro candidato, incluyendo al del gobierno, que haya presentado un programa serio para la discusión, o mejor dicho, una hoja de ruta que nos indique derroteros y horizontes promisorios que pudieran sacarnos de este infortunio y catástrofe, en el que nos encontramos hundidos desde hace ya dos décadas producto de la incapacidad, incompetencia, indolencia, mediocridad y resentimiento. Es inconcebible que el candidato del gobierno hasta ahora no haya mostrado un plan, proyecto, modelo o esquema de cómo va a solucionar los problemas (de los cuales él es autor) de desabastecimiento de alimentos y medicinas, hiperinflación, inseguridad, y pare usted de contar. Pretende solucionar, a partir del 21 de mayo, el desastre que él mismo creo durante seis años y la calamidad que su mentor -con su ayuda y complacencia- construyó terca y deliberadamente. Vaya tremenda irresponsabilidad.     

La abstención

No existe sistema político en el mundo con una acción o herramienta más concreta, efectiva, precisa y directa, que pueda ejercer el ciudadano común que el ejercicio del voto. Votar es el mejor ejercicio civilista que tenemos los demócratas. No hay mejor protesta que aquella que se ejerce a través del voto, por lo que hay que ir a votar con la firme convicción de que votando vendrá el cambio. Sin embargo, hay quienes neciamente están llamando a la abstención como una señal de “protesta” frente al gobierno. En este sentido, resulta ilustrativo lo dicho por @“Chuo” Torrealba: “Si algunos dirigentes no estuvieran inhabilitados y fueran ellos los candidatos #20 May. nadie estaría hablando de condiciones electorales, nos estuvieran diciendo: “Hay que ir a votar, vamos a una cruzada épica, a una epopeya ciudadana”. “Chuo” Torrealba tiene toda la razón, ha dicho una verdad del tamaño de una Catedral, pues la historia política de nuestro país está minada de mezquindades y miserias; sí, de miserias humanas de las cuales hoy es víctima HF, al querer negársele el apoyo que todos los venezolanos deberíamos brindarle, si de verdad queremos salir de esta pesadilla que pareciera escenificarse en una noche eterna y sin conticinio. Pero afortunadamente nada es eterno, menos las pesadillas. HF es la esperanza del cambio por la vía pacífica, electoral, democrática y constitucional.

HF significa la apertura hacia la reconquista de la democracia, una especie de puente para lograr la recuperación de las libertades que todos añoramos, y que nunca hemos debido de haber perdido. HF significará, en los anales de la historia, un gobierno de transición democrática hacia la reconstrucción de un país que debemos de forjarlo todos, con dedicación y cuidado de alfarero, para que igualmente todos podamos compartirlo y disfrutarlo, sin exclusión de ninguna naturaleza. Pues se trata de conformar un gobierno que de verdad, pero de verdad, incluya a los excluidos sin perjudicar a nadie. En este sentido, HF está condenado -en el mejor sentido de la palabra- ha desempañar un rol histórico invalorable, y guardando las distancias que deben guardarse, similar al que desempeñó aquel tachirense nacido en Queniquea, el general Eleazar López Contreras, inmediatamente después de la muerte del Benemérito Juan Vicente Gómez (17 Dic. 1935) , o bien al papel que desempeñó el almirante Wolfgand Larrazabal Ugueto una vez que huyó de Venezuela el hombre de Michelena, el general Marcos Evangelista Pérez Jiménez; y también al rol que ejerció -ya para irnos fuera de nuestras fronteras- “el pato” Patricio Elwin, quien sucedió al nefasto del más cruel de los tiranos latinoamericanos de la segunda mitad del siglo pasado, el despreciado general Augusto Pinochet Ugarte. De este tamaño es el compromiso histórico que debe asumir HF; pudo haber sido cualquier otro nombre, pero la historia no repara necesariamente en nombres, sino en hombres que con valentía, fuste y temple están hechos para afrontar los retos que le depara el devenir.

Abstenerse es votar por Maduro, tal como se lee, aun cuando al abstencionista no le parezca como tal y no lo considere lógico. Sencillamente hay que votar para salir de Maduro, puesto que la salida cierta de Maduro es Falcón. De allí precisamente la inutilidad de la abstención, porque simplemente la abstención es inútil a todas luces, y a quien termina favoreciendo es al poderoso, al prepotente, al arrogante, al gobernante, y a quien pretende perdurarse en el poder para siempre, porque equivocadamente cree ser mesiánico, iluminado, el Mesías profetizado y esperado por las nuevas multitudes tropicales de “La vieja Jerusalén”. Por otra parte, habría que preguntarse cuál es el proyecto o el programa de país de los abstencionistas, o de los líderes de la abstención? En estos días una amiga me decía: “Algunos no quieren salir a votar, eso es verdad, pero de que siga Maduro prefiero a Falcón”. Pero la verdad cierta y precisa es que “Henri Falcón representa la única opción real de transición pacífica en el corto plazo” (E. Fernández); todo lo demás es jugar a la ruptura y a la fractura, a un quiebre sin predicciones. Si pierde Falcón, ante un supuesto y negado caso, perdemos todos; pero si gana Falcón, que es lo más probable, gana toda Venezuela.  

Rafael Quiroz Serrano es economista petrolero