Juan Carlos Rubio Vizcarrondo: Lo Real y lo Aparente en Venezuela

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En el país sumergido en el caos absoluto que hoy tenemos, llega a ser difícil determinar dónde nos encontramos. En tal sentido, nuestra percepción, por los efectos de la locura nacional, está sujeta a un conglomerado de sucesos, discursos y demás eventos variables que nos proveen premisas inexactas para arribar a conclusiones contradictorias. Un día sentimos al régimen cercado, fracturado y otro invencible y consolidado. En una mañana decretamos la insostenibilidad estructural del país, pero horas después, ya en la tarde, observamos como otra jornada ha concluido y la pesadilla no termina. Así es como semana a semana, mes a mes, permanecemos exhaustos ante la supuesta ambigüedad de la situación que nos ha tocado.

Dada esta circunstancia, es de afirmar, en pro de la claridad, que cuando caemos en contradicciones es porque nuestras premisas entran en conflicto. Esto es normal en la vida diaria, sin embargo, en nuestro caso, la tendencia al error es inducida, pues, bajo el yugo totalitario, vivimos la confrontación perenne entre la realidad que comprendemos y las narrativas que se nos implantan desde el poder.

¿Cuál es la realidad? Todo aquello que hemos apreciado a partir de nuestra experiencia y nuestro sentido común, como por ejemplo, que el régimen es criminal, que la democracia y la república han muerto, que el pueblo venezolano en su enorme mayoría está consciente de lo que vive, entre otras cosas.

¿Cuáles son las narrativas impuestas? Todas las falacias y artificios con las cuales se busca ofuscar a las verdades obtenidas de lo vivencial, esto podemos presenciarlo cada vez que se habla de “polarización”, “elecciones”, “respeto a la constitución”, etcétera.

Aunado a lo anterior, es de especial importancia hacer hincapié en el hecho de que este reino de mentiras al que estamos sometidos tiene su cauce en la tiranía. Sea mediante propaganda, soborno o extorsión, el régimen busca persistentemente el falsear a la realidad en los términos de lo comunicacional, o puesto en otras palabras, imponer su narrativa a pesar de nuestra consciencia. En tal ficción, nosotros vivimos en un país “democrático” que vive una “profunda polarización” en que el “Gobierno Nacional”, de intenciones “nobles” y “heroicas”, se ve saboteado sin cesar por agentes intrínsecos (“los fascistas”, “los golpistas” o “la derecha”) y agentes extrínsecos ( “el neo-colonialismo”, “el imperio norteamericano” o “los yankees”).

A pesar del objetivo de referida ficción, cuyas replicas vemos de una forma u otra en el aparato propagandístico, los medios de comunicación social tradicionales, y en cierta medida, en las incoherencias a nivel del discurso de ciertos sectores de la oposición política, los ciudadanos venezolanos, casi en pleno, están prácticamente conscientes de que una cosa es el ruido que proviene del régimen y sus tentáculos, y otra lo que realmente está pasando con la nación. Incluso así, hay que admitir que la tiranía todavía cuenta con medios bastante insidiosos para agitar, confundir y distraer a la población. Todos los ejemplos que puedan darse al respecto (como la fútil reconversión monetaria, por decir alguno) siempre tendrán como objeto afianzar lo que nosotros, de fondo, sabemos que están perdiendo: la noción de control. Esto obedece, como recomendó hace siglos Sun Tzu, a que el que se sabe débil siempre debe aparentar fortaleza.

Siendo que lo que nos ha tocado no es cualquier cosa, por cuanto el régimen en que caímos es totalitario y criminal por naturaleza, es obligatorio para nosotros hilar fino. No podemos dejarnos llevar y reaccionar indistintamente a todo lo que haga la tiranía. No podemos perder foco entre lo que es forma y lo que es fondo. No podemos de dejar de cuestionarnos qué es lo que ellos no quieren que nosotros hagamos o pensemos. El no dejarse arrebatar la perspectiva es fundamental, ya que muchas, para no decir la mayoría de sus estrategias penden de que en lo psicológico, nos inunden de incertidumbre, miedo e indefensión.

En definitiva, la guerra que el régimen tiene contra los venezolanos no solo es física, sino también psicológica y espiritual. Si una analogía ha de servir para el manicomio que hoy tenemos, es que en Venezuela hay una matrix, tal como la película del mismo nombre de 1999, consistente de absurdos y engaños que buscan ocultar inútilmente una realidad subyacente de sumisión, por el mando precario de unos tiranos. A tales efectos, y más aún en estas horas cruciales, debemos proseguir con lo que ya hemos iniciado: abrir los ojos a lo real e ignorar sin titubeos a lo aparente.

¿Qué es lo real? Que la tiranía yace en estado de fragmentación, que el país cambiará y que los medios para el cambio en Venezuela serán inéditos.

¿Qué es lo aparente? Que la tiranía se “afianzó”, que el país puede “continuar” bajo este sendero y que nuestra salvación se “ha perdido”.

¿Cómo deduzco todo esto? Pues queridos lectores, observen y analicen la sumatoria de hechos y detalles muy bien, porque hay un sol naciente y los opresores creen poder taparlo con un dedo.

@jrvizca