Centenares de nicaragüenses se dan la mano para pedir la salida de Ortega

Centenares de nicaragüenses unieron este miércoles sus manos parar formar una gran cadena humana en Managua con el objetivo de pedir que el presidente Daniel Ortega renuncie a su cargo y reclamar justicia para las más de 300 personas. EFE/Bienvenido Velasco

 

Centenares de nicaragüenses unieron este miércoles sus manos parar formar una gran cadena humana en Managua con el objetivo de pedir que el presidente Daniel Ortega renuncie a su cargo y reclamar justicia para las más de 300 personas que han sido asesinadas desde que comenzaron las protestas el pasado 18 de abril.

EFE

La cadena humana se extendió a lo largo de más de tres kilómetros en los que los manifestantes exhibieron sus reivindicaciones y mostraron que la acción de policías y paramilitares no les amedrenta para salir de las calles.

“Yo me siento arrepentida porque voté por él (Ortega) pero no para tener una Nicaragua como la que tenemos ahorita, donde se irrespeta la democracia, no tenemos nosotros democracia, han matado a nuestros jóvenes, a nuestros universitarios”, comentó a Efe una mujer que prefirió ocultar su rostro tras una pequeña bandera nicaragüense.

Esa mujer, como muchas otras, recibió uno de los panfletos que circulaban entre los manifestantes y que es buena muestra de lo que afrontan quienes deciden salir a las calles.

En esos papeles algunos convocantes piden a los asistentes que “salvaguarden sus vidas” evitando los enfrentamientos y las provocaciones para no convertirse en “blanco del régimen” de Ortega.

También piden que en caso de ser atacados por policías y paramilitares, las “fuerzas combinadas” como suelen ser denominados, huyan en busca de refugio y se alejen del conflicto “en lugar de correr hacia él”.

Ese es el ambiente de miedo que generan las “fuerzas combinadas” y que deben de superar para salir a la calle.

Por eso, la mujer que atiende a Efe con su rostro tapado por la bandera de su país, “ante el temor de que la identifique incluso en su barrio”, subraya: “Yo como todos los nicaragüenses estamos muy molestos por este Gobierno esbirro, genocida por todo lo que nos ha hecho”.

“No queremos ni elecciones, queremos que (Ortega y los miembros de su Gobierno) se vayan de Nicaragua, no hay otra salida. El pueblo de Nicaragua ya decidió que se vayan. No queremos a Daniel Ortega en el país”, concluye.

Con ese ánimo recorrieron las calles de Managua bajo el grito de “Pueblo únete” que fue respondido por decenas de empleados que dejaron sus puestos de trabajo para aplaudir o integrarse en la cadena.

Oficinistas, obreros de la construcción, cocineros de restaurantes de comida rápida respondieron a la llamada y ocuparon también la carretera a Masaya, en una marea blanca y azul en la que hoy no atronaron las balas de la represión.

“En primer lugar, (vamos a seguir en las calles) para que este Gobierno se vaya a la porra”, explicó a Efe otro hombre con la cara cubierta por un pañuelo con los colores nicaragüenses.

El opositor aseguró que, pese a las amenazas, seguirán en las calles pidiendo la renuncia de Ortega para que haya “una paz definitiva” y que “el pueblo pueda vivir con mejores condiciones de trabajo”.

“Para que sean honestos los que vengan (tras la caída de Ortega), no como este atajo de ladrones que se encuentran en el poder”, subrayó. Sus palabras las sostenían los miles de vehículos que se cruzaban con la cadena y que pitaban para mostrar su apoyo.

Entre las pancartas y los gritos, muchos recordaban y pedían justicia para al menos 310 muertos que han caído desde que comenzó la protesta.

Con gritos como “prohibido olvidar”, “justicia para los asesinados”, “Nos faltan 300” o “eran estudiantes, no delincuentes”, todos ellos estuvieron muy presentes en la marcha.

El momento más emotivo se produjo al llegar la cadena a su final, en la rotonda Jean Paul Genie, donde desde hace semanas los familiares y amigos han situado cruces en recuerdo de los fallecidos.

Allí, los manifestantes recolocaron las flores secas que los honran y, tras aplacar el temor de que hubiera un nuevo ataque, volvieron a sus casas en una jornada que, esta vez sí, transcurrió tranquila.