Los yukpas: El pueblo indígena que migró a Colombia en busca de arroz

Completan un año en territorio colombiano, desplazados por la violencia de la frontera con Venezuela. Necesitan protección y ayuda. Angélica Cuevas - Dejusticia
Completan un año en territorio colombiano, desplazados por la violencia de la frontera con Venezuela. Necesitan protección y ayuda. Angélica Cuevas – Dejusticia

 

Uno de los mayores retos para Colombia en la crisis migratoria de Venezuela es esta etnia que llegó desde el país vecino huyendo de la crisis y pide ser reconocido como binacional. Son 300 y denuncian que han muerto dos niños, que tienen dos miembros desaparecidos y que están amenazados. Así lo reseña elespectador.com

Por Carolina Gutiérrez Torres

El jueves 17 de mayo, hacia la 1:00 a.m., las balas rompieron el silencio en el barrio Escobal de Cúcuta, ubicado al cruzar el puente internacional Francisco de Paula Santander, que une a Colombia y Venezuela. Allí, junto al río Táchira, estaban dormidos en sus cambuches de palos y plástico por lo menos 300 indígenas yukpas, que desde hace un año empezaron a llegar de Venezuela porque el hambre y las enfermedades los sacaron de su territorio.

“Tuvimos que correr para la calle vecina y ahí amanecimos”, cuenta Brinolfo Romero, un profesor yukpa que llegó del lado venezolano de la serranía del Perijá (hay un lado colombiano), donde los yukpas han vivido ancestralmente. Al siguiente día, los yukpas volvieron a su asentamiento y encontraron cascos de balas en el suelo. De inmediato empezaron a recoger sus cosas sin saber para dónde ir. En este año que llevan en Colombia han tenido que moverse por tantos lugares que cuando se asentaron en ese terreno junto al río Táchira pensaron que por fin podrían estar tranquilos. Pero no.

Ese día, mientras empacaban lo poco que tienen, llegó un muchacho yukpa golpeado asegurando que un grupo armado intentó llevárselo engañado pero él logró huir. “Le entró algo, se hizo fuerte y logró escaparse”, cuenta Brinolfo. Y a eso se suma que en los últimos dos meses han desaparecido dos yukpas y no han dejado de recibir amenazas para que desalojen el terreno, según la comunidad. La balacera de ese jueves rebosó la copa.

Ante el ataque, le pidieron al Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), una de las pocas instituciones en las que confían plenamente, porque los ha acompañado desde su llegada, que los ayudara a desplazarse. Por la tarde trasladaron a los niños, mujeres, ancianos y algunos hombres (106 en total), al parque Santander. Llegó la noche y fue imposible regresar por el resto porque en el Escobal nadie garantiza la seguridad cuando oscurece. Se dice que en esa zona se mueven los Rastrojos, el Clan del Golfo y otras bandas criminales interesadas en controlar las trochas por las que pasa el contrabando desde Venezuela.

Las familias quedaron divididas. La Alcaldía de Cúcuta y el Gobierno trasladaron a los yukpas que llegaron al parque a un albergue. Otro grupo cruzó a Venezuela. Y otros pocos, unos 40, se quedaron en su asentamiento y ahí continúan. ¿Quién disparó? “La gente del monte”, dice Brinolfo. Según el alcalde de Cúcuta, César Ómar Rojas, el ataque no fue hacia los yukpas, “fue en Ureña (el primer municipio venezolano cruzando el puente). Fue un ataque a las instalaciones de la Guardia Nacional”. Y Felipe Muñoz, gerente del Plan Frontera, dice que el “hecho está en investigación”.

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