José Ignacio Guédez: Autopsia al control de cambios

Maduro anunció el fin del control de cambio, una medida que duró quince años continuos desde que Hugo Chávez creara CADIVI en 2003 y que merece al menos una autopsia. Durante ese tiempo fueron muchos los nombres que se implementaron pero el esquema siempre fue el mismo: repartir arbitrariamente los dólares producidos por el petróleo a cambio de un valor subsidiado. El primer hallazgo de la autopsia revela la destrucción del aparato productivo nacional, debido que se hizo mucho más rentable importar todo tipo de bienes con dólares preferenciales. Un modelo que privilegia la importanción en perjuicio de la clase trabajadora nacional es el primer trauma hallado en este cadaver.

Pero muy pronto la importación se convirtió en un negocio cambiario nada más, porque a medida que se abría la brecha entre el precio del dólar libre y el precio del dólar preferencial, el negocio era la obtención de este para venderlo a precio de mercado con una ganancia súbita inmediata. Empresas de maletín que triangulaban mercancía para dejar los dólares baratos afuera comenzaron a proliferar, con fenómenos pares a todos los niveles como los famosos “raspa cupos” que hacían lo propio con los dólares asignados a los viajeros. Por ese entonces el precio del barril del petróleo estaba en niveles máximos históricos y la borrachera de dólares baratos no nos permitía ver la tumba que se estaba cavando.

 

Otro fenómeno asociado fue la burbuja creada en bienes de lujo como acciones de clubes, vehículos e inmuebles. Venezuela de pronto se convirtió en uno de los paises más caros a pesar que los salarios eran de los menos competitivos. La explicación, es que una élite tenía exceso de dólares que adquirían a una pequeña fracción del valor normal y por tanto ofertaban indiscriminadamente sobre estos bienes. No era que los inmuebles, las acciones de clubes o los vehículos habían subido su valor, sino que el dólar estaba barato en Venezuela y eso hacía que se tranzaran ventas en dólares en precios altísimos, justamente porque el costo de esos dólares era ficticio. Esta burbuja está actualmente en plena explosión.

Pero los precios del petróleo bajaron y comenzaron a restringir la venta de dólares preferenciales. Los cupos de viajeros se redujeron hasta su extinción, mientras que las divisas destinadas a la importación también escaseaban. Se crearon nuevas tasas de cambio para privilegiar productos como alimentos y medicinas sobre los suntuosos. Pero ya el mal estaba hecho, no había producción nacional y éramos adictos a la importación. Ante la escasez de petrodólares el Gobierno protegió a sus mafias que le daban sustento en el poder y acrecentó la discrecionalidad con la que otorgaba divisas. Con un cinismo espectacular anunciaron el fin del rentismo que en la práctica significaba que el Gobierno no iba a repartir con nadie más los dólares. “Usen sus dólares que los dólares de PDVSA son nuestros” parecía la consigna, solo que en la teoría seguía siendo ilegal la compra y venta privada de dólares, quedando el Gobierno como el único proveedor posible. Esa contradicción que le impedía por ejemplo a las trasnacionales reinvertir en Venezuela, solo se explicaba por la necesidad de mantener en alza constante la tasa de cambio libre e ilegal para beneficio de las exclusivas mafias que quedaban adquiriendo los dólares subsidiados. La escasez se convirtió en la regla, haciendo común fenómenos como las colas hasta para comprar pan y la muerte de personas por falta de insumos médicos.  

¿Qué cambió para que el Gobierno se decidiera finalmente a despenalizar la compra venta de divisas, decretando formalmente la muerte del control de cambio? Lamentablemente nada tiene que ver con un cambio de modelo o una rectificación histórica, sino con la necesidad de indexar su ingreso fiscal permitiendo sincerar las contabilidades de las empresas con el dólar libre como referencia, así como la intención de ponerle las manos a las remesas que manda la diáspora a sus familiares para la cual necesita también sincerar la tasa. Es el modelo cubano, con una economía dolarizada que convive con otra economía devaluada que sobrevive del contrabando entre esos dos mundos. Sin control del gasto público y producción nacional, ninguna medida servirá para frenar la inflación, lo cual solo será posible con el cambio de modelo y por ende de sistema político.

El caso es que el control cambiario chavista, nos deja la estela de corrupción más grande de nuestra historia, a niveles de crimen organizado, así como un país dolarizado en el gasto pero no en el ingreso, lo que condena a muerte a la clase trabajadora que cuando vaya a cambiar su quincena en una casa de cambio, obtendrá menos de un dólar. La excusa original fue la fuga de capitales que pretendía evitar Chávez, mientras que el resultado fue totalmente inverso. Maduro admite así que no hubo nunca tal guerra económica, que la tasa de cambio libre tuvo siempre razón y que ellos se beneficiaron con esa distorsión, que el ingreso real de trabajador venezolano no llega a dos dólares mensuales y que duraron quince años regalando los dólares del país de forma discrecional y sin rendirle cuentas a nadie. Quizá el crimen más grande y prolongado de nuestra historia política que merece todo el repudio popular posible y que reivindica la propuesta de Huelga General que sigue agarrando cuerpo en las bases de la sociedad.

 

JOSÉ IGNACIO GUÉDEZ

Secretario General de La Causa R