Los populistas, perdidos en el lado oscuro de la historia

“A los populistas no les interesa ni les conviene los contrapesos en su gestión de gobierno, la razón está en el ADN autoritario que les caracteriza” (Foto: Ciudadanodiario.com.ar)

 

Steve Arthur Pinker, psicólogo experimental, científico cognitivo, lingüista y escritor canadiense, profesor de la Universidad de Harvard, defiende en una entrevista que le hizo el diario El País, de España, los ideales de la democracia contemporánea, frente a las tendencias populistas, reseñó Correo del Caroní.

En su libro En defensa de la Ilustración, Pinker coloca de relieve la herencia del pensamiento de la Ilustración y denuncia a quienes señala como los enemigos del progreso humano del presente siglo. A los efectos, menciona a Trump, el brexit, los nacionalismos tribales y el populismo que en sus diversas expresiones y máscaras amenaza con avasallar a muchos países, entre ellos los latinoamericanos: “Los ideales de la razón, ciencia y humanismo, deben ser defendidos ahora más que nunca porque sus logros pueden venirse abajo. El progreso no es una cuestión subjetiva. Y esto es sencillo de entender. La mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía…”. A lo cual agrega: “Todo ello se puede medir y su incremento a lo largo del tiempo es lo que llamamos progreso. Y eso es lo que hay que defender”.

Pinker, defensor de la libertad económica como base del progreso de las sociedades, dice: “La libertad económica suele ir acompañada a menudo de otras formas de libertad. Corea del Sur, aparte de gozar una economía de mercado, es un lugar mucho más libre y placentero que su vecino del norte. Cuando los países abandonan el mercado, como Venezuela, se hunden en la miseria. Ocurrió con la Unión Soviética, la China de Mao, la Alemania del Este anterior a la caída del muro…”. Desde esa perspectiva, este investigador opina que la irrupción del populismo no es otra cosa que una reacción hacia el avance del cosmopolitismo del tiempo actual: “Los populistas están en el lado oscuro de la historia”, aunque paradójicamente, en sus ofertas electorales, inviten falazmente a sus simpatizantes a “hacer historia”.

Aunque se arropan con disfraces de progresismo, los populistas esconden atavismos y prejuicios, en ese sentido Pinker plantea: “Los populistas tienen en común una mentalidad tribal, la misma que conduce al nacionalismo y al autoritarismo. Sienten hostilidad hacia las instituciones, buscan un líder natural que exprese la pureza y la verdad de la tribu. Les cuesta aceptar la idea democrática e ilustrada de que el gobernante es un custodio temporal del poder sometido a deberes y obligaciones”. Para el populismo, el líder mesiánico es un irreverente, un espontáneo, un individuo predestinado cuya aparición en el tiempo y en la historia representa una ruptura, una venganza, una revancha en contra de una institucionalidad que ataca y busca destruir para montar su aparato de dominio y poder. Pinker advierte sobre esa tentación: “Como dijo James Madison (presidente de Estados Unidos de América de 1809 a 1817), la ambición contrarresta la ambición. De allí el sistema de contrapoderes. Por supuesto que los líderes quieren maximizar su poder, pero si los tribunales y los legisladores, aunque no sean ángeles, se les enfrentan, se neutralizan y se previene la dictadura”.

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