Picasso, el vaivén de un artista en metamorfosis

Picasso, el vaivén de un artista en metamorfosis

(EFE/Abel Alonso)

 

De “La Flauta de Pan”, que se ciñe a los cánones del realismo, a un atrevido “Arlequín músico”, que descompone la imagen de un músico y su guitarra: pese a ser dos pinturas de estilos opuestos, las dos nacieron del pincel de Pablo Picasso con solo un año de diferencia, 1923 y 1924.

Ya dijo el mismo Picasso (1881-1973) que él era “un artista sin estilo”, ya que este solo servía para “poner barreras al artista, obligándolo a tener un solo punto de vista, las mismas técnicas, la misma fórmula, año tras año durante toda su vida”.





Ateniéndose a este principio, el Museo Fabre de Montpellier ofrece hasta el 23 de septiembre la exposición “Donner à voir” con más de cien obras firmadas por Picasso que, en torno a catorce momentos clave, hacen hincapié en los descubrimientos e innovaciones que aportaron algo nuevo en los 77 años de creación del artista.

Una de las piezas elegidas con este criterio fue la versión H de “Mujeres de Argel según Delacroix”, acabada en 1955, que forma parte de una serie de trabajos basados en la obra del romántico francés y que, por primera, vez citan directa y explícitamente a otro pintor.

“Eso abre un trabajo que hará durante años a partir de obras de otros artistas, como el que hizo con ‘Las Meninas’ de Diego Velázquez o ‘Almuerzo sobre la hierba’ de Édouard Manet”, contó a Efe uno de los comisarios de la exposición Stanislas Colodiet.

La exposición se desarrolla en un espacio abierto de 900 metros cuadrados que juega con ventanas y aperturas en el interior de la sala, sin compartimentos aislados.

Se trata de una escenografía ideada por el colectivo holandés The Cloud que, según Colodiet, permite “abrazar toda la obra en una sola mirada y comunicar los diferentes espacios y períodos, sin limitarlos”.

De esta forma, se elimina toda barrera de espacio, tiempo, técnica o disciplina y se permite relacionar un óleo sobre tela de antes de la Guerra Civil española “Mujer lanzando una piedra” (1931), con las mismas formas curvilíneas de una de sus primeras experimentaciones con cerámica, “Toro de pie” (1947-1948), escultura del período de posguerra.

“Picasso se nutría constantemente de su propio trabajo, de obras que guardaba en su taller y que observaba para trabajar”, dijo a Efe Michel Hilaire, director del Museo Fabre y también comisario de la exposición.

El recorrido circular de la muestra refleja la idea de que no hay una evolución lineal, sino un vaivén de lenguajes y estilos artísticos. De hecho, el artista malagueño negaba la existencia de una evolución o progreso, de la misma forma que negaba cualquier idea de perfección.

“Picasso nunca pasa página de forma definitiva, es capaz de reactivar constantemente descubrimientos que hizo de joven para completarlos años más tarde”, afirmó Colodiet.

Un vaivén que aparece a menudo con escenas cotidianas de la mujer como la acción de peinarse, recurrente en su trayectoria y que la exposición ejemplifica en la pintura en témpera de la “Mujer con peine” (1906) o en esculturas como “Mujer peinándose”, con una versión en arcilla de 1906 y otra en bronce que hizo 62 años más tarde.

Montpellier acoge temporalmente obras de colecciones privadas y museos de todo el mundo, como la National Gallery of Art de Washington, The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, o los museos parisinos d’Orsay, L’Orangerie o Picasso de París.

De este último proviene la obra icónica “Retrato de María Teresa Walter”, del 6 de enero de 1937, un óleo que contrasta con las viñetas críticas “Sueño y mentira de Franco” que grabó sobre dos planchas de cobre tan solo dos días más tarde. EFE

(EFE/Abel Alonso)

 

(EFE/Abel Alonso)

 

(EFE/Abel Alonso)

 

(EFE/Abel Alonso)