Mark Green: Maduro es un hombre que no siente compasión por su gente

Archivo

 

La estremecedora crisis humanitaria causada por el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela fue presenciada de primera mano por Mark Green, director de Usaid (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), en su reciente visita al país. Tras su viaje a Cúcuta, en donde visitó un comedor comunitario, el puente internacional Simón Bolívar y un centro médico de atención a los migrantes, Green habló con EL TIEMPO.

¿Qué fue lo que más le impactó de su visita?

Lo que más me impactó fue el número de héroes que vi. Comenzando por esa pareja de jóvenes venezolanos. Los papás vienen (a Villa del Rosario) durante el día a ser voluntarios, lo que les da un poco de comida. Y al final del trabajo voluntario van a las calles a intentar vender suficiente café para pagar por una habitación.

También me impactaron los funcionarios del Gobierno colombiano que intentaban coordinar todo lo que está sucediendo. Que es mucho. Uno me contó que es un drama diferente cada día.

Me impresionó, cuando caminaba por el puente internacional Simón Bolívar, un letrero que decía ‘Bienvenidos’ en las barandas. Eso muestra compasión.

También me sobrecogió el padre David Cañas, que me dio una vuelta por el comedor (el religioso dirige el comedor comunitario en Villa del Rosario). Él intenta organizar y maximizar la asistencia alimentaria que provee.

¿Qué esperaba ver en la frontera?

Cuando estuve en el puente, esperé ver un río de gente llegando a Colombia. Lo vi. Pero también vi un río de gente devolviéndose a Venezuela. Es un flujo de dos sentidos. Los funcionarios me contaron que casi el 90 por ciento de los venezolanos que llegan a Colombia regresan a su país. Ya sea al final del día o después de unos días.

Eso me dice que en Venezuela los sistemas básicos se han degradado tanto que la única manera como la gente puede conseguir vacunas y medicinas para sus hijos, educación y comida básica, y las mujeres embarazadas el cuidado más simple, es cruzando la frontera. Un gran número de venezolanos comienzan a caminar a las 3 de la mañana, solo para conseguir algo de comer. No había apreciado ese aspecto de la situación.

Nuestra asistencia, que va desde atención de emergencias, comida, medicina, ayudar a los colombianos en lo que están haciendo, también apoya directamente a los venezolanos. Ellos cruzan la frontera para recibir la asistencia, pero luego la mayoría regresa. Nosotros intentamos aliviar el sufrimiento del pueblo venezolano, pero nunca había pensado en cómo nuestra ayuda está llegando directamente a ellos.

En el puente vi a una mujer cruzando la frontera en una camilla. Era muy anciana. Su sistema está tan colapsado que ni siquiera pueden proveer cuidado de emergencia a una pobre mujer. Eso fue impactante.

¿Por qué no se puede proveer ayuda directa a Venezuela?

Claro que siempre queremos encontrar maneras de dar asistencia que ayude a aliviar el sufrimiento. Pero ustedes saben que el presidente Maduro, de manera unilateral, ha dicho que no. Eso es desafortunado y otro aspecto de sus reglas despóticas.

Él es claramente un hombre que no tiene compasión por el sufrimiento de su gente. No solo ha destruido la que fue la economía más rica y estable de la región, sino que también bloquea la ayuda básica para aliviar el sufrimiento de su gente. Son personas que no tienen una agenda política, solo quieren algo de comer.

En la visita conocí a tres mujeres embarazadas. Fueron muy claras en contarme que sus familias en Venezuela no podían brindarles ningún tipo de cuidado. Tienen que estar en Colombia para poder cuidar a sus hijos y recibir cuidados básicos. Eso muestra la profundidad de la perversión que hay en el régimen venezolano.

¿El Gobierno venezolano les impide operar en el terreno?

No se nos ha dado el acceso para proveer ayuda humanitaria. Esta es una catástrofe humanitaria, y esa migración tiene un impacto en toda la región. Cuando estuve en Cuba, líderes de la región me contaron que se empezó a sentir el impacto migratorio en los países del Caribe. Esta es una catástrofe internacional. En este caso, con la ayuda de Colombia, que es un gran amigo, estamos ayudando como podemos. Pero necesitamos que la región presione junta, que presione por la democracia. Porque si vieron lo que yo vi, el flujo va a seguir creciendo y va a impactar más a toda la región.

