Colombia sin Farc: El inédito duelo presidencial entre izquierda y derecha

Colombia sin Farc: El inédito duelo presidencial entre izquierda y derecha

Miembros del Frente de Guerra Omar Gómez de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), reciben instrucciones el 19 de noviembre de 2017 en un campo de fútbol, en la ribera del río San Juan, departamento de Chocó, Colombia. Se suponía que el histórico acuerdo de paz de Colombia con los rebeldes marxistas de las FARC significaba la paz para todos, pero no había tenido gran importancia para las minorías indígenas y afrocolombianas, dijo Amnistía Internacional el 22 de noviembre de 2017. Aunque se firmó el acuerdo entre el gobierno colombiano y las FARC , el conflicto armado sigue siendo una realidad para millones en todo el país ", dijo Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional. / AFP PHOTO / LUIS ROBAYO
Miembros del Frente de Guerra Omar Gómez de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), reciben instrucciones el 19 de noviembre de 2017 en un campo de fútbol, en la ribera del río San Juan, departamento de Chocó, Colombia. AFP PHOTO / LUIS ROBAYO

 

Colombia va a las urnas este domingo para elegir al primer presidente que gobernará sin la amenaza guerrillera de las FARC en medio siglo, en un inédito duelo entre la derecha conservadora y la izquierda radical.

Paradójicamente, el acuerdo de paz con el que fuera el grupo rebelde más poderoso de América, hoy partido político, fracturó a este país de 49 millones de habitantes.





Dos candidatos que representan los opuestos del espectro político, el derechista Iván Duque (41 años) y el exguerrillero Gustavo Petro (58), asoman como los favoritos entre seis candidatos.

Hasta hace una semana, cuando por ley se dejaron de publicar mediciones, ninguna encuesta anticipaba una definición en primera vuelta.

Si esta vez no fallan los sondeos, habrá que esperar hasta la segunda ronda el 17 de junio para conocer al futuro gobernante de la cuarta economía latinoamericana y el primer exportador mundial de cocaína.

“Junto con las elecciones de marzo pasado para elegir al nuevo Congreso, cumpliremos el primer ciclo completo de elecciones nacionales sin la amenaza del conflicto armado” con las FARC, destacó el presidente Juan Manuel Santos.

Serán entonces -enfatizó- “las elecciones más tranquilas, más seguras, más transparentes” en el país.

Apadrinado por el expresidente Álvaro Uribe, Duque promete modificar el pacto de paz de 2016 para impedir que los rebeldes que ya entregaron las armas y están implicados en delitos atroces, ejerzan la política sin antes haber pagado un mínimo de cárcel.

Petro, que militó en los ochenta en el disuelto movimiento M-19, prevé honrar los compromisos que garantizan que los jefes exguerrilleros reciban penas alternativas a prisión si confiesan crímenes y reparan a las cientos de miles víctimas de un conflicto en el que también han tomado parte paramilitares de ultraderecha y agentes del Estado.

El independiente de centro Sergio Fajardo y el exvicepresidente Germán Vargas luchan por dar la sorpresa y meterse en segunda vuelta, mientras el exnegociador de paz con las FARC Humberto de la Calle y el evangélico Jorge Trujillo parten sin opción, según las encuestas.

La abstención, que históricamente ha rondado el 50%, podría volver a ser protagonista entre los 36 millones de colombianos convocados a votar voluntariamente.

Ningún candidato compite por tomar las banderas de Santos, que dejará el poder en agosto tras dos mandatos de cuatro años marcados por su baja popularidad.

– Preocupación venezolana –

Terminado el enfrentamiento de medio siglo con los rebeldes marxistas, los colombianos están más inquietos por la corrupción, la desaceleración económica, el servicio de salud y el repunte del narco que castiga las fronteras con Venezuela y Ecuador, que por el futuro mismo del acuerdo con las FARC.

En esta coyuntura, el coletazo migratorio de la crisis en Venezuela ha ganado espacio. En los últimos dos años han ingresado 762.000 venezolanos, de los cuales 518.000 pretenden instalarse en el país.

Bogotá, que prevé adherirse a la alianza militar de la OTAN para disgusto de Caracas que lo considera como una amenaza, prácticamente no tiene relaciones con el reelecto gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo, el pacto con el ahora partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común – que retiró a su candidato presidencial por problemas de salud y antes del descalabro en las legislativas – obra como un partidor de aguas.

“Colombia está polarizada desde antes de las elecciones. La polarización se hizo evidente en las campañas por el Sí y el No del plebiscito” por la paz, señala Andrés Macías, investigador de la Universidad Externado.

Aunque los opositores del acuerdo vencieron por mínimo margen, Santos sacó adelante el convenio que desarmó el año pasado a unos 7.000 combatientes, pero aún falta por implementar el sistema de justicia que garantiza verdad y reparación a millones de víctimas.

También están pendientes reformas rurales que evitarían reavivar el conflicto.

En su intento por sellar una paz completa, Santos también dialoga con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) -la última guerrilla activa que declaró una tregua unilateral por elecciones-, mientras combate a disidentes de las FARC y bandas narcotraficantes.

– Dos visiones, un país –

En esta contienda, Petro irrumpió con fuerza y logró arrastrar apoyos con su discurso antisistema, a favor del medioambiente, las minorías y de una economía no dependiente del petróleo.

El candidato del movimiento Colombia Humana rescató para la izquierda la plaza pública con multitudinarias concentraciones. Aquí estas reformas “se consideran extremistas, porque vivimos en un feudalismo bastante manchado por el narcotráfico”, señaló Petro a la AFP.

De su lado, Duque batalló para no parecer “un títere” de Uribe, aunque reivindica las mismas causas de su mentor: inversión privada, Estado austero y valores familiares tradicionales.

También propone “recuperar la economía, eliminando el derroche” mediante una reforma para recortar burocracia.

El centro llegó a estas elecciones dividido y sin oxígeno. AFP