¿Por qué los venezolanos se están quedando sin seguros?

(Luis Acosta AFP)

 

Ángela Méndez es jubilada y cuenta con una póliza de seguros que renovó por un año en agosto de 2017, pero no tendrá más opción que acudir a los moribundos hospitales públicos: “Me cubre hasta cinco millones de bolívares por enfermedad y la semana pasada en tres clínicas privadas me informaron que la tomografía que debo hacerme cuesta cuarenta millones”. Así lo reseña prodavinci.com

Por Víctor Salmerón

Las regulaciones de la Superintendencia de la Actividad Aseguradora obligan a las empresas de seguros a mantener fijo durante doce meses el monto que le cobran a sus clientes al momento de otorgarles una póliza de salud. Pero, a diferencia de este cargo –la prima según los términos del sector–, los costos de la medicina no permanecen estáticos, sino que aumentan incesantemente por la hiperinflación, creándose un desequilibrio de grandes proporciones.

Gerentes de empresas de seguros explican que si la prima no puede incrementarse durante doce meses, la cobertura por enfermedad también permanece invariable durante un año. Esta camisa de fuerza, en un entorno donde el precio de los exámenes de laboratorio, operaciones quirúrgicas, consultas médicas y demás tratamientos aumenta constantemente, implica que al poco tiempo la protección que ofrece la póliza es prácticamente inexistente.

El Banco Central oculta las cifras de inflación, pero de acuerdo a la medición que realiza la Asamblea Nacional, sólo en mayo se registró un alza del 110% y en los últimos doce meses se acumula un salto del 24.571%.

Desequilibrio cambiario

Como la gran mayoría de los equipos y materiales que utilizan las clínicas son importados, el comportamiento del dólar impacta en su estructura de costos y el desajuste cambiario en el que está inmersa la economía venezolana es severo.

Tras no ahorrar en los tiempos de los altos precios del petróleo, multiplicar por cinco la deuda en divisas y sufrir un profundo declive en la producción de petróleo, el Gobierno ha optado por reducir al mínimo la oferta de dólares en el mercado oficial.

La consecuencia es que en el primer semestre de este año las empresas privadas solo han podido comprar 14 millones de dólares en las subastas que organiza el Banco Central, por lo tanto, los proveedores que surten a las clínicas recurren al mercado paralelo de divisas donde el dólar se cotiza a una tasa que aumenta constantemente y rebasa abiertamente la oficial.

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