David Morán Bohórquez: Maracaibo, ciudad arrasada

ZUL08. ZULIA (VENEZUELA). 29/07/2018.- Fotografía fechada el 28 de julio de 2018 que muestra un grupo de vehículos haciendo fila para comprar gasolina, en la ciudad de Maracaibo (Venezuela). Los signos de riqueza que marcaron al estado venezolano de Zulia (oeste, limítrofe con Colombia) a lo largo de sus más de 100 años de explotación petrolera están hoy bajo montones de basura en sus calles y ensombrecidos por los apagones que cada día aquejan a esta región declarada en emergencia. EFE/Humberto Matheus

 

En la madrugada del viernes, un cable que transmite 230.000 voltios causó un incendio debajo del puente de Maracaibo, entre las pilas 21 y 23. El tránsito fue detenido. El jefe de Corpoelec, Motta-Apagón atribuyó el hecho, como siempre, a un “sabotaje”.

El caso es grave, muy grave. Debajo del puente va una bandeja con un cable de unos 10 kms de longitud, que permite a Maracaibo conectarse con el resto del sistema eléctrico nacional. Esos cables van dentro de un tubo (chaqueta) refrigerado por aceite dieléctrico dado el altísimo voltaje que transmiten. El incendio lo causó el intento de reparar ese cable con un tramo de cable viejo, una operación compleja que necesita de verdaderos expertos. Al momento de intentar energizarlo, entró en corto, por falta de refrigeración, e incendió el aceite.

Ese sistema de transmisión de potencia quedó inutilizado y no se sabe ni el tiempo ni los recursos que demandará repararlo. No menos de unos cincuenta millones de dólares.

Por otro lado, trabajadores de Corpoelec denunciaron que la falta de repuestos y mantenimiento es lo que impide que las plantas generadoras puedan funcionar a su mayor capacidad en estos meses en los que se incrementa la demanda en la región. Se suma al caos la paralización de la generación eléctrica en las 5 plantas que funcionan (de un total de 12) en la termoeléctrica Ramón Laguna, lo que ha incrementado los cortes. En condiciones similares, está Termozulia, cuya operatividad no llega ni a la mitad de su capacidad instalada.

Las termoeléctricas de la ciudad estarán largo tiempo en déficit. Los expertos lo saben. Pero suponiendo que los equipos estuvieran en perfecto estado operativo, no hay gas por la caída de la producción petrolera, no hay diésel porque las refinerías locales no lo están produciendo y el gobierno no dispone de flujo de dinero para importarlo. Tampoco hay unidades para transportarlo.

Niños, adultos mayores y enfermos, son los más perjudicados por los apagones que ocurren a cualquier hora del día, la noche y la madrugada, incluso fines de semana. Los comercios ya restringen sus horarios porque las plantas eléctricas no duran tantas horas en funcionamiento. Las fallas eléctricas sucesivas afectan servicios de agua, internet y telefonía móvil, también los despachos de gasolina. En la ciudad se ha dañado la mayor parte del alumbrado público y más de 50 intersecciones con semáforos dejaron de funcionar, lo que causa un caos vehicular. Las interrupciones prolongadas del servicio eléctrico pueden durar de 12 a 15 horas diarias, en medio un calor que alcanza picos de temperatura por encima de los 45 grados.

Tengo la esperanza que ese pueblo, mi ciudad natal, pueda encontrar la forma de organizarse, para lograr la fortaleza, convicción y vehemencia para luchar hasta lograr aportar al cambio del socialismo, que es saqueo salvaje. Una ciudad arrasada cono Maracaibo es un muy doloroso ejemplo. No lo merecemos.


David Morán Bohórquez es ingeniero industrial y articulista @morandavid