Instituto Casla: Venezuela protagoniza el mayor éxodo de la historia del Continente

Venezuelan migrants stand in line to register their exit from Colombia before entering Ecuador, at the Rumichaca International Bridge, Colombia August 18, 2018. REUTERS/Luisa Gonzalez

 

A lo largo de la historia, la inmigración masiva de personas que huyen de las guerras o regímenes dictatoriales, ha sido determinante para incidir en los desafíos que, tanto los Organismos Internacionales como los gobiernos influyentes del mundo han debido tomar, no solo para asistir a esas personas, sino también para tomar decisiones en la búsqueda de la solución de fondo del problema que ha causado dicha inmigración.

Nota de prensa

Venezuela protagoniza hoy, el mayor éxodo de la historia del Continente. Miles y miles de personas salen diariamente por sus fronteras, solo con lo que llevan en sus hombros y dejando toda su vida atrás, huyendo de la más cruel de las tiranías de la América moderna, que asesina, persigue, detiene, tortura, y no garantiza ningún derecho social. Miles de venezolanos mueren semanalmente por falta de alimentos y medicinas, el 87% vive en la pobreza, asediados por la inseguridad, no tienen acceso a los servicios básicos como la electricidad, el agua potable, el transporte público o el gas doméstico, carencias generadas por la ineptitud, abandono y colapso gubernamental en todos los sectores.

Actualmente hay más de 300 presos políticos en las cárceles, más de 7 mil personas sometidas a procesos penales abiertos, muchos de ellos oficiales de la Fuerza Armada Nacional, procesados por el miedo que Nicolás Maduro le tiene a los militares primeros en sus promociones, acusados de supuestas conspiraciones. La persecución contra miembros de la sociedad civil, políticos y diputados, a raíz del ultimo incidente, el supuesto “atentado con Drones”, ha dado pie a allanamientos y detenciones arbitrarias de todo tipo, que incluyen incluso a familiares o amigos de las personas buscadas, sin distinción de edad o sexo. Los terribles relatos sobre las torturas ejecutadas contra disidentes, abultan los expedientes de la Corte Penal Internacional.

Nicaragua, atraviesa por una crisis de violencia, persecución y muerte que suman según cifras de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (Anpdh), 447 personas fallecidas, dos mil heridos y decenas de personas encarceladas y procesadas desde el pasado mes de Abril. Poblaciones enteras han sido victimas de la represión e intimidación, las desapariciones forzadas o “secuestros” por parte de la fuerza pública y los grupos paramilitares afectos al régimen causan terror y zozobra en la población. Grupos sociales, asociaciones juveniles y estudiantiles, defensores de DDHH, miembros de la Iglesia Católica, lideres políticos, entre otros, están siendo amenazados, perseguidos o encarcelados.

Recientemente el gobierno de Ortega ha cerrado la posibilidad de mediación de un grupo de países que se conformó en la OEA para buscar soluciones y facilitar salidas a la crisis que se vive en ese país. También, ha rechazado el trabajo que la CIDH realiza “in situ” y ha tildado a dicho organismo de actuar de forma parcializada y politizada que supuestamente “provocan maniobras políticas de injerencia e intento de desestabilización”. Todo esto ha causado que los nicaragüenses estén huyendo en masas desesperados, en búsqueda de un país que le ofrezca seguridad y protección, siendo los países de América Central, en especial Costa Rica, el más afectado.

La inmigración masiva es un grave problema económico, social y cultural para cualquier país receptor y para la estabilidad de la región. El esfuerzo que países como Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos y otros, están haciendo para recibir de la mejor forma posible y ser solidarios, tanto con los venezolanos como con los nicaragüenses, es muy importante, así como el apoyo de otros gobiernos y organizaciones que están directamente involucrados en ayudar a los países receptores.

Preocupa el rechazo social que esta inmigración masiva ha empezado a generar. Actos de violencia como lo sucedido en la población de Paracaima en Brasil, donde más de mil refugiados venezolanos fueron expulsados de un campamento como consecuencia de la presunta comisión de un delito, por parte de unos venezolanos contra un residente, son problemas que trae lamentablemente la inmigración masiva de personas cuyas identidades y conductas son imposibles de controlar por la masividad, pero que no son lo común, sino problemas aislados.

Hacemos un llamado a la Comunidad Internacional, a las Organizaciones Regionales e Internacionales, a los gobiernos democráticos de América, para que generen las acciones extraordinarias que sean necesarias en la búsqueda urgente de soluciones de gobernabilidad y restauración de la Democracia en ambos países. La Carta Democrática Interamericana, así como mecanismos que promueven las Naciones Unidas, pueden ayudar, si se entiende, que los derechos y la protección de los pueblos, están por encima de la “protección de sus gobernantes”. Los tiranos y dictadores que cometen Crímenes de Lesa Humanidad, que persiguen y asesinan a sus conciudadanos, no pueden seguir argumentando el principio de la “no intervención” o “no injerencia” para lograr la inacción e inasistencia humanitaria de la región, en sus países. Doctrinas como la “responsabilidad de proteger” y la facilitación de su aplicación, se hace cada dia más necesaria, si se quiere dar sentido a los Convenios y Tratados Internacionales que promueven los DDHH.

La solución, no puede ser organizarse para recibir al inmigrante. Los venezolanos y los nicaragüenses quieren vivir y prosperar en su país de origen. Ayudarlos a regresar lo antes posible, bajo el amparo del Estado de Derecho y la Democracia, debe ser el fin de todo esfuerzo urgente en la región.