Corto y Picante: “Como los músicos del Titanic” Por @JoseLuisFarias

José Luis Farías  @FariasJoseLuis
José Luis Farías @FariasJoseLuis

 

El pranato rojo atraviesa su peor momento, su final luce irreversible y pronto. Las dos principales fuentes de poder en Venezuela, el petróleo y la Fuerza Armada Nacional, han entrado en un descalabro del cual no hay señales de que puedan salir sin un necesario cambio de gobierno y de sistema. El desmadre en ambos sectores es inocultable. El régimen es insalvable, ni siquiera les serviría un escenario de “Estado fallido” con el cual pudieran buscar recursos en el mundo del narcotráfico y de otras actividades delictivas, ya no para amasar fortunas personales, como hasta ahora, sino para su sostenimiento como régimen. La acción internacional se lo impediría.

La crisis económica, fruto principalmente de la destrucción de la industria petrolera venezolana y el saqueo de los dineros públicos, alcanza ribetes inimaginables. Aunque según el juicio de los expertos lo peor todavía está por llegar. La caída de la producción petrolera, la hiperinflación y el default se combinan mortalmente para acentuar el hambre y la crisis de los servicios públicos con su correlato de muerte y tragedia social.

Ya suman más de cien la cantidad de barcos petroleros represados en nuestras costas producto de las demandas internacionales que reclaman pagos, al tiempo que los depósitos petroleros están desbordando su capacidad. Esto representa una pérdida de más de 70 millones de dólares diarios y el peligro de una pronta paralización de gran parte de la producción con el riesgo de sus implicaciones técnicas sobre los pozos petroleros para ser reactivados nuevamente.

El mundo militar, por su parte, atraviesa la peor de sus crisis en toda su historia desde su nacimiento en 1910 como cuerpo profesional. A las solicitudes de baja, las deserciones, las desviaciones hacia actividades ilícitas producto de la crisis y los continuos rumores de alzamientos, la respuesta del régimen es la represión desmedida y desesperada creyendo que con eso va a resolver el peliagudo problema.

La detención de casi dos centenares de oficiales, las torturas a las cuales han sido sometidos muchos de ellos y las amenazas a familiares, han complicado más la situación. El problema militar se ha convertido en un terreno movedizo donde el régimen se hunde cada vez más. Esta torpe actitud represiva ha producido un cuadro de desasosiego e indignación que progresivamente deriva hacia posiciones de resistencia y de clara rebeldía incontrolables frente a esos abusos y atropellos. Los episodios ruedan por todas partes.

Mientras tanto, la dirigencia política opositora pareciera estar como los músicos del Titanic y sigue tocando al son de los intereses personales sin percatarse de que el régimen se hunde frente a sus ojos y junto con ella. Negándose a dar el paso para resolver cuanto antes el asunto de la Unidad como plataforma política indispensable para el cambio, además de definir la estrategia política a seguir que no es otra que presionar sin tapujos la salida del usurpador.