Max Suarez D’Addario: Seamos sinceros

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Ya han pasado unos cuantos días desde el 20 de mayo, y a pesar de la masiva manifestación de rechazo al proceso electoral, con el cual el gobierno se proclamó, al mismo tiempo que se deslegitimó en el poder. Aún no vemos con claridad un plan de lucha en el que podamos participar todos los venezolanos, la llamada hoja de rutas que nunca hemos recibido. Apenas están, quienes nos hablan de defender la decisión de la consulta nacional del pasado 16 de julio, en la cual, más de siete millones de Venezolanos decidieron rechazar la realización de la Constituyente propuesta por Nicolás Maduro, demandar a la Fuerza Armada Nacional y a los funcionarios públicos obedecer y defender la Constitución del año 1999 y finalmente, proceder a la renovación de los poderes públicos. Sin embargo, a la luz de la arremetida autoritaria reciente, nadie nos explica cuál debe ser la perspectiva de lucha, o por qué los liderazgos políticos guardan silencio.

Por su parte, el gobierno intenta convencernos de haber obtenido una victoria, lo que lo acreditaría para sentarse a dialogar, con alguien, posiblemente con la oposición, solo que no terminan de decirnos cuál coalición representa a la oposición y por consiguiente, no terminan de convencernos de sentirnos representados en su posible negociación. Mientras tanto, lo que sí es seguro, es que la prioridad del gobierno sigue siendo mantenerse en el poder, pero aún no tenemos claro, por ingenuidad o por esperanzas, a qué costo.

Si empezamos a juntar todas las interrogantes que tenemos, podríamos construir un mapa de incertidumbres y eso sólo puede significar una cosa ¡No nos están siendo del todo sinceros! Por lo tanto, debemos asumir la responsabilidad de interpretar, por cuenta propia, nuestra realidad política, y es allí donde empiezan los conflictos de intereses, de organización y de formas de lucha. Pero también, es la oportunidad del gobierno para aprovechar la debilidad de su adversario arrojándole gasolina a sus conflictos internos.

Con ánimos de aportar a la unidad de intereses, entre las distintas coaliciones que intentan superar el autoritarismo en Venezuela, me permito recordar que los países solo tienen tres formas para superar sus conflictos, a saber:

1. Los mecanismos institucionales, contemplados en la constitución de cada país, a la cual deben responder sus instituciones. Sin embargo, en el caso venezolano, la usurpación de funciones y la dependencia de los poderes públicos al ejecutivo, no hacen viable que las partes acudan a estos mecanismos ilegitimados. Por lo tanto, descartamos y nos quedarían dos mecanismos por analizar.

2. Los procesos de diálogo, que se inician únicamente cuando las partes acuerdan solventar los conflictos mediante el poder de la argumentación. Para ello existen un abanico de cuatro posibilidades: La negociación, la mediación, la conciliación o el arbitraje, cada una con sus características propias. Pero nuevamente, en el caso venezolano se vienen deslegitimando estos mecanismos, al menos, hasta que ambas partes acudan a una instancia internacional, que por sí sola, esté en capacidad de legitimar a las partes. Por lo tanto, descartemos momentáneamente los procesos de negociación y mantengamos una posibilidad lejana de iniciar un proceso de mediación o conciliación en el marco del diálogo.

3. Los conflictos violentos, en los cuales las partes intentan imponerse mediante el uso de la fuerza. Pero, analicemos desde la perspectiva venezolana este escenario. El gobierno ha demostrado absoluta disposición a tratar de imponerse por la fuerza, bien sea con el uso de las FAN para reprimir manifestaciones y protestas, o con el uso de grupos mercenarios para intentar aplacar cualquier disidencia política. Por lo tanto, la protesta pacífica pierde sentido, lo que nos obliga a poner sobre el tapete, los supuestos negados, de una conformación de ejércitos populares, a la cual la oposición venezolana no parece tener acceso, la profundización de las sanciones económicas a funcionarios de la administración pública, o la mentada intervención internacional, cada vez más legitimada por razones humanitarias.

Pero, sinceramente, este último escenario, pudiera significar el reconocimiento de la necesidad de formación de nuevos liderazgos políticos en nuestro país, y también, la dramática realidad a la cual nos vienen empujando desde el gobierno. Lamentablemente, mientras nuestros líderes políticos sigan dependiendo de los tiempos de la diplomacia, debemos analizar una cuarta posibilidad, cada vez más factible: La no resolución del conflicto o sumisión del pueblo.

Me pregunto entonces ¿Será inadecuado pedir sinceridad política? Los venezolanos debemos estar preparados, debemos plantearnos la victoria y debemos apostar por nuestras capacidades. ¡O por lo menos, es la verdad que nos solemos repetir!

@maxsuarezd