Usaid también responde a catástrofes naturales, a huracanes, terremotos en todo el mundo. Pero, ahora, gran parte de nuestros recursos están enfocados en las crisis causadas por el hombre, que son completamente evitables. Este sufrimiento causado por líderes se ha sentido en Sudán, Siria, Yemen y, ahora, en Venezuela.

Creo que en Estados Unidos, el americano promedio piensa en el desplazamiento como algo muy lejano. Pero esto está sucediendo en nuestro vecindario. Estos son nuestros vecinos.

He ido a campos de refugiados en Burma, en Bangladés, en Sudán, y esta es la primera vez que veo una crisis que está sucediendo en tiempo real. Normalmente, ya hay campos de refugiados establecidos, pero esta es una catástrofe en tiempo real, en la que las víctimas aumentan cada día.

Del lado positivo, creo que si trabajamos juntos, podremos encontrar alguna solución. Pero cada día que pasa no ayuda.

¿Hay una solución a corto plazo?

Siempre brindamos primero ayuda humanitaria. Ayudamos a alimentar niños y damos ayuda médica. Eso es lo que hacemos primero. Pero mientras hacemos eso, tenemos que pensar en el largo plazo sobre qué podemos hacer para parar la migración.

Una pregunta que me gusta hacer bastante seguido es: ‘¿Quieres volver a casa?’. Pero esta es la primera vez que voy a un lugar de desplazamiento y no la he podido hacer.

Este caso es diferente, porque hay un número gigante de venezolanos que, efectivamente, van a regresar a casa. Ves que vienen porque no pueden tener ningún servicio básico ni comida. Se encuentran venezolanos que vienen por desesperación, pero acá encuentran compasión, alguien que los cuide. Eso fue muy interesante y difícil de procesar.

Estos viajes son tremendamente valiosos. Hablas con una mujer de 7 meses de embarazo y le preguntas: ‘¿Por qué estás acá?’. Y lo único que te responde es que no tiene ningún otro lugar al que acudir para que la ayuden. Su hijo en Venezuela no habría podido sobrevivir, entonces, se viene para acá.

El Gobierno venezolano dice que las sanciones de EE. UU. agravan la crisis, ¿es así?

Si alguien piensa que Nicolás Maduro haría algo diferente a continuar y extender su régimen despótico, está mal. Quitar la presión hacia ese régimen para que cambie su comportamiento, como lo son las sanciones, no ayudaría en nada al venezolano de a pie.

Los venezolanos necesitan un mejor liderazgo que esté centrado en el ciudadano, un mejor sistema político. Un sistema que no brutalice las voces diversas, incluida la oposición. Que no aplique violencia a los medios independientes. Que no reprima a su propia población.

¿Qué papel debe jugar Colombia en esta crisis?

Colombia es un líder importante en el mundo de hoy. La propia historia de Colombia se escribió a partir de retos importantes. Es inspiracional. Lo que se ve ahora es a Colombia dando un paso al frente, jugando un papel de liderazgo en una crisis que no es su culpa, y no solo los afecta a ustedes. Pero es un líder crucial.

Estuve muy conmovido con que los funcionarios del Gobierno tienen compasión en ayudar a venezolanos a minimizar el drama terrible que viven. Hay un salón para que los niños jueguen y sean niños. Otro salón para que las mamás los alimenten. Esos son los signos de compasión que me conmovieron.

Los colombianos no solo están haciendo lo mínimo para ayudar, le están mostrando al mundo su liderazgo.

La ayuda de la Usaid para atender la crisis

La Usaid ha entregado cerca de 56 millones de dólares para ayudar a aliviar la crisis causada por la migración venezolana en el continente. Solo en Colombia se han destinado 32 millones de dólares, los cuales han sido gastados en alimentos, construcción de centros médicos y servicios de logística en la frontera, entre otros frentes.

Parte de este dinero se utilizó para el censo de venezolanos que se ejecutó en marzo, el cual registró a 442.462 migrantes. Su situación, junto con la de otros 180.000 que ya tenían el permiso especial de permanencia (PEP), fue regularizada por el gobierno de Juan Manuel Santos.