Juan Guerrero: Votar, ¿para qué?

Juan Guerrero: Votar, ¿para qué?

 

 

Siendo absolutamente racionales debemos reconocer que de los candidatos venezolanos lanzados a la aventura de unas elecciones particularmente sui géneris, es Henri Falcón quien lleva las de ganar, aunque pierda.

Veamos. De ser un líder regional su decisión de participar en unas elecciones sobre la base de un planteamiento cuestionado, tanto política como jurídicamente, ha pasado a tener presencia activa y liderazgo nacional.

El régimen totalitario lo usa (-y él se deja) como imagen para lavar el rostro de gobierno gorila (dictatorial), eso le ha permitido el uso de los medios de comunicación para penetrar en los estratos más bajos de la sociedad.

De agravarse la situación político-económica con sus eventuales revueltas sociales, y ante más presión internacional, Falcón aparecería como el eventual sustituto de Maduro o cuando menos, su vicepresidente.

Ya en estas últimas semanas y ante el silencio del liderazgo opositor, Falcón aparece copando los espacios que otros han estado dejando. La imagen de político conciliador se ha estado reforzando gradualmente y pareciera ser congruente con el pensamiento de las grandes mayorías que desean una transición sin mayores traumas.

No olvidemos que en los estratos D-E la participación con el uso del voto para seleccionar candidatos se ha convertido en las últimas décadas, no tanto como estrategia para ser visibilizados, sino como actitud cívica en la cultura política del venezolano. Ese es el verdadero y real temor y riesgo del candidato Maduro y los tramposos maduristas. Que sus votantes psuvianos y chaviztas se le volteen y voten por Falcón.

Ante la falta de propuestas de los sectores más radicalizados de abstencionistas puristas y de aquellos que se oponen por mandato de sus partidos, la decisión de Falcón y sus seguidores aparece como la única salida viable frente al escenario todavía borroso de una “posible, tal vez, quizá, a lo mejor, parece que” intervención internacional por razones humanitarias.

No estoy llamando a votar por este candidato. Sin embargo, más allá de su demagogia y “coloración rojiza” Henri Falcón ya es un líder nacional que ha sumado a favor de su propuesta de gobierno. Ha presentado una salida pragmática y sobre ello trabaja de manera coherente desde hace ya cierto tiempo.

En modo alguno estamos avalando ni su candidatura ni su propuesta. Pero ante la ausencia de soluciones reales para superar la tragedia venezolana de ingobernabilidad y riesgo cierto, claro y muy posible, de su agravamiento tanto en el país como de certeza para la estabilidad político-económica de la región latinoamericana, lo que está haciendo Falcón y su grupo, debe ser analizado y reflexionado desde una perspectiva menos emocional.

Los demás líderes de la oposición nacional parecen estar hibernando o cuando menos, en reuniones demasiado secretas que nadie sabe en realidad qué será de sus vidas.

Votar siempre será una opción para lograr cambios. Aunque sean controladas por el poder. Por muy pequeña que sea la ganancia. Aunque lo hagamos llevando un pañuelo para taparnos la nariz por tanta podredumbre política.

Votar es sinónimo de democracia. Abstenerse sin mostrar opciones ni propuestas, se acerca más al pensamiento que muchas veces rechazamos, de extremismos y mentes totalitarias. Es cierto que el ambiente político está enrarecido. Todo indica que hay absoluto control del voto. Incluso, resulta en estas circunstancias hasta contradictorio ir a votar sabiendo que el triunfo estaría cantado de antemano por el candidato del régimen totalitario.

Sin embargo, y considerando y respetando a quienes han decidido no votar, con sus razonamientos que vemos válidos, hay que ser fríos y racionales. Porque no creo que nadie va a venir a socorrernos y dejarnos pan y agua en nuestras casas, por ser venezolanos bonitos.

Los países llamados industrializados y militarmente fuertes, no van a sacarnos de este hueco oscuro porque somos gente buena y chévere. Mover un portaviones cuesta miles de millones de dólares al día. Transportar tropas, desembarcar soldados y pertrechos tiene sus costos. Tanto humanos como materiales. ¿Quién pagará esos costos de “ayuda humanitaria?

La realidad colombiana debe ser reflexionada. Después de 60 años de violencia, entre una parte de la población, armada y entrenada, y la otra parte, adherida al Estado. Debieron sentarse a conciliar sobre los escombros de centenares de miles de muertos, desaparecidos, mutilados y el dolor de millones de seres humanos traumatizados.

Siempre he afirmado y escrito que prefiero mil veces apostar por diálogos, conciliaciones, elecciones, y nunca enfrentar poblaciones civiles para llevarlas a luchas fratricidas.

En Venezuela la verdadera oposición al régimen totalitario saldrá de entre las mismas filas del chavizmo. Esos grupos sociales que vuelven a estar políticamente desamparados, y son chaviztas, antes fueron adecos, copeyanos y perezjimenistas. Esa gente sí votará, sea porque piensan que haciéndolo saldrán de su miseria, sea porque los obligan con bozal de arepa, sea porque los intimidan/presionan/amenazan.

Sé que el ventajismo oficialista para estas elecciones es innegable. Que el régimen totalitario de Maduro y su banda de extremistas harán lo inimaginable por no dejarse quitar el poder. Pero hay que ladrarle de frente y en la misma cueva al carnicero de Miraflores. Hay que hacer de tripas corazón e insistir, insistir y seguir insistiendo.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

 

 

 

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