El efecto rueda giratoria Por @lmesculpi

thumbnailluismanuelesculpi

Aunque la mayoría de los presos políticos que salieron de las cárceles no tienen libertad plena, no deja de ser un motivo de alegría solidaria que pese a las restricciones puedan estar de nuevo en la calle, quienes nunca han debido estar presos. En el proceso reciente el gobierno quedó al descubierto, por una parte reconoció la existencia de presos políticos, independientemente que aprovechó los momentos iniciales para soltar a militante de colectivos y presos comunes; y por la otra se evidenció nuevamente la inexistencia de la separación de los poderes.

Las democracias modernas se destacan -entre otras cosas- por no mantener presos políticos y por la existencia de equilibrio entre los poderes, en los regímenes autoritarios esas características no están presentes, tal es el caso del gobierno de Maduro donde se reducen cada vez más los espacios democráticos mientras se ensanchan los del autoritarismo.

Independientemente de las razones que condujeron al gobierno a adoptar las medidas recientes, donde la lucha de los sectores democráticos, especialmente de los defensores y familiares de los presos, la presión internacional jugaron un rol decisivo, no es una concesión graciosa del gobierno que intenta lavar su imagen de régimen represivo, objetivo que no será fácil de alcanzar dado su conducta permanente.

A la hora de escribir este artículo no se ha concretado la excarcelación de los presos más antiguos, la de los policías metropolitanos y el comisario Iván Simonovis, tampoco la de Leopoldo López y la del General Raul Isaías Baduel. De tal manera que exigencia de libertad plena de todos los presos políticos sigue manteniendo plena vigencia.

Los policías metropolitanos tienen 15 años presos, ni siquiera en la dictaduras del siglo XX en Venezuela hubo presos políticos que permanecieran tanto tiempo en las mazmorras, Leopoldo López es un preso político emblemático y el General Baduel un día antes de cumplir la pena por sentencia de un juicio anterior, se la abrió otro con el deliberado propósito de llevarlo nuevamente a prisión.

En paralelo desde mediados de marzo hasta fines del mes pasado han sido apresados más de dos decenas de oficiales de la Fuerza Armada, información que ha sido reseñada por periodistas especializados en él área militar y difundida a través de algunos medios de comunicación; que involucran a sus cuatros componentes, las más recientes informan de la detención de un General de división y un General de Brigada activos de la Guardia Nacional, antes reportaban la de varios Oficiales de la Armada y de la Aviación y en marzo la de varios Comandantes de batallones del Ejército.

Sin conocer mayores detalles de las características de las detenciones de los oficiales de las FAN, es una situación objetiva que mientras salen algunos presos con libertad condicional, se producen nuevas detenciones lo que algunos abogados han denominado el “efecto de puerta giratoria”, lo que también se puede afirmar con certeza es que no existe estamento en la sociedad que escape a la crisis que confrontamos en la actualidad.

Los recientes y permanentes llamados de Maduro a las FAN, las exigencias de firmas y actos de juramentación para reafirmar lealtad al Presidente de la República, son un reflejo de un ambiente en el mundo militar que al lado de las detenciones recientes constituyen un indicador de la dimensión de la crisis socioeconómica y política trasciende a todos los ámbitos de la sociedad y que la reelección de Maduro no la resuelve, al contrario la agrava inexorablemente.

El gran desafío que tienen las fuerzas democráticas es el de lograr concertarse para el diseño de la ruta constitucional, pacífica electoral y democrática que lleve adelante el cambio político, requisito indispensable para superar la agobiante crisis que confrontamos. Ese norte no puede perderse en medio de disputas intrascendentes y subalternas. Cumplir con ese reto es de trascendencia histórica.

Luis Manuel Esculpi