Juan Guerrero: Después del diluvio

La gravedad de la situación por la que atraviesa la sociedad venezolana es de tal magnitud, que no es posible en estos momentos cuantificar, ni en términos monetarios ni mucho menos en pérdida de vidas, semejante catástrofe humanitaria.

Porque no estamos frente a un gobierno de Estado. Tampoco frente a una dictadura ni mucho menos, ante un régimen totalitario. Lo que enfrenta la sociedad venezolana en la actualidad, es la presencia de una Organización Criminal que impone órdenes que se cumplen a través de megabandas y éstas operan con bandas sectorizadas.

La estructura de esta compleja red criminal penetró absolutamente todo el sistema institucional del Estado venezolano. Por ello es tan difícil visibilizar e identificar responsables operativos. Solo vemos las caras públicas que lideran este desastre. El cuerpo institucional del Estado se encuentra controlado por representantes de este inmenso poder criminal que corrompió principios y valores que estaban normados por leyes y controles administrativos.

Pareciera que frente a este descomunal despliegue de poderío criminal es imposible luchar, porque domina y contrala fuerzas policiales, militares y de inteligencia y contrainteligencia. Para ello, desde el mismo momento que comenzó a imponerse, 1998, se usó la propaganda oficial como estrategia para perpetuarse en el poder del Estado, con el lema: “Solo nosotros somos garantía de paz y tranquilidad”

Semejante mentira comunicacional fue impuesta a los estratos más bajos de la sociedad. Unas veces como garantía para obtener votos, otras para acceder a trabajos y regalías, y en la actualidad, como amenaza directa al acceso de comida y seguridad personales.

La recuperación de la sociedad y del Estado republicano y democrático es posible alcanzarlo, aún y teniendo en contra este poder criminal que se cree invencible e insustituible. La realidad está indicando que su principal debilidad es su incapacidad para brindar prosperidad y bienestar a toda la sociedad, a través del desarrollo económico-financiero. Otra debilidad es su desconocimiento absoluto de los procesos de alta tecnología en el uso, administración, control y distribución de los bienes del Estado. Además que en ellos no existe la palabra mantenimiento preventivo, correctivo de equipos en las áreas industriales y de servicios.

Pero lo más dramático es la desprofesionalización de las industrias, empresas e instituciones del Estado.

Frente a este descomunal desastre donde el propio Estado venezolano está controlado por una organización criminal, debemos indicar que la respuesta está, fundamentalmente, en la Constitución nacional. Sus artículos 70, 71, 333 y 350 dan el soporte constitucional, legítimo y legal para enfrentar a delincuentes disfrazados de estadistas. Porque frente a actos criminales que han cometido quienes detentan el poder del Estado, la rebelión y todo instrumento de fuerza, pueden y deben utilizarse como legítima defensa.

Debemos enfatizar una vez más, que es falso que desplazando del poder a estos actores de la delincuencia política la nación y sociedad caigan en un caos y guerra fratricida. Por el contrario, desde hace varios años la sociedad venezolana, sus más activos dirigentes sociales, han diseñado, cada quien desde su ámbito de conocimiento, proyectos, planes y propuestas para superar la dramática crisis nacional que tenemos.

Es falso que Venezuela, una vez desplace a la criminalidad roja-rojita, se enfrente en una guerra civil. Eso no ocurrirá. Por el contrario, los grupos de estudio formados, tanto por los partidos políticos como organizaciones civiles, apenas estos delincuentes sean apresados, comenzarán a funcionar conjuntamente con la orientación académica, tanto de universidades y centros de asesorías internacionales que desde hace tiempo han ofrecido ayuda.

Todavía en Venezuela quedamos profesionales, jubilados y activos, dispuestos para contribuir a levantar el país. De ello no queda duda alguna.

La larga noche roja-rojita de la improvisación y permisividad, al dejar en manos de delincuentes y la “masa social” la administración del Estado, terminó. Ahora comienza el esfuerzo conjunto entre profesionales para levantar desde sus cenizas, la nación de todos.

(*) [email protected] TW @camilodeasis IG @camilodeasis1