Militarismo golpista contra ladronismo organizado, por José Machillanda

 

 

La violencia contenciosa que hoy sacude el Ambiente Político Real en la sociedad alienada venezolana, muestra la contienda del bestiario militarista chavismo versus post-chavismo después del 20M. Enredadas en tal grado de conflictividad que no han podido construir una respuesta a la resistencia civil, que son la mayoría de los venezolanos. Respuesta responsabilidad de los caporales militares del socialismo revolucionario que genera la profundización de la ingobernabilidad del Estado-nación. La conflictividad entre chavismo y post-chavismo los distancia del realismo político y, en su mezquindad, no atienden al momento político-militar de tensión presente en el sistema.

La conflictividad entre chavismo y post-chavismo está marcada por la lucha abierta entre el PSUV y Somos Venezuela: militarismo-golpista versus ladronismo organizado. Conjuntamente, han apostado a la nación y no satisfechos apuntan, mediante el cambio de las significaciones imaginarias, a implantar la violencia en la sociedad venezolana. La lucha entre estos dos bandos tiene una dimensión político, pero también una político-social y otra utilitaria, propia de los caporales y/o lacayos del socialismo a juro.

La lucha protuberante hoy entre el chavismo y el post-chavismo es cruel, propia del primitivismo de un marxismo trasnochado que tampoco cree en la revolución socialista, pero sí en la delincuencia generalizada. Delincuencia que intenta el control con el mayor grupo de caporales para asaltar el Estado y su riqueza. Son los dos grupos militares cerrados, que desde 2014 encubiertos en la violencia política están haciendo un pulso por el poder, que esta vez lo perfila un posible cambio del Ministro de la Defensa que ocurriría no se sabe sí por presión interna, o por una confrontación inocultable entre las dos mitades del bestiario militarista.

Los dos grupos de caporales ideologizados en su lucha fratricida, no saben cómo direccionarse frente a la miseria exponencial y menos frente a la ya presente calamidad político-social, que se refleja en un crecimiento de la revuelta. Y la revuelta sigue. Mientras tanto, la calamidad político-social poco a poco, pero permanentemente, nos conduce al caos. Caos que paralizará la República. Así los dos grupos se juegan y accionan en sus bandas, para imponer al caporal mayor en el Ministerio de la Defensa, para que el partido político en armas como gobierno pueda seguir controlando los pocos espacios económicos rentables hasta los de la economía paralela.

El conflicto contencioso que hoy observamos se acerca al inicio de un momento político de tensión militar con el 24 de junio y se prolonga hasta el 4 de agosto, reconociendo el 5 de julio hasta el 8 julio y el 24 de julio, cuando conocido el nuevo Alto Mando Militar se dibujará y bocetará la impronta militarista de este momento ciego de violencia e incapacidad política, de caporales hambreados por dólares y distantes del sufrimiento del cuerpo societal. El nuevo Ministro de la Defensa y el nuevo Alto Mando tendrán que energizar al partido político en armas que, en definitiva, será el que gobierne a una sociedad ahuecada que está más cercana al caos con su respectivo momento de tensión político-militar.

Así, el momento político de tensión-militar mostrará las ambiciones primitivas de los dos grupos del militarismo, enfrentados por sus ambiciones y con un mayor conflicto en el cuerpo social, donde el hambre-razón más el caos político de proporciones inimaginables mostrarán a la polemología como la ciencia de la destrucción. El bestiario militarista y el clan de caporales heredarán una sociedad más cerca de la guerra que de la política. La mayoría de los venezolanos estarán en el medio de esa confrontación sufriendo la maldición de una revolución socialista primitiva.

Venezuela nación observa la violencia contenciosa entre chavismo y post-chavismo, entre grupos de caporales, enfrentados en el momento político de tensión-militar, no tienen respuesta a la debacle que se produce en la sociedad ahuecada por la calamidad político-social. El cambio del grupo de militares caporales no resolverá las grandes perversiones del régimen totalitario y primitivo, que ahora frente a la violencia de la calamidad político-social no tiene respuestas para los venezolanos y será, entonces, el hambre-terror la razón que pudiera tener la sociedad democrática para reordenar los desgraciados resultados de un conflicto que, como violencia contenciosa, sacude el Ambiente Político Real de una Venezuela casi en cenizas.

 

Dr. José Machillanda

Director de CEPPRO

@JMachillandaP