Gladys Socorro: Desmenuzando a Ramos Allup

Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Henry Ramos Allup entendió la jugada. La ve clarita. Le dio una patada a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para rearmar su tablero político electoral y así sobrevivir y avanzar. Aunque nunca tendrá la humildad para reconocer que se equivocó, es evidente que sacó cuentas y se percató que el negocio de la abstención no es rentable para su partido.

Para su retirada ondeó como bandera el incumplimiento del acuerdo suscrito por los miembros de la MUD en abril de 2017, en el que los puntos más importantes eran la elección por primarias del candidato a la presidencia y la ratificación de la “estrategia única y medular seguida hasta ahora para lograr el cambio político: civil, constitucional, democrática, electoral y pacífica”. Parece obvio: ante la insistencia permanente del ala radical de la oposición de no participar en los procesos electorales, será imposible que el caudillo blanco logre su
sueño de ser candidato presidencial.

Pero más aún, la abstención ha sido un retroceso en tenencia de poder para los adecos. Son un partido con 76 años de tradición que tras haber sido desahuciado, al día de hoy ha conseguido sumar por la vía electoral 24 diputados principales, 19 suplentes, 7 alcaldías y 4 gobernaciones, además de ser el partido de oposición que más votos sacó en su proceso de validación nacional. Es decir, AD pasó de ser un muerto político a ser un ave fénix que resurgió de sus cenizas.

¿Será que entendieron que si no tienen espacios de poder no tienen fuerza para exigirle algo al gobierno? Todo indica que el pragmatismo blanco ha prevalecido. Seguir en una mesa donde nada se decide, donde no hay capacidad para medir en tiempo real la crisis nacional, donde los problemas desbordan a sus protagonistas y las soluciones brillan por su ausencia, es seguir alimentando la ya profunda decepción de los venezolanos. Además, es una mesa donde todas las discusiones pasan por un G4 (AD, Un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular y Primero Justicia), pero que en la más estricta realidad debería tratarse de un G2 porque sólo dos organizaciones (AD y UNT) de esas cuatro están legalmente contituídas y reconocidas.

Sin embargo, a estas alturas patear la mesa no los exonera de culpas. Acción Democrática, o quizás su caudillo de manera particular y en decisiones inconsultas con las bases, es gran responsable de la tragedia en la que estamos entrampados los venezolanos. En el referendo presidencial de 2004 cantó un fraude que nunca ha demostrado, en 2005 lideró la cruzada por la abstención para las elecciones parlamentarias donde se le cedió todo el poder al gobierno, y de allí en adelante ha jugado a conveniencia con la opción electoral.

¿Qué hará el resto de la MUD? ¿Seguirán dándole oxígeno a una figura creada para enfrentar los procesos electorales que cada vez son más escasos por su negativa a participar en ellos? ¿Seguirá imponiéndose en la toma de decisiones la voluntad de los partidos que no pudieron legalizarse por encima de los que sí? ¿Seguirá prevaleciendo el punto de vista de las organizaciones que no tienen estructura electoral pero sí influencia mediática, por encima de las que tienen estructura en todo el país pero sin repercusión en las redes sociales y medios tradicionales? Para este año pudiesen presentarse tres escenarios electorales: el revocatorio a los diputados de la Asamblea Nacional, la aprobación de la nueva constitución y las elecciones de concejales. Saber qué pasará sólo es cuestión de tiempo.

Gladys Socorro
Periodista
Twitter: @gladyssocorro
Blog: gsocorro.wordpress.com