Fallas con el gas de bombonas, por Miguel Méndez Rodulfo

Fallas con el gas de bombonas, por Miguel Méndez Rodulfo

 

La primera ciudad de Venezuela que tuvo un sistema de distribución de gas por tuberías subterráneas hasta las viviendas, fue Maracaibo en 1938. La empresa privada Gasplant realizó tal obra de servicio público por encargo de Shell. La siguiente red de gas doméstico que se instaló en el país fue la de Caracas en 1951, ejecutada por la empresa privada Domegas. En 1958, Tigasco, empresa particular, instaló en El Tigre otra red de distribución de gas doméstico, obra que también se ejecutó poco después en Barcelona y que más tarde se extendería a Puerto La Cruz, así como a Lecherías. Hoy en día, además de las ciudades mencionadas, están provistas de estas redes Los Teques, Guarenas, Guatire, Los Valles del Tuy y la Costa oriental del Lago. Cuando otros países de Latinoamérica, cuentan con extensas redes que abastecen de gas doméstico a la mayoría de sus ciudades, en Venezuela nos quedamos muy atrás a pesar de haber sido pioneros y sobre todo considerando nuestra cualidad de país petrolero. No obstante esto, aguas abajo en los últimos 60 años se fue tejiendo una extensa y eficiente red de distribución de gas doméstico por bombonas. De nuevo la empresa privada marcó la pauta y logró que el GLP (gas licuado de petróleo, esencialmente propano y butano) llegara hasta los más apartados rincones del país, tal como lo hicieron Polar y Coca Cola con sus respectivos productos. Así, 85% del gas que consume el país es a través de bombonas; el otro 15% se distribuye vía gas directo por tuberías.





El GLP se produce en las plantas de Fraccionamiento de Jose, Ulé y Bajo Grande; y en las refinerías de Cardón, PLC y El Palito. Desde estas instalaciones de producción el gas licuado se puede entregar, pero también desde las  Plantas de Distribución (que se surten vía cabotaje) ubicadas en Carenero y El Guamache.

El parque industrial de manejo y distribución del gas doméstico estuvo conformado por empresas privadas que poseían más de 80 plantas de llenado con capacidad de almacenamiento y envasado en cilindros para su distribución al consumidor final (Vengas, Tropigas y Digas fueron ejemplos de ello, hasta que fueron nacionalizadas), dotadas de casi 400 grandes camiones cisternas, para buscar el GLP en las plantas de producción y distribución. Además de las plantas de llenado, el sector estaba integrado también por más de 350 distribuidores, empresas medianas y pequeñas que recargaban sus bombonas y las vendían a los consumidores finales mediante una adecuada flota de camiones de reparto. Este sistema que como dijimos se fue conformando en los últimos 60 años y que funcionó efectivamente, fue en buena parte expropiado por el régimen quién a través de Pdvsa Gas Comunal, creada en 2007, asumió el llenado y distribución de las bombonas de Gas.

La pésima gerencia, ausencia de mantenimiento, falta de inversión y sobre todo la corrupción, unida al congelamiento de los precios del GLP, han llevado al desastre actual en que la gente está volviendo a cocinar con leña, ya que tampoco se consigue Kerosén. Es cierto que el GLP vendido a puerta de refinería o de planta de fraccionamiento, tiene un precio irrisorio (el Estado tomó la política de regalarlo), pero la cadena de distribución enfrenta los costos de nómina, repuestos, alza del dólar, y la inflación antes e hiperinflación ahora, de manera que la regulación de precios al consumidor impide un funcionamiento adecuado. Por ejemplo, no se pueden reponer los cilindros dañados, ni se pueden fabricar o comprar nuevos. Así el sector opera con estándares de seguridad bajos, lo cual es un severo riesgo para la población. Por otra parte, hasta un mes puede pasar una familia sin poder comprar una bombona; la escasez ha promovido el mercado negro, por lo que los cilindros en vez de venderse por el precio regulado, cuestan muchísimo más, con el agravante que pagar por transferencia bancaria, eleva este ya alto costo.

La mayoría de las veces el camión llega hasta la entrada de las zonas populares, por lo que los vecinos, sobre todo mujeres, deben caminar hasta medio kilómetro con una bombona a cuestas, sin ninguna garantía que puedan comprar el gas. Lo que está ocurriendo ahora es que las bombonas en los barrios están siendo subastadas, de manera que el que más paga, es el que puede comprar el gas. A todas estas el régimen ha anunciado que la distribución del GLP se efectuará ahora por intermedio de los CLAP. ¡Más de lo mismo!