William Anseume: “Gobierno” sustraido de la realidad

El “gobierno” nacional no sólo se ha creado permanentemente una realidad paralela, suya, digamos su realidad: gobernadores alternos, universidades diversas, atenciones médicas de modos diversos, otro parlamento, un apartamiento de los demás en torno a la comida embolsada; sus territorios intocados por otros, como Caracas, según ellos; sus monedas otras, su otro país. Así existirían para él: sus gobernadores y los otros, sus universidades y las otras, sus médicos y los otros, sus parlamentarios y los otros, sus habitantes que comen barato y los otros, sus espacios y los otros, sus signos monetarios y los otros: su país y el otro, el de nosotros, el de quienes lo adversamos a diario. Todo un tema postmoderno de la otredad magnificado, llevado a la concepción de un país dentro de otro. Su extrañamiento del otro, basado en las diferencias ideológico-políticas, le ha funcionado hasta ahora como mecanismo para permanecer en el poder, distanciándose y creando su realidad particular, con sus modos de habla y escritura también alternos, que giran en torno a la idea de patria, de dueños irremediables de ella hacia un futuro de bienestar que nadie vislumbra. Pero no es sólo el problema de su realidad paralela. El “gobierno” se extrañó definitivamente de la realidad, por lo tanto, no entiende la problemática generalizada que nos envuelve a todos, nos agobia, nos mata.

Por ejemplo, situémonos económicamente. El “gobierno” considera que el salario mínimo es suficiente para que una familia viva mínimamente, cuando el monto de ese salario mensual es superado por un simple refresco de dos litros, que vale justo el monto del bono mensual de alimentación. Eso es estar situado absolutamente al margen de la realidad. Como estar al margen de la realidad es creer que la gente se aguanta con la bolsita cada dos meses, que espera un transporte inexistente o una bombona de gas que no llega o una ambulancia o un médico o un puesto para atención en algún hospital. Los seguros que ofrecen a los empleados públicos causan una impresión muy lamentable. A los universitarios nos inventaron un solo sistema de salud, el de las macollas que pretenden apropiarse de todas las ganancias dejando al lado las empresas privadas por usureras, brindan la bicoca de una protección absoluta con siete millones de bolívares por eventualidad que puede ser ampliado hasta a diez, imagínense, tremenda protección social. Las medicinas alcanzan un monto mensual de un millón por patología. El extrañamiento de la realidad es supremo, como es su creencia de permanencia así en el poder, pisoteando toda posibilidad razonable.

Para colmo, el sueldo básico de un profesor universitario gira entre tres millones novecientos y cinco millones seiscientos, mensual, ¡mensual! A un profesor universitario, el gobierno disparatado, alejado de la realidad tangible, le ofrece como remuneración cuatro refrescos mensuales. Con esa protección social y con esa remuneración quien sufre la realidad es el trabajador, el que gana sueldo mínimo y quien debería ganar el máximo. En algún momento la realidad le va a estallar duro en la cara, y ellos lo saben. Por eso arrecian con lo que les queda y sí es real, tangible y miserable: la represión, la persecución, el encarcelamiento y el extrañamiento de los disidentes de la que sí es realidad real: del territorio donde su presencia escuece a diario el proceder del “gobierno”.