ABC de la política Encuentros, consensos… e impunidad, por Carlota Salazar Calderón

Carlota Salazar Calderón @carlotasalazar

 

Traigo estos conceptos a colación por los comentarios encrispados e insultantes que surgen en las redes cuando sectores de oposición se sientan con el gobierno, otros que cometen el pecado mortal de no estar de acuerdo con una intervención extranjera o un de golpe de estado o que de alguna forma no refuerzan la salida inmediata del gobierno ¡Ya! por la presión internacional, que Maduro renuncia, viene una transición desde la Asamblea Nacional para unas nuevas elecciones, en cuyo contexto: el chavismo no existe.

El eterno retorno del concepto del aplastamiento. Venezuela arrastra en forma ancestral la cultura del caudillo, que no tiene seguidores sino incondicionales, no tiene adversarios sino enemigos a vencer, en una relación de “mando y obedezco”. Cultura que le ha hecho mucho daño al país desde la independencia, cada asalto al poder sacaba de raíz a los otros, con banderas de cambio que no cambiaban nada, que lo que dejaron fue miseria y desolación, hasta que muere Juan Vicente Gómez, cuando comienza una apertura hacia la democracia, que excluyó injustamente al comunismo, sector que contribuyó a la democracia.

La política quedó reducida a dos partidos que cohabitaron en silencio cómplice. Este bipartidismo lo rompe en Venezuela la Causa Radical, lo continúa el chiripero de Caldera y lo liquida el MVR. Ahora, una gama de sectores opositores que pretenden imponer una visión de cómo oponerse y el chavismo que pretende imponer su visión autoritaria del poder, en ninguna de las dos filas se está permitido criticar o refutar y el que osa hacerlo, en ambos bandos, es traidor a la patria.

Con esta líneas lo que quiero significar es que en pleno siglo XXI con la rapidez de las comunicaciones, movilización y del conocimiento, un sector no puede aplastar a otro, por tanto debemos aprender a coexistir por el beneficio de todos, porque todos hacemos falta. La oposición tiene el empeño de combatir al comunismo anacrónico de tiempos de Mao y Lenin, cuando lo que se impone son prácticas perversas de control de la sociedad que aplican los de izquierda y los de derecha. Entonces ¿cómo lo combatimos? En la arena de la confrontación cuerpo a cuerpo o ¿mediante las herramientas políticas que nos permiten un ejercicio ciudadano, como es el voto, asambleas ciudadanas, cabildos abiertos, consultas populares, referéndum, propuestas legislativas… propuestas, ideas… que atiendan a la solución de las necesidades de la gente, carencias, sueños?

Sentarse o no con el gobierno, darle la mano al Presidente o a Diosdado a los Rodríguez o al Diablo, no hace a nadie chavista, menos en gobierneros o vendidos, es hora de tener “caridad cristiana”. La lectura humanista es que son políticos que están en la búsqueda de espacios de encuentro, consensos… lo cual no significa impunidad, quien comete un delito o falta debe pagar por ello, no podemos en aras de la armonía premiar a rateros, delincuentes o asesinos, venga de donde vengan. Pero ese equilibrio de respeto se logra con trabajo político que tanta falta nos hace.

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