Luis Alberto Buttó: Universidad y país

Luis Alberto Buttó @luisbutto3

El cerco deliberado que el gobierno revolucionario ha colocado a las universidades nacionales, concretamente las autónomas, es, a su vez y por encima de todo, un cerco cruel, irracional y torpe impuesto a las posibilidades de desarrollo del país. En otras palabras, el problema de las universidades no atañe única y exclusivamente a los universitarios, en tanto y cuanto ellos son la porción de población en primera línea vinculada con los centros de educación superior. Es un problema de toda la sociedad y así tiene que ser entendido, pues tiene impacto inconmensurable sobre las reales opciones de estar a tono con el crecimiento y orientación de la economía globalizada, de forma tal que esa sintonía se traduzca en el mejoramiento de las condiciones de vida de los venezolanos.

Hoy en día, no menos de 50% de las posibilidades reales que tiene cualquier país de generar riqueza dependen de su capacidad para incorporar la ciencia y la tecnología a los procesos productivos internos para que estos se caractericen por ser innovadores. Así las cosas, la ecuación es clara: innovación es igual a crecimiento; innovación es igual a progreso. La potencia económica de las naciones de mayor desarrollo relativo a escala planetaria descansa en el hecho de que más de la mitad de la riqueza que producen está concentrada en los bienes llamados intangibles. Es decir, productos directos de la ciencia desarrollada por sus investigadores. Conocimiento puro. Conocimiento duro. Es la única forma en que la gente puede producir más y mejores bienes y servicios para disponer de ellos libremente. Es la única forma en que la gente puede estar más y mejor alimentada. Es la única forma en que la gente puede ser más sana y vivir más tiempo. Es la denominada sociedad del conocimiento al servicio de los seres humanos.

Lo contrario a esta convicción y práctica que reina en el mundo es lo que se vive actualmente en Venezuela. La política de asfixia deliberada a la cual el gobierno nacional ha sometido a las universidades las ha colocado de espaldas a lo que la comunidad internacional hace rato comprendió y asumió único camino exitoso. Mientras durante la última década, en el resto del globo la producción de conocimiento científico se multiplicó por cuatro, en igual período el caudal de productos de investigación científica del país descendió cuando menos 50%. Es decir, la producción de ciencia en el país se redujo en igual proporción a las magnitudes del éxodo de profesores-investigadores de universidades venezolanas al exterior. Ociosa la interrogante: ¿qué ciencia puede producirse en laboratorios y centros de investigación vacíos? A la par, se gastan millonadas en comprar, verbigracia, cohetes a potencias extranjeras: artilugios que a la larga no sirven para nada, salvo para evidenciar sin rubor nuestra dependencia tecnológica.

El asunto es que el presupuesto de nuestras universidades a duras penas alcanza para pagar nóminas; nóminas de hambre, valga la aclaratoria. Nada que ver con el financiamiento a la investigación; la adquisición de bibliografía; el mantenimiento, reparación y reposición de equipos; la compra de reactivos para laboratorios; etc. No hay espacio suficiente para listar las carencias que describen el drama. Un ejemplo, entre tantos otros: la biblioteca de una universidad a mí cercana requiere comprar un libro de texto fundamental para varias de las carreras que en ella se dictan. Una especie de Biblia, pues. ¿Precio del libro? 80 millones de bolívares.

¿Presupuesto de la biblioteca? 60 millones de bolívares. Demostración palmaria de la preocupación que siente por la educación de calidad quien asignó tal presupuesto.

Con Socialismo del Siglo XXI no hay universidad posible. Sin universidad no hay progreso. Saque usted sus conclusiones.

Historiador
Universidad Simón Bolívar
@luisbutto3